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sábado, agosto 16, 2008

Octagésimo octavo - Y que fuera jalando

¿Alguna vez, querido y teórico lector, has sentido miedo?
Dudo que en este planeta haya alguien que no haya experimentado esa sensación. Imagino que cuando eras niño le tenías miedo a la oscuridad, a los monstruos bajo la cama o a que tus padres desaparecieran dejándote sólo. Tal vez tenías miedo a reprobar una materia y a la reprimenda que recibirías. O es posible que le tuvieras miedo a las cucarachas, arañas, lagartijas, tiburones con rayos láser en la cabeza o similares.
Si eres padre, querido y teórico lector, imagino que has de tener el miedo constante de que algún desafortunado incidente caiga sobre tus hijos o nietos.

Como vez, querido y teórico lector, todos le tenemos o le tuvimos miedo a algo. No obstante, lo que más miedo nos da invariablemente es lo que desconocemos. El enfrentarte a algo que no conoces genera un miedo inmensurable, una agonía incesante. Y a eso me acabo de enfrentar. Por razones que no mencionaré aquí, debo confesar que por primera vez en la vida me sentí ignorante; y fue horrible.
Por supuesto hay muchas cosas que no sé. De hecho, cambiaría todo lo que sé por la cuarta parte de lo que no sé. En la escuela hubo muchas cosas que no sabía; pero tenía la certeza de que con el paso del tiempo adquiriría ese conocimiento. Hubo exámenes que expusieron mis bajos conocimientos o que por su dificultad sobresalían. Pero nunca, en toda mi vida, me sentí ignorante como ahora...

Y es horrible. Es una desolación abrumadora. No sé a qué me enfrento. El terror de fallar me oprime incansablemente. El miedo a lo desconocido ataca ferozmente a mi megalómana personalidad. El saberme ignorante es algo que nunca pensé que sucedería. Estoy preocupado todo el día y toda la noche. Ni siquiera mi hobby mediático pajero puede apartar de mi mente el sentimiento de inutilidad y desconfianza.

¿Cómo enfrentas el ser ignorante?
La preparación es un punto que te da ventaja y te suma confianza. Pero no hay tiempo para eso. Ya estoy bien atorado. Soy ignorante y me siento triste como nunca. Mi orgulloso yo interno está aterrado e inconsolable. Simplemente no estaba preparado para esto. No se como enfrentarme a una sensación que nunca había experimentado. ¿Con valor? ¿Con ganas? ¿Con esfuerzo? La incertidumbre me come por dentro.
Es por mucho, la sensación más fuerte y horrible a lo que me haya enfrentado.

En efecto, puedo declinar enfrentarme a la situación que ocasionó todo esto. ¿Pero qué sucederá después? Si no enfrento mi miedo puede ser que nunca lo haga y termine colgándome de un árbol con un cinturón.
¿Pero y si fallo? La ignorancia me atraerá al lado oscuro como Lord Sidious a Anakin Skywalker. Me deprimiría casi tanto como hace algunos meses y ahora no tendría la posibilidad de venganza, cuya idea y preparación es mi razón para levantarme todos los días. Todo esto es increiblemente extraño para mí. Tal vez tú nunca hayas sentido esto, tal vez sí, pero no le has dado tanta importancia como yo. Igual y yo soy el exagerado. Me he dicho más de un millón de veces que no debo exagerar tanto.

Milan Kundera nos dice en el libro cuyo título inspiró el de este blog:
"Cualquier colegial puede hacer experimentos durante la clase de física y comprobar si determinada hipótesis científica es cierta. Pero el hombre, dado que sólo vive una vida, nunca tiene la posibilidad de comprobar una hipotesis mediante un experimento, y por eso, nunca llega a averiguar si debía haber prestado oído a sus sentimiento o no".

Pero bueno, la vida sigue. Las rosas son rojas, las violetas índigo.
Así que mejor pasemos al verdadero tema de este post.


Y que fuera jalando…
Todo, todo, Dexter todo.

Después de algún tiempo de holgazanear monumentalmente ya conseguí un empleo. Y lo odié. Y hablo en pasado porque después de poco tiempo renuncié a tal empleo. No te molestaré con los detalles del porque renuncié; pero ya que no tengo tema para postear, voy a hablar de mi ex empleo.

Era horrible. A diferencia de mi empleo anterior, mi jefe era un cabrón hijo de la séptima chingada. El jefe de mi jefe era un idiota. No tenía todas las herramientas que me hubiera gustado y mis compañeros de trabajo carecían de inteligencia y sentido común. Era casi como regresar a la escuela.
Tenía que ir los sábados, hasta un lugar que no está precisamente en el fin del mundo, pero me cae que desde ahí se ve. La paga era como siempre, menor a la que merezco y mucho menor a lo que me hubiera gustado. Pero ahí estuve.

El trabajo era en efecto interesante y tuve que chingarle algunas horas extras para investigar algunos temas que me eran completamente desconocidos. Tuve que realizar tareas tan simples como medir continuidades y soldar cables hasta diseñar sistemas de control de velocidad de motores… y todo funcionó… PSA’huevo.
Mi trabajo consistía básicamente en lo siguiente:

Tenía que convertir esto:



Y esto:




En algo completamente funcional como esto:


Tuve que batallar horrores con unos putos switches que controlan la velocidad de uno de esos elevadores como los que muestro a continuación:



Máquinas oxidadas, circuitos incompletos y una docena de pendejadas más:


Además de arriesgarme sin seguro social a recibir una descarga de 36 Volts de corriente directa, pero más importante aún, con una corriente de no’más ¡72 amperes!
Querido y teórico lector que de electricidad sabe tanto como de astrofísica cuántica diferencial, para causar la fibrilación del corazón es únicamente necesario ¡0.5 Amperes!

Pero lo que más me castraba la madre, lo que hacía que me cagara en la leche, lo que más me pateaba las bolas era, sin lugar a dudas, mi jefe. Si no vuelvo a ver nunca al nieto de puta será demasiado pronto.

El cabrón llegaba completamente con las bragas encendidas y me preguntaba porqué no funcionaba el elevador con el problema siguiente:


¿No será porque le falta todo el puto circuito que está bajo esos switches? Ahí, junto a la palanca.

Afortunadamente, las cosas se fueron dando, y puenteando por aquí, diseñando un circuito por allá, apretando unas tuercas en aquel lado y desarmando la bomba del aceite y volviendo a armarla, la chingadera jaló.
Y tengo que admitir que se siente chido ver como el elevador se eleva a la altura que quieres; como se alarga su metálico y sucio brazo hasta la longitud máxima, pero sobre todo, ver como se mueve a la velocidad que le dices que lo haga.
En este empleo se redimensiona por completo la frase:

Y que fuera jalando.


Nos vemos.
P.S. Me cae que extrañé un buen cuando laboraba en R. Bosch… no, es muy obvio… en Robert B. Saludos a todos los que laboraban en Ing. Del Producto y cambios.

sábado, septiembre 15, 2007

Quicuagésimo noveno - Vida Laboral -

‘s up? Querido y teórico lector que desesperadamente ansiabas una actualización del blog. Te saludo desde mi casa, escribiendo estas líneas en el primer momento que tengo de descanso desde hace algunas semanas.
Te preguntarás ávidamente (y si no, deberías) el por qué menciono que no tengo descanso si solo llevo una materia… fácil, ya conseguí residencia.
En efecto querido y teórico lector incrédulo, ya formo parte de la sociedad no solo como un ser, sino como un ser productivo y funcional.
La empresa que tiene la suerte de ser la que me paga, afirma ser la primera en su ramo y, ciertamente, no tengo razones para no creerle.

Pero dejemos los regodeos para otra ocasión. La empresa no me paga para que me ufane.

Por tal motivo, te presento, sin más ni más:


Residencia Profesional
Residente, quiero que el baño quede tan limpio que pueda comer en el, porque voy a hacerlo.


En efecto, después de varias semanas de infructuosa búsqueda he alcanzado satisfactoriamente adecuarme a las necesidades de una empresa.
En esta, estaré asistiendo de lunes a viernes 8 horas diarias. Y eso rulea.

No obstante que solo hace tres días formo parte del mundo laboral, ya hasta me siento con experiencia para relatar los eventos en como se desenvuelven las actividades en la empresa. ¡A huevo!
Primero que nada, quiero decir que tuve mucha suerte de quedar en esa empresa. Pagan razonablemente bien, me dan de comer gratis y claro, como no, es de las más cercanas a mi casa.

El trabajar en una empresa multinacional que factura 8 mil millones de dólares al año te hace ver las cosas de una manera un poco diferente. Va más o menos así:

En la escuela, eras alguien. Podrías ser el listo, el ebrio, el mamón, el que sabía manejar la Voyage, la sexy, el chico especial, el gay, el Arqui, el que sabía simular, etc. Pero en la empresa, no eres nadie… Absolutamente nadie. Eres un grano en el trasero de la amiba más diminuta en el estómago del más patético gusano. Todas las habilidades que según tú te hacían especial, son brutalmente superadas por cientos de personas con las que trabajas. ¿Te sentías especial por que hablabas inglés de una manera aceptable y sabes un poco de francés? Ja. Ahora conoces a personas que hablan español mejor que tú, inglés tan perfecto que los gringos no distinguirían que es mexicano y tiene un nivel de francés tan aceptable como el que puede dar una maestría en Francia. Además, el goey habla alemán al 70% y conoce unos míseros 2000 símbolos chinos. Y, cómo olvidar que todas las demás personas de la oficina, tienen un exorbitante nivel de inglés. Y algunos rebeldes, también hablan alemán.

Te sentías orgulloso de tus reconocimientos en ciencias básicas… LOL!!! En la empresa hay un ingeniero que realizó su doctorado en ingeniería mecánica en el MIT.
Pensabas que tus habilidades de AutoCAD o Solid Works eran buenas… Pues no son nada comparadas con los diseñadores de la planta. Constantemente te dan muestras virtuales de la majestuosidad de una pieza en Solid Works, o de un layout de una línea de producción completa en AutoCAD. Para molestarte más, esporádicamente utilizan el CATIA, solo para calcular momentos de inercia y centros de masa de piezas vomitivamente complejas.
Y aún hasta en el Office te dan tus pataditas. Realizando complejas maniobras en Excel, te permiten manipular eficientes hojas de cálculo. Digo, nunca fui muy bueno en Excel. Sabía ser algunas cosas… lo de siempre, sumas, matrices, aplicar fórmulas entre libros, exportar e importar de bases de datos, crear algunas macros, dar formato a las celdas, obtener algunos conceptos estadísticos y financieros, etc. Pero estos goeyes hacen del Excel un arte. No mamar, en serio. Hacen cada mamada en Excel… me cae que no mamen. Es como si tuvieran Word, Power Point, Publisher, Project, Access, Front Page y una hoja de cálculo en un solo libro de Excel.

Dejando a un lado las actividades en las que no eres nadie, lentamente vas aprendiendo cosas. Pueden servirte algún día, tal vez no. Pero las vas aprendiendo. Cierto día, escuchas una conversación de tu jefe.

Jefe de Teh Dib - No goey, no puedo. Tengo mucho trabajo.
…
…
Jefe de The Dib - No, en serio, no puedo. De por sí ahorita no me la acabo con el trabajo. Si no tuviera a Teh Dib no se que haría.

En ese momento, te sientes bien cabrón. Eres alguien importante para tu jefe. El confía en ti y no puede realizar su trabajo sin tu ayuda. Pero la conversación sigue.

Jefe de Teh Dib - Si, si no tuviera a Teh Dib o a alguien que me ayudara.

¡¡¡No mamar!!! O sea que no eres tan cabrón. Te llega de pronto: eres completamente prescindible. Vales tan poco en la cadena alimenticia implícita en el organigrama que ni siquiera apareces. Si te vas, o haces algo mal, siempre habrá otra persona que te remplazará. Y a nadie le va a importar. Absolutamente nadie te va a extrañar. Inclusive en tu dirección de correo electrónico te recuerdan lo limitado que estás, al poner como prefijos palabras como: Limited, Practicante, Provisional, etc.

Varios días después, ya te llevas bien con las personas más cercanas a tu cubículo. Tu jefe, los compañeros de tu jefe, que aunque están a su nivel, no son tus jefes, el ingeniero que tiene 20 años trabajando en la empresa, etc. A todos pareces agradarle… excepto al jefe de tu jefe. No me jodas… nunca le he hecho nada y el goey cada vez que me ve pareciera que le pateé las bolas con mis zapatos con casquillo. Ni pedo, nunca es bueno caerle mal al jefe de tu jefe, pero que se le va a hacer.

Como ya podrás imaginarte, al ser el residente, no solo eres el que no tiene experiencia, también eres el que debe ser sometido a toda clase de pruebas para demostrar que sabes lo que haces. Te ponen a “capturar” algunos archivos, a revisar algunos cronogramas, a conocer el sistema de calidad y claro, tratan constantemente de alejarte de los lugares en los que se puede requerir de cierto nivel de habilidad ingenieril.
Toda esa clase de humillantes elementos se conjuntan para mantenerte aburrido la mayor parte del tiempo. Pero, el que te traten como la basura que eres solo forma parte de tu experiencia. Además, sabes que cuando seas gerente y sea tu turno de solicitar un residente, harás exactamente lo mismo, cerrando así el ciclo de la vida.
Pero, para acabarla de molestar, no solo soy el “residente” también soy (y al parecer por algún tiempo), el “residente nuevo”.
Eso significa, no solo que soy un practicante más, también soy “el nuevo”. El que no sabe donde están los baños, donde los almacenes y demás. Pero lo más molesto es cuando te presentan a toda clase de personas. Digo, el almacén siempre estará en el mismo lugar. Pero si te ordenan buscar a John Doe, entre 500 empleados y 100 de ellos se llaman John, pues está medio cabrón.

Pero vayamos por partes. Comencemos mi día desde el principio.
Son las 05:50… la marcha imperial de Star Wars comienza a sonar en mi celular. Con poca pero parsimoniosa celeridad lo apago y me levanto. Veo con gusto que mi ropa ya ha sido planchada la noche anterior por mi afable personita.
Me meto a bañar, siempre repitiendo la misma rutina… en cuanto entro al baño y mi cuerpo toca el agua, se escucha un “Asopootamadre” por toda la casa. Termino de bañarme y cambiarme y preparo una deliciosa tasa de café soluble. Una pieza de pan será la única compañía de mi bolsa estomacal hasta las 13:15.
A las 07:00 salgo de mi casa y abordo un camión urbano que me llevará hasta avenida industrias. Ahí, desciendo y espero cerca de 15 minutos hasta que aparece a lo lejos un ruta 24.
Esos 15 minutos están llenos de angustia. Volteo para todas partes buscando posibles sospechosos de tratar (Puts!) de atracarme…
Al abordar el camión, impacta de inmediato la cantidad de personas que pueden abordar un camión. Pero, no solo la cantidad de personas es increíble. También la cantidad de maletas y bolsas que pueden cargar cada uno.

Entre empujones y mentadas de madre mutuas, llego al final del camión. Para este punto ya estoy cerca de donde desciendo. Espero 2 minutos más y toco el timbre. Apresuradamente bajo del camión y tomo mi primera bocanada de aire fresco desde que abordé el camión. Son las 07:40 y debo caminar una cierta distancia. No es mucha, pero debe ser caminada.
A las 07:47 llego a la empresa. Saludo a los guardias (que curiosamente son amables con todos los ingenieros, pero con los practicantes son como nefastos monstruos), firmo de entrada y a las 07:50 llego a mi cubículo y enciendo mi computadora. Bueno, ahora un amable compañero me da un aventón y llego mucho más fácil y rápido.
Curiosamente, el que es mi jefe, llega como hasta las 08:30. Pero que se le va a hacer… es el jefe.

Mientras voy caminando, saludo a todas las personas que veo, mientras trato de recordar el nombre de cada una y el puesto que tienen. Lo mejor del día es cuando encuentro a la Lic. Encargada de compras. Es un bizcochito en forma de licenciada. A ella le compro (o le vendo) lo que quiera.

Cuando llega mi jefe, lo saludo, me pregunta como me fue y eso es todo. Después comienza a darme las indicaciones del día: las cosas que desea que haga, que aprenda, etc. No es tan malo después de todo. Siempre había creído que el que sabía, sabía y el que no… era el jefe. Increíblemente para mi, los jefes parecen saber, y bastante.
Sea como sea, algunos minutos más tarde, mi computadora y mi escritorio están llenos de documentos en inglés.

Hablando del inglés, en la empresa es algo tan común como el español. El 95% de los documentos que leo están en inglés. Las acotaciones y notas al pie de los dibujos que me ponen a corregir están en inglés. Incluso algunas de las llamadas que me ponen a hacer tienen que ser en inglés.
No tengo nada contra leer en inglés. De hecho, me gusta. Pero hablar en inglés es algo que nunca me ha agradado. Tal vez sea porque en lugar de tener ese acento británico taaaan cool que tienen algunas personas europeas (no solo inglesas geniecillo), tengo este patético y soso acento predominantemente norestense.
No obstante, tengo que hacerlo.

Algo mucho mas entretenido, es cuando tengo que estar en la línea de producción. Ver todos esos operarios trabajando al unísono dejando las piezas que terminan en una banda transportadora que las llevará a una inspección robótica con visión artificial y luego las manden al almacén es emocionante.
Los brazos robóticos y los sistemas neumáticos complejos me llaman poderosamente. Las prensas de 10 metros de alto con capacidad de hasta 1000 toneladas y las calderas de altura inmensurable por medios convencionales están tentándome a mandar al diablo todo y quedarme ahí. Pero tengo que hacer papeleo…

Ya hasta tengo a mis operarios favoritos. Un amable señor más o menos de la edad de mi padre que trabaja por las mañanas. Desde el principio amablemente me estuvo enseñando algunas cosas del proceso. Cada que tengo alguna duda (que es seguido), el la resuelve al instante. Hasta le tiramos carrilla al supervisor mientras se aleja parsimoniosamente. Y el otro es un señor como de 60 años también muy amable, que servicialmente me mostró un proceso. Aunque debo decir que no aprendí mucho de él… el proceso consistía en poner un dispositivo en una máquina y apretar dos botones al mismo tiempo… LOL! La empresa está tan automatizada que es difícil ver funcionar las máquinas. Simplemente ves como los relevadores encienden y apagan sus foquitos cada que están funcionando. O como se presionan dos botones para bajar una prensa de 12 metros de alto.
En el otro extremo, también tengo a mi operario más odiado. Un apestoso chaparro de porquería que lo único que sabe hacer es castrar y seguir las órdenes de un ingeniero que curiosamente, también solo sabe castrar. Aunque debo admitir que el control que tiene sobre los montacargas es casi sublime. Schumaher vomitaría de envidia al ver que alguien puede conducir así un transporte con dos toneladas de peso, a velocidades tan riesgosas que no dejan de ser divertidas.

La hora de la comida es atractiva. Llegas, tomas una charola, unos cubiertos y un vaso y te formas para recibir tu dotación de frijoles, arroz, ensalada y un delicioso platillo, acompañado de un postre. En caso de que no te guste el platillo simplemente puedes pedir tortas, pollo a la plancha, sandwiches o hamburguesas. Agua saborizada hasta que te hartes. Si lo prefieres puedes obtener un refresco de lata. O si no puedes vivir sin la comida de tu madre, puedes llevarla y calentarla en el horno de microondas, que está junto a la máquina de café capuchino.
El primer día, frickeado por estar rodeado de ingenieros, traté de no hablar mucho a la hora de la comida. Decidí escuchar la conversación que tenían, imaginando que estaría llena de cosas como: El PPAP debemos hacerlo antes y después del PTR, porque el QS9000 ordena que tengamos el ATA corregido por el CFT. Curiosamente, los ingenieros se pusieron a platicar de las películas que habían visto en el cine el fin de semana pasado, que se perdieron el último capítulo de Malcolm, que héroes no les gusta por que es una copia barata del cómic de X-Men. Y que solían jugar noches enteras retas de Starcraft.
OMFG!!! Eso si no lo esperaba.

Y ahí es cuando me di cuenta. La mayor parte de la gente con la que trabajo, son personas jóvenes. Digo, no son Duggie Houser, pero son jóvenes. Algunos tienen hijos y esposas, pero no son viejos. Eso, al menos, lo hace más llevadero. El tipo que tiene su doctorado del MIT tiene 39 años…

Termina la hora de la comida y es momento de regresar a los documentos. Bases de datos que tienen que ser llenadas. Correos que recibir. Por cierto, NUNCA le había sacado tanto provecho al Outlook como ahora. Enviar y recibir correos por Outlook nunca había sido útil para mí, hasta ahora. Lo malo, es que no puedo entrar a mis otras cuentas de correo (gmail, yahoo, Hotmail, amen-amen, etc.) la política de seguridad de la Intranet de la empresa no lo permite. Antes, me sentía incómodo por recibir 10 correos electrónicos en una semana… sentía que eran demasiados. Ahora, llego a tener hasta 25 correos diariamente. Ya me acostumbré. No obstante, es obscena la cantidad de correos que algunos ingenieros reciben. Tuve la fortuna de ver la bandeja de entrada del ingeniero que se encarga de algunos aspectos del producto. 900 (sí, novecientos) correos electrónicos nuevos. Y en su bandeja de enviados, tenía 1600 (si, mil seiscientos) correos electrónicos. Ese ingeniero es un cabrón. Un cabrón y no mamadas.
Desafortunadamente, no tengo acceso a Internet, por lo que la navegación de los foros de Atomix.vg y mecatronicaitq.com es imposible. Ni que decir que ni siquiera por un segundo he intentado entrar a los foros de Lucy Pinder. Podrían despedirme y mi padre me caparía en ese momento.

Termina mi turno y salgo de la empresa.

Para terminar llego a mi casa, veo la TV y cuando comienza a darme sueño, plancho la ropa que me llevaré al día siguiente.

Ese es mi día ahora que soy productivo. Espero con ansias mi primer pago.

Por cierto, para no aburrirme en el trabajo sin leer nada nuevo, voy a permitir los comentarios de nuevo. Siéntanse libres de dejarme un comentario. Bueno, malo, no importa, solo hagan buen uso de los comentarios, no me obliguen a poner un sistema de seguridad como AdSense, HaloScan o sacar una cuenta en WordPress. Nadie quiere eso.

Bytes!




Como me tardé mucho tiempo en actualizar el blog, esta vez voy a compensarte escribiendo otro post en la misma entrada. Además, tiene un poco que ver con el post anterior por lo que ya que estamos “en calor” sería conveniente ponerlo.
No voy a nombrarlo, ya que es una de esas entradas que solía poner en la que solo algunas cosas que se me ocurrían, y que no merecían ser consideradas un post.

Pero como sea, comencemos:


¡En la madre!
Es lo que pensé hace algunos días al darme cuenta de que ya trabajaba.
Me refiero a que después de algunos días de trabajo, “me cayó el veinte”, como se dice coloquialmente. Ya estoy trabajando. Estoy en el trabajo 9 horas diarias, más 1 hora de camino de ida y otra de vuelta, ya hacen 11 horas al día. Voy a la escuela dos horas diarias y ya son 13. Duermo 7 horas ya son veinte. Una hora más para prepararme para ir al trabajo y ya son veintiuna horas diarias desperdiciadas. Solo tengo tres horas para mí.
En el caso de una persona como yo, eso es una mentada. Estaba acostumbrado a estar en la escuela 6 o 7 horas al día, dormir 7 y perder el tiempo el resto. Pero ya no es posible. Las felices horas que gastaba jugando PS2 o Arcades se han reducido a un par cada sábado. Las horas que pasaba burlándome de mis compañeros de clase por que decían o hacían algo cada vez más estúpido han sido cambiadas por momentos en los que trato de poner atención a todo lo que dicen los ingenieros de mantenimiento, calidad, producción y demás. El tiempo que dedicaba a leer lo utilizo para ir a la escuela, planchar, lavar y demás actividades caseras que deben hacerse ahora que no está mi madre en casa.

Todas estas cosas se han juntado para patearme las bolas con una idea, cada vez más castrosa, cada vez más aguda… “ya no soy un adolescente”. Me refiero a que, aunque se considere que desde los 18 años eres adulto (o legal), sigues estando en una etapa de énfasis desenfrenados. Sigues en la escuela, sigues tirando barra, sigues embriagándote cada que puedes, sigues viendo con alegría lo fácil que consigues lo necesario para la vida, etc.
Pero acabo de entrar en una etapa similar a la “crisis de la mediana edad”. Ya me di cuenta de que no soy un chavo; ya se lo que se siente trabajar ocho horas diarias (sea pesado o no, estás trabajando ocho horas diarias), se lo que se siente ganar dinero (sea mucho o no). Pero gracias a eso, también se como se siente dejar de tirar barra. Dejar de ver mi amada televisión por horas y solo verla una o tal vez, con suerte dos horas diarias. Siento el dolor intrínseco de no poder desvelarme para ver los más ridículos programas de televisión.
Siempre pensé que cuando trabajara, llegaría a mi casa a ver en mi televisor de colosales dimensiones, con sonido DTS, agradables y nocturnos programas de televisión de paga. O a jugar con la consola de moda en ese tiempo. Ahora, llego cansado, hastiado, sabiendo que no podré ver la TV tanto como me gustaría porque debo levantarme temprano. Los programas de entretenimiento que tanto disfrutaba van siendo poco a poco reemplazados por noticieros y programas de debates, ya que debo aprovechar sabiamente las pocas horas que tengo de relajación frente a la TV. Y alguien como yo debe estar enterado de las cosas… Constantemente he sido una persona que sabía los sucesos del mundo, que le gustaba discutirlos. Incluso, me sabía muchas efemérides y cuando veía la bandera en el asta, sin saber el por qué, me molestaba… Ahora, ni siquiera me enteré de la muerte de Pavaroti.
Ya no compartes el día con personas de tu edad, personas que en un día caluroso pueden elegir ir a la presa aunque pierdan clases. Personas con las que vas a ver una película a solo horas de un examen. Ahora estás con personas que pueden o no, ser activas. Personas que pueden o no, ser buenas en lo que hacen. Pero estas personas van a hacer un trabajo y no pueden - al igual que tú- simplemente elegir no asistir o no hacer su trabajo. Ya no está en juego una calificación. Está en juego un trabajo, una reputación, y algunas veces, hasta el destino de sus familias. Las conversaciones con los amigos dejan de ser de su vida y se convierten en conversaciones de su día laboral. Ya no se habla de que alguien fue a nadar o que alguien ha sido atropellado. Se habla de cuantas máquinas se pararon, cuantos obreros no asistieron por un brote de gripa, cuantos sensores produce una operaria en una hora, de si alguien va o no a programar un robot, etc.

Yo sabía que mi vida cambiaría, pero esto, esto fue brutal.

Tal vez pienses, querido y teórico lector que todo esto es obvio. Tal vez digas: “Pues claro que dejas de ser un adolescente, creciste”. “Obvio, ya trabajando no es lo mismo”. “Pinche Teh Dib, ¿a poco creíste que así sería toda tu vida?”

Tú piensas que cuando trabajes las cosas serán diferentes. Tú lo sabes. Pero cuando te cae el veinte, cuando realmente entiendes que ya se acabó esa parte de tu vida, cuando finalmente alcanzas a vislumbrar que todo lo que creíste acerca de tu futuro no es sino una mísera parte del gran y desconocido universo al que te enfrentas, ahí es cuando dices… ¡En la madre!

Y esto no es un post con moraleja de ¡Vive la vida plenamente! Simplemente es un pensamiento, es lo que siento y es lo que quise escribir. Yo disfruté mucho mi vida de niño y adolescente y en efecto, llegado a esta etapa de la vida, es cuando comienzan las preguntas y las reflexiones… “hubiera hecho esto”, “hubiera hecho aquello”. Yo solo me arrepiento de una cosa… no haber entendido esto antes.


Hasta hace poco, veía a mi padre llegar de su jornada de trabajo ridículamente larga y asumía que todo estaba bien. Había llegado, yo recibiría dinero y podría tirar barra mientras tanto. Actualmente, siento un respeto hacia él que nunca había sentido hacia ninguna persona. Trabajando jornadas de 14 horas diarias, con un día de descanso que ni siquiera cumple las 24 horas y durmiendo 7 o menos horas al día, le queda solo una hora o tal vez menos para disfrutar de su hogar. Y así ha sido desde que tengo memoria… mi padre ha tenido muchos empleos… no puedo recordar uno en el que trabajara menos de 12 horas diarias.
Tal vez mi padre nunca lea esto, pero aun así, me gustaría por este medio enviar un reconocimiento a mi padre; la persona más trabajadora que jamás haya conocido.

Nos vemos el próximo post.

P.S. El post de potabilidad se pospondrá hasta nuevo aviso… a menos que envíen sus fotos.

P.S.2. Si no lloraron con el último párrafo del post es porque no conocen a mi padre.

P.S.3. Si quieren ser como yo, doy clases los sábados.

miércoles, julio 18, 2007

Quicuagésimo sexto - Información -

¡Hola querido y teórico lector! Exclamo con la benévola cortesía que distingue mis saludos de los vulgares cumplidos de la sociedad. Externo mis ceremonias por tu aparición en este ámbito en el que con parsimoniosa celeridad vienes a buscar conocimiento que como diría beto, puede contener trazas de soya.

Hoy Teh Dib escribe otro de esos post llenos de la sabiduría que da la experiencia. Otro de esos post que llenos del conocimiento personal son elevados a nivel de clásicos.

Comencemos pues con el tema que sirve de pilar para este thread.

Ayer, mientras holgazaneaba viendo el maratón de Dr. House en el canal 5, inconvenientemente me “cayó el veinte” de que ya es hora de buscar mi residencia (para los queridos y teóricos lectores que no son del tres veces H, ITSLP, la residencia es el equivalente de las prácticas profesionales); con todo lo que esto trae consigo: entrevistas; búsqueda de un agradable lugar en donde puedas aprender, trabajar poco y claro ganar más que el promedio de tus compañeros de generación; y claro como no, preparar el currículum…

El diccionario de la Real Academia de la Lengua, define el currículum vitae como: “La Relación de estudios y trabajos de un individuo”.
O sea, en resumidas cuentas, es un documento en el que expones con claridad los estudios que has realizado, los trabajos que has desempeñado y ya. Pero, desafortunadamente, esto no es tan cierto. Además de todo, debes poner algunos elementos que no tienen nada que ver con tus estudios o con tus trabajos anteriores.

Con esto, felizmente te presento:

Currículum Vitae
Hablo, español, inglés y puras idioteces


Debes, por ejemplo, escribir un objetivo. En esta partecita del currículum, que servirá de preámbulo al mismo, debes poner uno de los choteados objetivos que existen para tratar de quedar bien con todos aquellos que lean tu currículum. Algo así como “Trabajar en una empresa con un perfil para el diseño, superarme laboral y personalmente, obtener un postgrado”.

¡Nah! Mis espinillas. Tu bien sabes que tu objetivo en la vida es otro. Uno completamente diferente. Uno que no tiene nada que ver con obtener un postgrado o siquiera con trabajar. No obstante, se vería mal que pusieras como objetivo: Hacerme de algunos millones y comprarme un harem para - como dice el autor - poder fornicar como si no existiera el infierno.

Entonces, debes copiar, improvisar o hasta inventar (Dios nos libre) un objetivo. Este tiene que ser lo suficientemente flexible como para dar a entender a la empresa que puedes serle de ayuda en cualquiera que sea el puesto que solicitas, o como en el caso de un residente, en el puesto que te pongan.
Así, te avientas un objetivo del tipo: “Trabajar en una empresa que constantemente evolucione y mejore, responder a los retos de la misma y obtener una maestría”.

En esta fracción del currículum, debes tratar de explayar mejor las ideas que lleguen a tu enferma mente. M’kay, ciertamente el objetivo de muchos es ganar mucho dinero. Pero, no puedes simplemente poner como objetivo: “Ganar mucho dinero”. Debes utilizar las clases de gramática y prosodia que has aprendido toda tu vida y transformar un burdo y patético “Ganar mucho dinero” en algo como “Asegurar mi futuro logrando una estabilidad económica que proporcione tanto a mí como a mi familia la calidad de vida deseada”. Eso, aunque dice básicamente lo mismo, se lee mejor y no te ves tan “hambreado”. Otro de los objetivos clásicos, es “Aprender lo más que pueda en su empresa, para después largarme a una donde paguen mejor”. Obviamente, tampoco puedes mencionar algo así. Sería casi como decir que no eres solvente moralmente. Debes regresar, tomar tu diccionario y hasta en momentos, pensar - contrario a lo que puedes creer, no es tan difícil - para encontrar una frase en la que resumas la oración sin que te puedan tachar de un bastardo desgraciado. Empiezas a pensar y te llegan algunas frases sueltas que luego unes desordenadamente para dar un formato similar a lo que es el español. Al final, pones algo como: “Tomar cada uno de los retos de la vida y convertirlos en oportunidades para sobresalir”.

¡Nah! Ya mero. Si eres tan flojo que te cuesta llegar temprano a las clases y todavía quieres transformar en oportunidades todos los retos con los que te patearán la entrepierna tus superiores.

Además, en mi poca experiencia laboral, he descubierto que tus jefes siempre son estúpidos. Digo, tienen el suficiente IQ como para abrocharse la camisa pero no puedes comprender como es que son tus jefes. OK, si, llegaron a la empresa antes que tú. Eso les da cierta ventaja. Pero, no solo deberás resolver sus problemas, también deberás hacerlo de manera que ellos puedan entenderlo; tu sabes, código de colores, gráficas, botoncitos, etc. Y tu quieres tomarlo como una oportunidad… LOL!

Ok, tu objetivo está del cake, pero pues es lo mejor que pudiste inventar. Sigue entonces la parte relacionada con tus estudios académicos.

Si, se llama estudios académicos, pero no por eso vas a poner todos los estudios que hayas tenido desde el Kinder. Digo, a mi me convendría porque tengo chingos (o sea muchos) de diplomas en la primaria. Pero desafortunadamente, solo se ponen los estudios de nivel superior, o en algunos casos, si es que se cuenta con estudios técnicos.
Desdichadamente, para los que como yo, vienen de una preparatoria como el Cobach, lo único que podemos poner son los estudios que tenemos de la universidad. Se supone que las empresas observarán esta información y consideraran si son aptos para el puesto. Esto es algo así:

Estudios:
- Ingeniería Industrial, ITSLP, 2000 – 2006.
- Técnico en castración de cerdos, CBETA, 1997 - 2000

Esto, es una herramienta poderosa para ownearte tu solo. Digo, cualquiera que haya hecho Ing, Industrial en seis años no debe ser muy listo. Luego, el cambiar drásticamente de la emasculación de cerdos a la toma de tiempos de un proceso de llevar una caja de un lado a otro por medio de una banda transportadora para luego meterla en un complejo software de estadística para obtener como resultado un valor numérico que pudiste haber obtenido sacando un promedio, nos dice también que tienes serios problemas para elegir tu vocación.

En algunos libros para preparación del currículum, recomiendan que también pongas en el apartado de estudios académicos, el promedio final de tu carrera y tu tema de tesis. Para el caso que ya tenemos sería algo así:

Estudios:
Ing. Industrial, ITSLP, 2000 – 2006, Prom. Final: 72.
Tema de tesis: Promedio de tiempos para la castración de ganado porcino y la aplicación del diagrama de Ishikawa para encontrar deficiencias en el corte del falo cerdoso.

M’kay, prosiguiendo con la elaboración del currículum, nos encontramos con la parte en la que debemos llenar con los empleos anteriores.
Las empresas esperan encontrarse con algo así:

Experiencia:
Enero 2000 – Enero 2005.- Gerente de Ventas de GM.
Aumenté las ventas un 10% los primeros 2 años y un 15% los últimos 3 años.
Ayudé en la mejora del proceso y contribuí con la instalación de maquinaria de ensamblaje de alto costo.
Enero 1997 – Enero 2000.- Ing. Manufactura de Compaq.
Aumenté la producción en un 5% proponiendo un sistema de soldado controlado por PIC’s en lugar de GAL’s.

Pero, en cambio, las empresas encuentran en los currículums de los residentes algo como esto (tomando claro, el ejemplo que ya tenemos):

Enero 2002 – Marzo 2002. Abarrotes Poncho.
Fungí como encargado.

Agosto 2001 – Diciembre 2001 Cybercafé DATOGA.
Fungí como encargado.

Octubre 2000 – Febrero 2001. Matadero 666
Fungía como castrador de cerdos.

PUTS!!! Esto no es una solicitud de empleo, es un currículum vitae.
A las empresas no les interesa si fuiste cerillo de Chalita cuando ibas en primaria. O si eres un excelente preparador de tacos de canasta. Tampoco les importa si toda la responsabilidad de vender un gansito a un niño que no sabe contar recaía sobre tu persona. Ellos buscan experiencia en problemas de ingeniería a niveles de empresas internacionales.

Como sea, pasamos a otro punto. Alguna información adicional o actividades realizadas.
Esta parte es en la que puedes apantallar al gerente de recursos humanos que puede contratarte con todas las actividades extraescolares que realizas, con los cursos a los que asististe para complementar tu educación o a los congresos que asististe como expositor o al menos, como participante, lo que demostraría que tan “actualizado” estás y que tan participativo eres.

Las empresas, buscan algo como esto:

Información adicional:

- Miembro activo de la Asociación Mexicana de Mecatrónica, IEEE, Asociación Mexicana de Robótica.
- He asistido a los congresos de la AMM como participante en 1999, 2000, 2001, 2004. - He asistido a los congresos de la AMM como expositor en 2002, 2003, 2005.
- He participado como expositor en los congresos de IEEE en Francia en 2003, y Ucrania, 2005.
- Campeón nacional de ajedrez 1998.

Otros cursos:
- Curso de Conexión de periféricos a una red Ethernet usando una red CISCO. 2007, México D.F.
- Curso de Control Digital mediante aplicaciones por Satelite, Montreal, 2007.
- Diplomado en programación de PIC’s, EUA, 2006.


Pero, usando nuestro ejemplo, encontramos lo siguiente:

Información adicional:
- He asistido al congreso de Ingeniería Industrial en 2004, llevado a cabo en Cancún dos noches, tres días.
- Tengo una página Web: elcerdocastradoyyo.myspace.com

Otros cursos:
-Curso de anestesia en puercos para la castración.


Algunas personas, no restringidas por la inteligencia y el sentido común, que adquirieron el curso de “Microsoft Office” apócrifo (O sea, pirata) que se lo aventaron y lo pasaron satisfactoriamente, lo ponen como referencia, sin imaginar las consecuencias legales que esto implica.

Claro, no pueden faltar aquellas personas más graciosas que listas, que ponen que tienen un conocimiento de varios idiomas.
Cuando no sabes que tanto dominas de inglés, pero sientes que sabes, te pones alrededor de 70% para evitar que las empresas te pidan un documento que avale una cantidad mayor. Pero, geniecillos bilingües, ponen que hablan hasta el 100% de inglés. PUTS! Ni Shakespeare tenía tanto nivel de inglés.
Raramente, el desorientado y maloliente individuo ni siquiera domina el español, pero ya sabe 100% de inglés.
Mejor aun, pasaste un examen de inglés hace 2 años, no lo has practicado decentemente desde que terminaste tu costosísimo curso y ya hasta te olvidaste de cómo pedir la hora. Pero como pasaste el examen, sabes chingos.

Otras personas, afirman que saben francés por que fueron a ver al cine la película “Lè pupú lè mató lè wawá” Y entendieron el nombre del protagonista - Pier - .
Aunque también están aquellas personas que desean poner que asistieron a un curso de Ruso durante dos semanas y que ya saben decir palabras como: Hola, adiós, bien, mal, y que se saben todo el abecedario ruso y claro, cómo no, 40 sustantivos, solo en nominativo, porque cuando comenzaban a ver el genitivo, cancelaron el curso porque era el único alumno.

Con elementos como este, se forman los currículums. Fácil, difícil, eso lo decidirás tú, querido y teórico lector. Como sea, lo peor que puede pasar es que el goey que lo lea se ría de ti y luego aviente el documento a su chimenea.

Au Revoir!