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viernes, marzo 28, 2008

Septuagésima sexta - Viajando -

Salutations mon cher et théorique lecteur.

Estoy aquí para postear animadamente otra de las aventuras que te deshacen de emoción.
Como todos sabemos y disfrutamos, la semana santa trae consigo muchas bendiciones. Representa los últimos días de Cristo en la tierra y afirma su poderío en la panacea de los milagros: “El domingo de resurrección”. Pero para los que somos ateos, representa más, mucho más: representa que tendremos dos días de hueva. Representa un puente de vacaciones que nos alegrará la vida permitiéndonos faltar al trabajo durante cuatro días.

Estos cuatro días los utilizamos normalmente para tirar barra, holgazanear, dormir y demás actividades que aumentan nuestra opulencia de holgazanería. Algunas otras personas aprovechan que sus hijos están también de huevones y se alejan de la ciudad para tomar unas merecidas vacaciones. Normalmente se van a alguna playa o a los escondidos rincones de la huasteca potosina (o la huasteca del lugar dónde vivas querido y teórico lector). Además, normalmente la Semana Santa cae en posteriores días a la entrada de la primavera por lo que estos destinos turísticos son perfectos para eliminar el calor que nos agobia. Los padres de familia salen con sus hijos pequeños a los balnearios, los amigos salen de paseo y deciden llegar a alguna cascada o algún río en el que puedan mostrar sus apoliyados cuerpos. Esas son las vacaciones de semana santa, curiosamente muy parecidas a las vacaciones de verano.

En el trabajo a la hora de la comida, se me cuestionó de a qué lugar iba a salir de vacaciones. Yo contesté indiferentemente que a ningún lado. A mi no me gusta viajar. Me encanta conocer lugares nuevos y atractivos que aumenten mi cultura o me distraigan de mi aburrida vida citadina. Pero el hecho de transportarme hasta aquellos lugares me produce una hueva dinosáurica. ¡Qué cabrón salí! Me gusta ir de viaje pero no me gusta transportarme hasta mi destino. PSA’huevo, qué conveniente.

El punto es que mi jefe y demás ingenieros estuvieron castrándome diciendo que con esa mentalidad nunca conocería ningún lado y que siempre estaría en mi casa y demás. En lo personal no me molestaría. Me gusta la idea de pasar vacaciones holgazaneando en mi casa entregado completamente a mi hobby mediático pajero. Pero ese no es el punto.

Mucho más tarde ese día, un cuate, amigo, pana, compadre o como gustes decirle querido y teórico lector - al que para proteger su identidad le llamaré G. Olvera… no, es muy obvio… le llamaré Gil O. - llama a mi casa y me informa que el cumpleaños de uno de sus antepasados está por llevarse a cabo al día siguiente en un paradisíaco lugar llamado “Lagunillas”. Y cordialmente me invita a que vayamos, prometiendo diversión y lo mejor de todo, abundante y deliciosa comida. Con toda la emoción que puede caber en mi cuerpo (nótese el sarcasmo), le pregunto:

Teh Dib - ¿A cuántas horas queda?

Gil - Tres horas veinte minutos, tres horas y media máximo.

Fuuuuuck!!!

Tres horas y media desperdiciadas en un automóvil. No mamar. No estoy diseñado para esa clase de actividades. Me da hueva transportarme de mi casa al centro de la ciudad y eso que me queda a 20 minutos (en camión). Estaba a punto de mandarlo sonoramente a la verga cuando recordé la conversación con mis compañeros de trabajo y me dije a mí mismo: ¡Pu’s órale, chingue su madre!

Y así se lo hice saber al invitador:

Teh Dib: - ¡Pu’s órale, chingue su madre!

Gil - Eso es todo. Chido, además, también va a ir el Juan. (Su nombre fue alterado para mantener el anonimato).

Así comienza, querido y teórico lector:

Lagunillas
Y cuando andábamos cortando rábanos.


Son las 14:00 hrs del miércoles y acabo de llegar a la casa de Gil. Llevo una pequeña maleta en la que se acomodan hábilmente tres pantalones, dos pants, un short, cinco playeras varios pares de calcetines, algunos calzoncillos y demás ítems indispensables para el buen llevar de unas vacaciones. Y todo esto, para pasar únicamente dos días y medio.

La salida sería posterior a las 17:00, pero pues necesitábamos tiempo para “echar las retas”. Ya saben, agarrarnos a golpes virtualmente.

Fue algo así

Teh Dib: ¿Qué onda?

Gil: ¡Bofo! ¿Qué tantas madres traes en la maleta?

Teh Dib: ¿A qué te refieres? No llevo ningún cadáver.

Los minutos pasaron al igual que las retas. Posteriormente llegó Juan y las cosas sucedieron de la misma manera.

Entre las retas y las ofensas mutuas, Gil nos comenzó a hablar del pueblito al que nos dirigiríamos.

Gil: Sssss… Es basura. Es un pueblito pequeño, sin tecnología, sin señal del celular. Un apestoso rancho que tiene una laguna muy cerca y que solía tener un río atravesando el pueblo.

Faltando 20 minutos para las 17:00 decidimos que era una buena idea adquirir algo de materia esencial para la vida en forma de frituras. Así que fuimos al expendio de frituras más cercano, y compramos más o menos medio kilo de frituras. Al ver la obscena cantidad de frituras que compramos, el amable tendero nos preguntó si queríamos limones y salsa en una bolsa o preferíamos mezclarlas de una vez.

Preferimos llevarnos la salsa en una bolsa.

Cualquier parecido con unos intestinos, es mera coincidencia

Así, el amable tendero nos proporcionó nuestra gigantesca bolsa de frituras, que contenía además de las mencionadas botanas, una bolsa con mucha salsa y limones en abundancia. Al hacer una inspección más minuciosa de los limones, observamos que aunque eran en efecto bastantes, NO estaban partidos.

¡Putísima y se casó de blanco!

¿Cómo nos da unos limones sin partir?

Me cae que la amabilidad del sujeto es únicamente comparable con su estupidez.

Pero bueno, a las 17:00 comenzó el viaje.

Llegamos a la gasolinería y pedimos $300.00 pesos de la verde. Y algo de gasolina también. El viaje estuvo lleno de las clásicas bromas castrosas de viaje. Los molestos y milenarios: ¿Ya llegamos? ¡Quiero ir al baño! ¿Podemos comprar helado? ¿Ya llegamos? ¡Quiero ir al baño! ¿Podemos subir a ese vagabundo? ¿Ya llegamos? ¡Quiero ir al baño! ¿Podemos comprar helado?

Y aunque las bromas, la mierda que nos tirábamos y la evocación de inútiles compañeros de preparatoria eran entretenidos como una comedia de situación que tanto me gustan, las curvas realizaron abrumadoramente su misión y atacaron mi estómago. Comencé a marearme. No era algo brutal como si me acabara de bajar de las “tazas locas” o similares, pero me sentí un poco indispuesto del estómago. Así que para evitar posibles malestares que terminaran en la exposición de mis jugos gástricos desde un vehículo en movimiento, decidí que era mejor recostarme, cerrar los ojos, poner mi celular con las canciones de Molotov que tanto me gustan y tratar de dormir.


Cuando llegamos a Río Verde (más o menos a la mitad del camino) bajamos a comprar elotes. Según me decían, los mejores del rumbo. Al final todos concordaron que el lugar en el que los adquirieron no era ni de cerca el óptimo ya que había omitido importantes elementos en la preparación de tan deliciosa gramínea.

Muestra inequívoca de que en Río Verde también hay judíos.

Cerca de las 20:00 hrs. Nos acercábamos a nuestro destino. Con el camino completamente oscuro y lleno de matorrales a los lados, parecía como la tercera parte de “El proyecto de la Bruja de Blair”. Cruces y vírgenes de mármol en posiciones de ataque y con semblante amenazador adornaban el camino que nos llevó hasta la casa que nos serviría de posada.

¿A poco no está como de Leyenda Potosina?

Al llegar, observé con asombro lo inclinada que estaba la calle principal. Los postes de luz eléctrica iluminaban tenuemente la calzada dejándonos ver una hilera de casas con el típico aspecto de las casas en un pequeño pueblo: casas enormes, terrenos aún más grandes, y alrededor de la casa animales de granja, vacas, toros, perros, gallinas, etc. Una amable señora abrió la puerta y nos atendió con celeridad y paciencia. Era la tía de Gil.

Al mostrarnos la casa, llegamos a una de las más importantes: El baño.

Aquí, fue donde Gil nos dio una noticia que nos perturbó de tal manera que incrédulos tuvimos que comprobarlo.

Gil: No hay agua. Para lavarse las manos, bañarse y “bajarle” al baño deben utilizar cubetas.

¡Mergas!

No mamar. ¿Qué es eso de utilizar cubetas para el baño?

Recelosos de la noticia, velozmente nos acercamos al inodoro y con cuidado y se podría decir que hasta un poco de miedo, estiramos nuestro dedo índice y empujamos la palanca hacia abajo, como normalmente se haría. Repetimos el movimiento varias veces y sorprendidos observamos como simplemente no pasaba nada. La mágica palanquita que se encarga de vaciar el retrete no estaba realizando función alguna.

NOOOOOOO

Gritamos al unísono Juan y yo, visiblemente perturbados al notar que todo en lo que creíamos y que para nosotros solía tan común como respirar, era tomado por la cara y violado con lujuria demoníaca.

Pero llegó la parte importante. La cena.

Afortunadamente para nosotros, la familia de Gil cocina estupendamente. Todas las comidas estuvieron deliciosas y abundantes.

Así que al terminar de cenar (y tendiendo problemas para respirar por lo llenos que estábamos), pasamos a la habitación que hace las veces de sala y encontramos lo mejor de todo: sus tías tienen sky. PSa’huevo. Inmediatamente, tomé el control y busqué con la guía toda la programación de MTV, hasta que apareció, mirándonos desdeñosamente desde lo alto de su grandeza, el nombre más sexy que haya leído en una guía de televisión satelital: Daria. A las 13:30 del día siguiente saldría un episodio de Daria. Olvidando todas las reglas de comportamiento y valiéndome menos de media madre las buenas costumbres, aparté el programa, sin saber si a esa hora sus tías ven algún programa.

La noche prosiguió y nosotros seguíamos viendo la TV. Gozando de los beneficios de la televisión satelital. A las 02:00 nos fuimos a dormir.

Pero esto no podía ser tan sencillo. ¡Oh, no! Para comenzar, al entrar a la habitación, vemos como tiene una especie de “techo falso” que estaba perturbadoramente dispuesto para ocultar el ataque de una serpiente, una cucaracha o una de esas arañas mortales que andan viviendo por ahí. Así que comenzamos a cuestionar al anfitrión:

- Goey, no mamar. ¿De ahí no salen serpientes, escorpiones o fantasmas?

Gil: Yo tenía ese mismo miedo hasta los 15 años. Pero después se me quitó… nunca ha sucedido nada… hasta ahora.


Este es el techo... si no nos atacó ningún animal fue pura suerte...

No tan convencidos como nos hubiera gustado, y con cuidado de no hacer ningún ruido, decidimos que era hora de descansar… pero obviamente, no íbamos a dormir con la ropa que llevábamos. Era imperioso el cambiarnos de ropa por, al menos, un pants.

La habitación.

Sabiendo qué iba a suceder, los tres nos quedamos mirando fijamente. Era obvio que necesitábamos cambiarnos, pero la presencia de las otras dos personas ahí nos incomodaba de sobremanera. Entonces, Gil trata de tomar el mando:

Gil: Mkay! Yo me cambio aquí y ustedes se van a baño

The Dib: ¡ni mergas!

Después de una sucesiva discusión de quién se iba al baño a cambiar y hastiado por todo decidí que si queríamos dormir, alguien debería comenzar a cambiarse. Entonces decidí que era ahora o nunca.

Saqué el pants de mi maleta mientras con incredulidad me observaban los dos perturbados sujetos. Me desabroché el pantalón y les dije:

- Voy a hacerlo. Me voy a cambiar en este momento. Si no salen, es bajo su responsabilidad.

Gil: No lo harás, no tienes el valor. (En ese momento, Juan se voltea)

Teh Dib (bajándome el cierre)… es la última oportunidad.

Gil: No te atreverías. Juan míralo, si ambos lo miramos no lo hará. No tiene el valor.

Estaba a punto de hacerlo cuando se nos ocurrió que todo sería más fácil si mientras uno se cambiaba, los otros dos esperaban afuera. De hecho, era casi lo mismo que si nos cambiáramos en el baño, pero eso se convirtió en una cuestión de honor. No era por ver quién se cambiaba primero, sino por ver quién se quedaba a cambiar en el cuarto.

Las bromas completamente sin sentido no se hicieron esperar:

- Oye, “Mancha en el gluteo izquierdo

- ¿Qué quieres, lampiño?

- ¡Cállense los dos, “pequeños”!

Al amanecer del día siguiente, al fin pudimos constatar el tamaño del “patio trasero” de la casa. En verdad enorme y con espacio suficiente para que maniobren a placer gallinas y otros animales.

Pero bueno, habíamos ido a ese lugar para una cosa en específico y es lo que íbamos a hacer. Así que desde temprano, decidimos realizar nuestro propósito: nos pusimos a jugar Play Station.

Así estuvimos hasta que llegó la hora de Daria y disfrutamos de un excelente episodio de Daria. Después, seguimos jugando. Horas y horas de retas nos permitieron olvidarnos de que había todo un pueblo por explorar. Hasta que se nos “sugirió amable pero firmemente ir a dar una vuelta por el pueblo, para conocerlo y admirar la laguna que le da nombre al pueblo.

Así que pues para aprovechar el viaje, decidimos salir. Caminamos algunos metros hasta llegar al que denominan como “el centro del pueblo”. Un apestoso kiosco con unas banquitas en el perímetro y eso es todo. ¡No me imagino lo emocionante que se ha de poner el día de la independencia! A continuación, seguimos caminando y observábamos curiosamente que todas las casas eran en concepto iguales. No era nada más un lugar para vivir. Eran delimitaciones congruentes suficientes para sembrar y cosechar algunos vegetales, criar ganado, y claro cómo no, para vivir cómodamente. Eso si tuvieran agua corriente y drenaje, pero según se nos comentó, esos eran lujos con los que aún no contaban. Finalmente llegamos a un lugar llamado “El sótano”. Era ni más ni menos un valle gigantesco en el que antes solía pasar agua. Eso era todo. Una especie de hoyo gigantesco que hasta parecía creado por un meteoro hace millones de años. Cubierto de matorrales y piedras peligrosamente filosas, si lanzas un cadáver ahí, nadie se preocuparía por intentar rescatarlo. Sería demasiado complicado como para intentarlo y no valdría la pena ni aunque fuera el cadáver del asesino de J. F. K.

El sótano.

El centro del pueblo

Regresamos sobre nuestros pasos y dimos vuelta en una de las “calles principales” (únicamente tiene dos) y fuimos descendiendo por la carretera. Caminamos cerca de 20 minutos cuando llegamos a la máxima muestra de orgullo del pueblo: La laguna colorada.

Teh Dib: - Disculpe señor... ¿En dónde queda la laguna colorada?
Pueblerino: - Allá, por donde se ve la bolota amarilla.

Era como un enorme charco, rodeado de piedras blancas, lleno de agua particularmente verdosa a la mitad de la nada. Y eso era todo. No había vegetación exótica ni animales peculiares que habitan en la laguna. Digo, no esperaba ver a “Nessy”, pero algunos peces hubieran sido agradables. Cuando llegamos, unas personas se sordeaban hábilmente para que no notáramos que estaban extrayendo agua con una bomba. Según se nos informó posteriormente, el extraer agua de la laguna está prohibido, puesto que hace algunos años se secó por primera vez en toda la historia del pueblo.

Se rumora que el mismo Dios bajó y la llenó con una bomba.

Y eso era todo.

Ese fue el pueblo.

Únicamente ganado, perros, y terrenos considerablemente grandes.

Para el regreso, tomamos un atajo. Un atajo que me pateó las bolas considerablemente. Era subir una ladera que nos llevaba directo al panteón. Pero la puta ladera estaba más inclinada que la chingada. Ya ven que la chingada está inclinada, pues esta ladera estaba peor. Prácticamente parecíamos los goeyes de límite vertical de lo empinado que estaba. Casi vomitando los pulmones por el esfuerzo y con los tendones tiesos al fin subimos la ladera. Observábamos desde arriba la colina que subimos y dijimos:

PSA’huevo, qué cabrones somos.

¿Cuál Everest? Esta es "el ascenso"

Regresamos a jugar Play Station de nuevo. Burlándonos de los ataques increíblemente bizarros que salen en el juego de Melty Blood o muriéndonos miserablemente en los pantanos del Metal Gear Solid 3.

Así estuvimos hasta la hora de la cena, en la que los anfitriones nos consintieron con una copiosa cena cuya descripción más acertada sería “deliciosa”. Posteriormente volvimos a jugar y así llegó la madrugada.

Repitiendo el procedimiento anterior, estábamos en toda la disposición de dormir cuando de la nada, comenzaron las clásicas preguntas que pueden hacerse tres hombres a mitad de la nada:

¿Con cuántas? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?

Y por si no te lo imaginabas querido y teórico lector, todas esas preguntas eran relacionadas con mujeres. La primera, la última, la más especial, etc. Comentando anécdotas y experiencias agradables, dolorosas, graciosas, etc. en una conversación que se formó de la nada y se prolongó casi hasta el amanecer. Promesas hechas, desamores y los efímeros traumas de una niñez peculiarmente solitaria salieron a la luz, bajo la sombra pálida de la luna.

Finalmente el último día llegó. Repetimos todas las secuencias ya descritas y poco después del medio día salimos. Cansados, ojerosos, sin ilusiones, con la idea feliz de que regresaríamos a la civilización y con elemental parsimonia abordamos la camioneta; tres horas con treinta minutos después llegamos a la ciudad. Tal vez no más amigos, tal vez no con un mayor conocimiento de nosotros mismos, pero ciertamente con un tema para postear en nuestros blogs. Afortunadamente, yo soy el único que tiene blog. ^_ ^

En verdad debo agradecer a la cordial familia de Gil ya que nos atendieron muy bien todo el tiempo que estuvimos invadiendo su casa. Su abuelita es en verdad generosa y por momentos me recordó a la mía. Sus tías son en efecto, muy amables y eficientes.


Desde aquí quiero mandar una felicitación a Dio porque su cumpleaños es el día 30 y el año pasado no lo felicité. U_U

domingo, diciembre 23, 2007

Sexagésimo noveno - Finalmente

Saludos querido y teórico lector. Hoy te saludo en una muy especial ocasión que en copiosa jauja me baña. En exaltados gritos de felicidad y en honor a mi pigricia juro que los altos cielos que de mi divinidad divinamente con las estrellas me fortifica y me hacen merecedor del merecimiento que merece mi grandeza.

Y todas estas palabras que con manguindonería leíste son causadas por el mayor acontecimiento en mi vida desde mi alumbramiento. He terminado satisfactoriamente todas y cada una de las materias del plan de estudios que de mi carrera se exige. Falta la residencia, pero esa, más que una materia, es trabajo. Pero el punto aquí, es que después de 9 semestres, muchas desveladas, aventuras y discusiones con compañeros que presumen sus coeficientes intelectuales tan altos como la temperatura promedio de Rumania (en grados centígrados) he finalizado la carrera de la nunca bien ponderada Ingeniería Mecatrónica, en el tres veces H. Instituto Tecnológico de San Luis Potosí.

Se acabaron los profesores inútiles, cada uno más castroso que el anterior. Claro, con sus respectivas excepciones, ya que algunos no eran más castrosos que el anterior. Se acabaron las tareas efímeras y lánguidas; las tareas inocuas y sin sentido. Se acabaron los proyectos de investigación y los circuitos eléctricos de dimensiones dinosáuricas. Se acabó el frustrarte con los profesores porque no valen madre y, al final, te ponen menos calificación de la que merecías. Finalizó el periodo en el que tienes que ser sodomizado por el goey de laboratorio para que te deje hacer las prácticas necesarias, las cuales, mayoritariamente eran basura. Se acabó el soportar a la gran mayoría de los compañeros del salón, con sus imaginativos ataques sobre los defectos de todos. Otra época de mi vida ha concluido y eso ciertamente me hace feliz.

Miro al pasado y veo con orgullo, todas las cosas que tuve que hacer para pasar estas materias desde el primer semestre.
In illo témpore una maestra ciertamente conocedora de la psicología del ITSLP, nos dijo con proverbial certidumbre que conforme el paso del tiempo el mismo sistema nos “malearía”. Al principio todos llevábamos nuestras tareas y nuestros proyectos. Atendíamos con celeridad religiosa cada clase y con fatuas glosas nos jactábamos de ser la primera generación de la nueva carrera.
Para los últimos semestres, nos convertimos en insensibles bolas de carne que asistían a clases solo porque era una obligación. Las tareas eran más un trámite para ver quién copiaba con mejor calidad sin hacer notar que era una copia exacta de cualquier otro trabajo. Los proyectos eran dejados hasta el último de los días, poniendo a prueba la constante resistencia a las desveladas y que es posible sobrevivir sin Red Bull. Únicamente café, y en mi caso, las aspirinas que sean necesarias. Las prácticas eran cada vez más un lastre y menos una enseñanza. Cada que entrábamos a un laboratorio, intransigentemente se cambiaba el ambiente y sentíamos como si entráramos a una leprosería.
En efecto, Doña Regu tenía razón.

En este post, hablaré de todo. Mis compañer@s, mis profesores, mis experiencias y aventuas.

Por eso querido y teórico lector, hoy vengo a presentarte, el que tal vez sea el post más largo que haya escrito. Vengo a presentarte el que puede ser un capítulo de importancia preponderante en el libro de mi vida. Te voy a relatar, con chabacana alegría e imperiosa necesidad:


Memorias de un universitario
¿A poco no estaría con todo que tuviera ojos azules, con mucha agua?



Someone: Ready to leave?
Teh Dib: I was ready to go before we got here.

Según me dicen, corría el mes de julio del año 2003. Hacía frío. Estaba nevando… en tierra del fuego, ya que aquí en San Luis Potosí estábamos en el apogeo del verano. Eran las 07:00 hrs. De un lunes. Mi primer día como universitario. Recuerdo vagamente que el primer profesor fue el Lic. Ninche… Ninche profe. A media clase, aburrido por el sermoneo y las teorías paranoicas en las que Bill Gates está inexorablemente conquistando el universo, decido arrancar una hoja de papel y hacerla bolita, con toda la decisión de arrojarla al bote de basura en el primer instante en el que el profesor no me esté viendo.
El profesor voltea y sigue con su parloteo. Marco el movimiento para arrojar la bolita de papel desde mi lugar (la primera fila) y justamente cuando suelto la condenada bola de papel, el profesor voltea. La bolita cae suavemente dentro del bote, siguiendo una trayectoria marcadamente parabólica y limpiamente llega al fondo.

El profesor, al ver la acción tan atrevida y la gran habilidad con la que arrojé el papel desde un metro de distancia me dice:

Ninche Profe: - Se me va…

No mamar. Llevaba poco menos de media hora en la universidad y ya me iban a expulsar o a reportar o a castrar sin anestesia…

Ninche Profe: - … A inscribir a la selección de básquetbol.

Fiu.
Ninche Profe… seguramente me subió el azúcar hasta hacerme prácticamente diabético.
Desde ese día, ciertamente aprendí a no arrojar bolitas de papel al cesto de la basura de una manera tan llamativa. Tengo muy grabada esa escena. Ha de haber sido muy divertida para todo aquel que la estuviera viendo y que tuviera un poco de sentido común, qué, irónicamente, es el menos común de los sentidos.


Capítulo 1. Que trata de los incidentes en la escuela

You're blind, deaf, and can barely walk. Yet, you've had affairs with three royals! How do you do it?


Recuerdo también que a mitad, o tal vez, al final del primer semestre, teníamos que exponer en clase de química. No recuerdo el tema. El Arqui, que insistentemente había molestado con que él expondría un tema específico, decidió llegar un día y decir que había investigado uno que le tocó al Carlito.
El Carlito, obviamente enojado, puesto que ya había desperdiciado más de un día en investigación, decidió encararlo y decirle que al momento de repartir los temas, Arqui había elegido cierto tema y que el otro era de Carlito. Con su amabilidad y buen gusto característicos, dijo:

Carlito: - No chingues Arqui. Ya habíamos quedado. Tu ibas a hacer lo de XXXX… y yo iba a hacer la otra pendejada, y ahorita dices que ya la hicistes… no jodas. Yo ya comencé a investigar. Son un chingo de madres.

El Arqui, con su superior coeficiente intelectual – nótese el sarcasmo – contesta con un ingenio casi divino:

Arqui: - Nel, Nel. Yo no se.

La conversación se prolongó durante unos 10 minutos más, y el Carlito, en un impulso tan bestial que bien pudo haber logrado romper sus medias, se levanta intempestivamente de su lugar y empuja al Arqui.
El Arqui, al notar la hirviente furia del chino agresor, parece no quedarle de otra que menguar su decisión y respetar lo que había dicho días antes.

Arqui: - Nel.


Carlito aprovechando su mayor musculatura (es difícil de creer, pero ciertamente el Arqui está más enclenque que el Carlito), vuelve a empujar al obtuso individuo, ahora con más fuerza. Al parecer, el Arqui acaba de notar que el Carlito va en serio. De hecho, la paciencia del Carlito se había esfumado en el último minuto. Ya no le importaba si el Arqui aceptaba o no su error. Él simplemente estaba decidido a partirle su madre por tres razones, cada una de mayor peso que la anterior…

1.- Porque el Arqui lo merecía
2.- Porque el Arqui ciertamente lo merecía.
3.- Porque en efecto, ciertamente lo merecía.

Cuando las cosas simplemente ya estaban en su punto y el Carlito estaba a punto de patear el trasero del Arqui, este comenzó a aceptar – más a huevo que de ganas, debo agregar – su error y principió a suplicar lastimeramente – pero siempre guardando la compostura – que en efecto se equivocó y que mejor buscaran una solución pacífica a sus problemas.
El Carlito estaba tan molesto que si alguien hubiera metido un trozo de carbón en su trasero, después de unos 10 minutos hubiera sacado un diamante.
Estaba a punto de comenzar la pelea y entonces, llega el Chuy y sujeta poderosamente al Carlito. La pelea se había cebado… el Chuy no podría permitir que le partieran la madre al que sería su novio algunos años después.
Pasaron algunos minutos y el Carlito comenzó a reaccionar. Ciertamente le hubiera partido su madre al Arqui. Pero ahora solo quería dejar eso atrás… y palpablemente, atrás tiene mucho lugar para ponerlo.


Recuerdo también una escena muy divertida. Estábamos en clase de álgebra lineal, resolviendo unas matrices o unos determinantes… no me acuerdo. Había un sujeto, “el donitas” no se que demonios hacía en ingeniería. Él era una de esas personas que tenían todo el maldito perfil para estudiar leyes o algo similar. El caso es que al estar en la clase, sucedió algo más o menos así:

Profesor De la Rosa: - Entonces, por las leyes de los determinantes tenemos: 5+4+7 – 2+0-4.
Donitas: - profesor, ahí donde puso más cero…
De la Rosa: - Si, ¿Qué tiene, sumé mal?
Donitas: - Es que ahí donde puso más cero… es, menos cero.

¡¡¡No mamar!!!
En serio, ¡¡¡no mamar!!!
Digo, no necesitas ser Stephen Hawking para saber que no importa si sumas o restas un cero de cualquier cantidad… qué pedo…


Prosiguiendo con el bestiario… llegamos con un sujeto del cual no recuerdo su nombre. Pero su apodo claro que lo recuerdo… “El Gata”. ¿Cómo olvidar aquella épica exposición que hizo de los Poka Yokes?
Para el querido y teórico lector que no tenga ni puta idea de qué es un Poka Yoke, le explicaré, que no es un robot japonés, ni una revista porno taiwanesa; a grandes rasgos, es algo que hace imposible que alguien lo use de manera incorrecta. Por ejemplo, el Puerto USB es un Poka Yoke, ya que solamente hay una manera de conectar algo a este puerto. No se puede conectar al revés. Eso, a grandes rasgos, es un Poka Yoke. Y como sabemos, a los japoneses les encanta hacer sistemas de calidad basados en conceptos obvios.

Pero regresemos al Gata.
Este sujeto, tiene la peculiaridad de tener un acento marcadamente rural. Y aunque no dudo ni por un instante que sus habilidades técnicas son excepcionales, sus habilidades de comunicación eran menos que deficientes. Y el que su acento sea tan marcadamente “No urbano” lo hacía un mejor blanco para las bromas. Imaginen uno de esos cómicos que salen en la TV fingiendo un acento de una persona de origen humilde. ¿Lo tienen? Pues bien, así habla el Gata.
En cierta ocasión, tuvo que preparar una presentación en la que expusiera los Poka Yokes y su importancia en la industria. Hasta este momento nada suena fuera de lo normal, sin embargo, al tener ese marcado acento, las palabras “Poka Yokes” sonaban como si dijera “Poka Yokis”. Tal vez, querido y teórico lector, no te parezca en absoluto gracioso, pero puedo asegurarte que todos los que tuvimos la fortuna de estar presentes, soltamos la más sonora carcajada que el aula en la que estuvimos tuviera la desgracia de contener.
Después fue cuestionado con algo que no recuerdo. El tipo contestó con una celeridad tan impactante:

El Gata: - “Si la herramienta se jode…”
Profesora: - Hable con propiedad
El Gata: - “… Bueno, si la herramienta se amuela…”

No mamar, en serio. La risotada que todos soltamos pudo haber opacado al jolgorio más animado que cualquier licenciado pudo haber armado. Ese era un tipo que sabía como se habla en cualquier situación.

Otro momento que recuerdo felizmente, es aquella ocasión en la que fuimos al Congreso Nacional de Mecatrónica. Decenas de mecatrónicos ebrios pululando por las calles de la ciudad de Querétaro. Vomitando soezmente en cada rincón del hotel, cada mecatrónico que se preciara de ser de los primeros semestres dejó su huella personal. Gritando hasta altas horas de la madrugada en el hotelucho en el que nos quedamos. Obligando al casero a brutal e inmisericordemente cortar la energía eléctrica de la posada para mantenernos callados.
Recuerdo como hipócritamente los profesores nos instaban a permanecer atentos a las conferencias y al voltear, después de unos minutos observabas como los profesores estaban tranquilamente dormidos, recargados uno con el otro, para evitar perder la compostura.
Es gracioso – aunque penoso también – recordar como el que presentó a nuestra delegación tenía un uso del español tan malo como mi rumano. Con palabras como “Hicistes” “Salistes” “Entendistes” “Fabricastes”, etc, haciéndole saber a todo el auditorio que éramos, orgullosamente por cierto, del ITSLP.

Las “escrupulosas” escapadas a “Ver pelos” de algunos de los alumnos y uno o dos profesores. La película porno proyectada en el autobús cuándo nadie veía, las bromas con contenido predominantemente sexual y algunos otros episodios más completan la odisea del congreso nacional de mecatrónica.

Con añoranza recuerdo los días en los que nuestra máxima preocupación era burlarnos del Arqui, aprovechando nuestros conocimientos de cálculo, nos poníamos a diseñar posibles trayectorias de vuelo para “El niño mosco”. O mostrábamos nuestras habilidades de dibujo, haciendo las tres vistas de la cabeza del Arqui, poniendo especial énfasis en la forma y tamaño de su colosal protuberancia, que hace las veces de nariz.
O de la misma manera, calculando el área bajo la curva que forma el estómago de un cerdo que afirmábamos era Hasmalim, A.K.A. Sex Machine.
Esos días en los que nos burlábamos de “El Guayabo” por su curiosa forma de hablar y su famosa “Simulación con las manos” de un movimiento giratorio.
Los diálogos para aceptar o rechazar un buril que fabricábamos eran más o menos así:

Mecatrónico genérico – ¿Profe, así está bien?
Guayabo: - … Veamos… tiene la forma, tiene el tamaño, se ve bien… pero no.

Recuerdo como si hubiera sido ayer la “esfera” que Hugo le llevó al guayabo tratando de realizar el buril que debería tener una cara redonda y dos filos planos. La cara que puso el profesor al ver el corte perfectamente esférico valió ese semestre. Me parece que fue en el mismo semestre cuando el Pickles apostó la cabellera contra Hasmalim a que ganaba el América un partido de fútbol contra el Guadalajara. En ese partido, ganó el América y Hasmalim pagó caballerosamente la apuesta. Lo que él no sabía es que no sería tan simple. El corte de cabello “a rape” fue en la escuela, en medio de un salón, en el que el ganador y algunos otros bañados comenzaron a utilizar una máquina peluquera y cortaron inmisericordemente, jugando con diferentes estilos. Pero ciertamente, el corte al estilo fraile que le hicieron fue la ley. Con cabello en la nuca y un poco en la frente, mientras que en la parte superior del cráneo se notaba una parte completamente depilada el pobre individuo se convirtió rápidamente en el blanco de las bromas más pesadas, no solo de mecatrónica, sino también de todos aquellos que lo vieron correr al baño a terminar el corte que ojetemente le dejaron sus “amigos”.

En quinto semestre, otra vez el Arqui, mostrando porque es tan fácil burlarse de él, pasa a exponer. Era la clase de Desarrollo Sustentable. El Arqui estaba exponiendo alguna patraña, pero llevaba varios minutos diciendo cada tontería y los últimos segundos había estado balbuceando sin sentido.
La maestra, al ver el deplorable estado del sujeto le sugiere amablemente qué mejore su forma de hablar, puesto que no se entiende nada:

Maestra: - Arquímedes… ¿Puede abrir más la boca?

El Arqui, en un notorio trance de desconcierto contesta con dificultad:

Arqui – Claro.

Sin saber la razón, pero tratando de parecer educado, abre los labios y muestra groseramente la garganta. El perdedor no pudo entender que la maestra se refería a que sería bueno abrir la boca un poco más para que el sonido saliera fluidamente y no en forma de agonizantes sollozos como los que suele parlotear el Arqui.


En ese mismo semestre fuimos a un viaje de estudios a la repudiada por muchos, querida por pocos, “Minera San Xavier”. Para el querido y teórico lector ajeno al estado de San Luis Potosí, le comentaré que esta minera ha sido fuertemente criticada por querer utilizar técnicas mineras basadas en explosivos. Además, de ser una mina a cielo abierto, que según muchos, es de las más destructivas del ecosistema… pero bueno, pasemos a lo importante…

Cuando fuimos se nos dio una plática llevada adecuadamente por una de las personas encargadas del proyecto. Claramente se notaba que les interesa mucho convencer a los universitarios de que el proyecto es bueno. Como sea, hasta gorditas nos dieron. Pero lo mejor llegó cuando nos llevaron a donde se encuentran los tractores y las excavadoras. Como si tuviéramos cinco años, subíamos irresponsablemente sobre los monstruosos vehículos, sorprendidos infantilmente por las dimensiones de los mencionados. En esta ocasión, el tamaño si importó. Subíamos por las palas mecánicas y trepábamos difícilmente por las gigantescas llantas para llegar hasta la cima de la grúa y ver con alegría irrisoria que éramos los reyes del mundo, en una escena patética.
En momentos como éstos, se demuestra lo que alguna vez Dio me dijo, cuando estábamos en el Cobach:

- Los niños de la universidad siguen aventando papelitos.


Pero al final, todo valió la pena. Cuando contra todas las leyes de la naturaleza, y venciendo a la inercia, a la gravedad y los cables, pude controlar motores utilizando un PSP. Fue algo tan hermoso. Para un gamer como yo, el controlar un dispositivo desde un PSP, valió los 9 semestres.


Capítulo 2. Que trata de las aventuras con los que bien pudieron ser mis amigos.

"I have no friends. I walk alone."

Solíamos ser ocho. Como diablos se hizo ese grupo, que desde ahora y con toda la alevosía del mundo llamaré “Equipo Teh Dib”, lo desconozco. Simplemente sucedió. Imagino que fue por asociación. Al diablo, no me interesa.
El punto es que éramos ocho. A veces, éramos dos equipos de cuatro. Pero seguíamos siendo ocho.
Comenzamos estudiando para algún examen. O juntándonos para realizar algunos de los colosales proyectos que nos encargaba el Angelino. La mayoría de las veces, nos juntábamos en mi casa, normalmente tirábamos barra y luego, trabajábamos un poco y luego volvíamos a tirar barra. Todo eso, siempre soportando los constantes comentarios castrosos de mi padre, que con naturalidad familiar ofendía a algunos, bromeaba con otros y a veces, ni siquiera estaba.
Había días memorables en los que nos quedábamos haciendo alguna actividad hasta las 04:00 hrs. Todos despiertos, algunos tirando barra, algunos otros, trabajando… pero el que con puntualidad suiza siempre perdía al caer dormido llegando las 23:00 era el Marcel. Alguna vez, Jeny hizo el favor de pintarle en la poca frente que tiene la palabra OWNED con lápiz labial.
Eran ciertamente complicados esos días. Los únicos con automóvil eran Pando, Jeny y las ruidosas motos de Carlito y Gañán. El Cabra también tenía un automóvil, pero siempre se iba llegando las 22:00. Era como si el Jetta se transformara en calabaza a las 22:30 y por eso tuviera que irse temprano todos los días. Felizmente, Gañán cambió su scooter motorizado por un Pointer hecho con legos y el quedarnos hasta muy tarde en la casa de alguien dejó de ser tan problemático. Siempre con actitud amable, cualquiera de los personajes mencionados amablemente se proponía para dar un aventón a cualquier otro. Era un grupo interesante. Cualquiera de nosotros podía tirarle carro al otro y nunca pasaba nada. Digo, no es como si una le hubiera aventado una cucaracha de plástico a otro. Cada uno de nosotros tenía una habilidad que lo hacía parte indispensable del equipo. Bueno… casi todos. En realidad, siendo sinceros, el único indispensable era yo, pero así no se sentirán tan mal los demás miembros del equipo.

En los últimos semestres, concientes de nuestra zanganería y sin importarnos mayor cosa que nuestros efímeros momentos de diversión, íbamos frugalmente a la presa a tirar barra. De hecho, creo que ahí hay una o dos de las pocas fotografías que nos tomamos los ocho y un intruso…
Escalábamos dificultosamente las peligrosas piedras de la presa y al alcanzar un punto medianamente alto, simplemente decidíamos regresar a la escuela, para la siguiente clase. Con bastante pero no suficiente precaución bajábamos sonrientes (ajá) por las laderas de la presa y recorríamos el camino de regreso, mayoritariamente maldiciendo al sol por darnos directo en la cara. Eran unos buenos días.

Los días de exámenes, despreocupados, horas antes de la prueba, valiéndonos poco menos de media madre, nos íbamos a ver una película. El lugar era lo de menos. En la casa de uno o del otro, siempre teníamos lo que necesitábamos. Una televisión y un DVD. Las películas eran seleccionadas minutos antes y luego comprábamos con imperiosa necesidad, palomitas, frituras y, en ocasiones, pizza. Una vez, a la par de todo esto, compramos pan y leche. Bromeábamos entre nosotros augurándonos problemas estomacales ruidosos a mitad del examen.

Con el paso del tiempo, el grupo se fue distanciando… ¿Eran a caso las constantes barras y discusiones que lográbamos por cada tarea que realizábamos juntos? Es que el estudiar para las materias más complicadas en grupo nos familiarizó tanto que nos convertimos en uno más sin siquiera saberlo.
Tal vez sea todo lo anterior. Pero el primer punto de ruptura, el que separó al primer miembro de ese octeto y nos convirtió en 7, fue una mujer. La única que pertenecía a los ocho. Y a causa de ello, había intereses chocando. Así, dejamos de ser ocho e intempestiva e inexplicablemente nos convertimos en siete.
No obstante, ella no tiene la culpa. Simplemente las personas se acostumbran las unas a las otras. Eso sucedió. No fue simplemente un flechazo incipiente de un arcángel que tiene un carcaj lleno de flechas envueltas en condones. Esta vez, simplemente, por la belleza tanto interior como exterior de la mencionada, los sentimientos se dieron. Eso pasa, y aunque me duela, pasa muy seguido.

Otra mujer nos quitó a otro de los ocho. Se conocieron, se hablaron, se hicieron novios. El uno choca la camioneta de la otra. La historia de la vida. Esta vez no hubo peleas ni discusiones. Simplemente, era ella o nosotros… una elección ciertamente sencilla.

Antes de finalizar este capítulo, quiero agradecer a los padres de todos los miembros del equipo Teh Dib, que sin importar la hora, siempre nos aguantaron, nos proporcionaban de cenar y todo el café que necesitáramos. Agradezco a la Señora Jeny, al Señor y la Señora Gael, a los tíos del Carlito, al señor y la señora Beto, al señor y la señora Cabra (aunque no puedo recordar ninguna actividad en la casa del Cabra, estoy seguro de que nos hubieran recibido con amabilidad), a los padres del Pando… no me atrevo siquiera a intentar llamarlos de otra manera, y pu’s… al señor y la señora Marcel por prestarnos al Marcel durante toda la carrera.

Finalmente, quiero mencionar a los miembros del equipo Teh Dib. A esas personas que con un poco más de suerte, pudieron llegar a ser mis amigos. Para que no se peleen por saber a quién quiere más Teh Dib, los mencionaré por orden alfabético…

Beto, Cabra, Carlito, Gañán, Jeny, Marcel, Pando.

Terminaré este capítulo diciendo lo mismo que les dije a Dio y a Himura al terminar el Cobach:

- Se que se sienten honrados por haber estado a mi lado, pero quiero que sepan que ha sido un placer compartir el campo de batalla con ustedes.


Capítulo 3. Que trata de los apodos y las formas de castración.


Someone -: Hey Teh Dib, if you die, can I have your boots?
Teh Dib - : Yeah, turn around. I'll give you one right now


Esos eran los semestres que forjaron los lazos existenciales entre todos los del salón. Las universidades tienen la peculiaridad de que conforme avanzan los semestres y los alumnos escogen su horario, los grupos se van dividiendo. Entran nuevas personas, se van algunas, otras más cambian de horario como cambian de calcetines, etc.
Pero, al menos, en las primeras dos generaciones de mecatrónica esto no era así. Al ser un único grupo, nosotros teníamos la desgracia de que nuestros profesores eran asignados, por lo que nunca hubo variedad. El grupo no podía cambiar. Éramos un grupo en el que fuimos creciendo juntos. El conformismo que trae la familiaridad comenzó a atacarnos brutalmente. El grupo, aunque dividido en clanes (los mamados y el Richard, El equipo Teh Dib, los betillos, los hobbits, los Cárdenas, etc, etc.) se unificó y comenzó a evolucionar silenciosamente. Al pasar por tantos semestres juntos era cada vez más común faltarnos al respeto mutuamente y sin ningún comedimiento. Las bromas que comenzaron siendo pequeños chascarrillos mutaron en soeces ataques y vulgares eufemismos de lo que sea que a alguien se le ocurrió que te parecías. Un cerdo, un mosco, un ave, Juan Gabriel, un adicto a las metanfetaminas, un afónico y reservado individuo, un bebé, un gato, una cabra, una chiva, Riddick, etc. De hecho, hay registros de que a un desafortunado individuo le pusieron más de 10 apodos. Cada uno de ellos cruelmente elucubrado, pero debo admitir, la mayoría de ellos muy ingeniosos y en ocasiones, divertidos.

Apodos como “Donitas”, “Gata”, “Mosco”, “Mudo”, “Chango”, “Arqui”, “hobbit”, “bastardo”, “Señora”, “Gañán”, “Chiva”, “Waka”, “Carlito”, “Grosera”, “Meñe”, “Pickles”, “Drugs”, “Peloy”, eran la forma común de dirigirse a muchos de los sujetos que hacían las veces de estudiantes de mecatrónica.
En ocasiones, ni siquiera era necesario poner un apodo. Simplemente, con pequeñas contracciones o modificaciones de su nombre bastaba: “Chuy”, “Cabra”, “Tscel”, “Betillo”, “Arqui”, “beto”, y muchos más ejemplos lo corroboran.

Había un sujeto en especial, que desde las sombras ponía apodos siguiendo un bajo perfil. Memo. Este hijo de canina se encargó de poner apodos a medio salón y prácticamente salir ileso en la guerra de mierda que todos se tiraban. Es, aunque me castre la palabra, lo que se le conoce como “chingaquedito”. Tiraba carro muy seguido, ponía apodos y molestaba profesores, todo en el barullo del salón. Aunque casi siempre invisible, atacaba ferozmente con un comentario que pwneaba a uno, pero hacía vomitar de risa al resto.

Había muchas otras formas de castración. Por ejemplo, si alguien con una seña característica intentaba hablar era seguido por interminables onomatopeyas de lo que sea que se parezca.
Para ejemplificar, tomemos al siempre servicial Arqui:

Cuando el Arqui intentaba hacer algún apunte verbal, o realizar alguna pregunta, el parecido implícito que tiene con un mosquito era explotado por el resto del salón, para que, en cuanto comenzara a hablar, un castroso sonido se hiciera escuchar por todo el salón:

(Léase como zumbido de mosquito)
Pssssssssssssssssssssssssssssss… sssssssssssssssssssssss….ssssssss

Cuando Hasmalim intentaba hablar:
(Léase como una onomatopeya del sonido de un cerdo)
Qui… quiiiiiiii… quiiii.

Y algunos otros que nunca entendí del todo.
Gritos como: Yiiiiiiiiijjjjaaaaa, WakaWakaWakaWawawawa, ¿Todo bien? Etc. Etc. Eran molestamente disparados en instantes.


Capítulo. 4. Que trata de los profesores

Some people say that's what drove him to madness. Others say, you know, no


Corría el tercer semestre. Ciertamente en el que peor promedio obtuve, y del que no me pude liberar sino hasta muy avanzada la carrera. Los profesores variaban considerablemente. Un sujeto cuya característica principal y la razón por la cual, todos lo conocen, es por su increíble semejanza con un cadáver. No solo en su físico, sino también en su antipática y serena forma de dar clases. Con ojeras similares a las de un mapache y con un caminar frío y lejanamente elegante, es el terror de los primeros semestres de electrónica y mecatrónica. “El Muerto”. Ese es su apodo. Casi nadie recuerda su nombre, pero puedo asegurar que ciertamente no lo olvidarán. Fue el culpable de retrasar a muchos. Hizo que hasta el más holgazán estudiara como si no hubiera un mañana y aun así, lo reprobó. Fue algo… hermoso.
En ese mismo semestre, teníamos otro profesor, también de peculiar característica. Aunque nadie lo ha probado inapelablemente, se dice y no tengo ninguna razón para dudarlo, de que es lo más gay desde que lo gay llegó a gaylandia. Su acompasado caminar, su voz aguda y su maneras tan femeninas, hacen dudoso que sea heterosexual. Gracias a este detalle, sigue siendo presa de innumerables bromas. Además, el tipo es castroso como solo los de cabello rizado pueden serlo. Se rumora que alguna vez reprobó a alguien en un segundo especial (la última oportunidad para pasar una materia, querido y teórico lector no conocedor de los procedimientos del ITSLP) y fue encajuelado durante varias horas. Nadie ha podido comprobarlo, pero el rumor existe. Además, aunque algunas personas lo consideran como un excelente físico, sus habilidades matemáticas son tan dudosas como la piedra filosofal… alguien asegura que alguna vez existió, pero ya no más. El castroso y por qué no decirlo, puñal Enderle. A él me refiero. Él ciertamente le da mala fama a los homosexuales. Si alguno de ustedes, queridos y teóricos lectores está pensando en batear del otro lado, por favor, no sea como él.

Hay tantos profesores… esto me tomará algo de tiempo. ¿Por dónde empezar? Vayamos a primer semestre… eligiendo al azar, tenemos al profesor George, A.K.A. el skato. Cruelmente apodado por los estudiantes, este profesor que tiene una deficiencia en las extremidades por tener varios músculos atrofiados, era en términos simples, la ley. No exigía más de lo estrictamente necesario… que fueras a sus clases más o menos seguido, que hicieras más o menos bien las tareas y eso era todo. Era un profesor que sabe muchas cosas. Pero es de la clase de profesores que son desperdiciados, porque su nobleza extrema, es confundida con idiotez. Podías ir cualquier día a preguntarle algo y amablemente te contestaba. Si necesitabas realizar una práctica, simplemente se limitaba a indicarte en dónde estaban las herramientas para que fueras por ellas en cuánto las necesitaras. No había más problema. Si descomponías algo, no importaba. Eres un estudiante y estás aprendiendo… para eso está el laboratorio.
Para desgracia de las nuevas generaciones, ya se retiró. Es una lástima, ya que ciertamente hubieran aprendido con él… de haber querido.

Siguiendo tenemos al Gallo, conocido en Ing. Mecánica como “Sin cuello”. Tuve la desgracia de que me diera estática y termofluidos. Sus conocimientos de estática… pues… no son tan malos. Sabe lo que sabe y nada más. Lo que no sabe es mucho pero lo que sabe trata de enseñarlo. El muy pendejo perdió mi examen. Un examen en el que saqué 100, pero el infeliz me puso 80. Así, porque pasó una abeja, lo picó y se le hincharon los huevos. Eso, como puedes comprender, querido y teórico lector, me bajó el promedio hasta patearme las bolas. Sin embargo, en termofluidos era otra cosa. Sus conocimientos de termodinámica son tan buenos como mis conocimientos de economía. O sea, nada. Sus conocimientos de mecánica de fluidos son tan buenos como mis conocimientos de medicina. O sea, únicamente sabemos lo que sale en Dr. House. Y como en Dr. House, nunca se habla de mecánica de fluidos, pu’s está jodido. Siendo yo el único con una remota posibilidad de acreditar la materia, en examen extraordinario, el profesor considera que es un buen momento para aceptar sobornos. Así que con un “amazing comback”, todo el grupo pasa. Al menos 90% del salón pagó. Eso en verdad, es deprimente.

Hay tantos profesores. Ya hablé de algunos de ellos en post pasados. El Angelino, la María, la molesta “Rosy”, Pedrito, el Catarino… etc. Etc. No me detendré a hablar de ellos.

Prosiguiendo, tenemos al Dr. Arturo Herrera. Este bastardo, es el hijo de puta más grande que el mundo haya tenido la desgracia de traer a la vida. Es un huevón de mierda. Saben qué tan floja es la chingada… pues el es todavía más flojo. Corrupto como el que más, acepta dinero no solo para pasar a los estudiantes, sino también, se rumora por ahí, que para “meterlos al Tec”, según se me ha informado. El título de Doctor que le puse al principio del párrafo, fue en actitud irónica, puesto que sus conocimientos son tan pocos que si fueran un poquito menos, comenzaría a olvidar. Él es el culpable de que no sepa dinámica. Él es el culpable de que muchos mecánicos no sepan “Mecánica de Sólidos”. El es el culpable de que la única materia que podría actuar como filtro para industriales (Física para niños) sea únicamente un trámite.
Es sin lugar a dudas, el peor profesor que haya tenido la desgracia de conocer. Lo peor de todo, es que las autoridades y hasta los mismos profesores del tecnológico lo saben. Pero nunca hacen nada. Zanganean y ponen “buzones para sugerencias”, como una forma de mejorar la calidad.
Puta madre, si quitaran a profesores como él, la calidad del tecnológico subiría exponencialmente.
La mejora que hacen con las “evaluaciones de los profesores”, es irrisoria. Para comenzar, aunque tengan un sistema bien cabrón basado en Internet que permita hacer la evaluación más rápida, deberían mejorar sus preguntas. Las preguntas muestran números simples, que pueden cambiar dependiendo del grado de indiferencia de los alumnos. Un profesor pudo haber encargado un trabajo de toda la desgraciada materia y con eso cubre el curso. Ya se ganó unos puntos por haber terminado todo el programa. Y los alumnos, cuando llegan a la industria, bien atorados. Pero el tecnológico se levanta el cuello porque todos sus profesores ven el programa completo.
Las opciones que dan son una mamada. En la pregunta, ¿Cómo calificaría el desempeño de su profesor? Nos dan las siguientes opciones:
a) Muy bueno
b) Bueno
c) Regular
d) Malo

… No vengan. En el caso del idiota de Arturo Herrera, su desempeño es pésimo. De hecho, es menor que pésimo. Dudo que en todo el semestre hayamos tenido una semana hábil de clases. Ponía problemas de libros de preparatoria en los exámenes, puesto que es el único nivel de problemas que tal vez, puede resolver. De mecánica vectorial, está entre “de la verga” y “muy de la verga”.
En las encuestas de los profesores, las preguntas para él deberían cambiar por:
Su profesor:
a) Vale madre
b) No vale madre
c) Ambas
d) Todas las anteriores.


Hasta aquí dejo este capítulo. Son muchos profesores y el tiempo es poco.
Antes, quiero hacer un homenaje a los profesores que siento que fueron buenos profesores, que nos hicieron aprender, o, que al menos, lo intentaron. A ellos, los saludo y les pido que sigan igual.

Mtra. Rebeca, Ing. Escalante (A.K.A. Crílin), Ing. Pedro, Mtra. Villalpando, Ing. Ramón (A.K.A. Angelino), y el profe que nos dio Manufactura Avanzada que no recuerdo como se llama.


Capítulo 5. Que trata del servicio social comunitario


"My goal is not to wake up at forty with a bitter realization that I wasted my life at a job I hate because I was forced to decide on a community service in my teens.

Más o menos en esos tiempos, nos llegó el primer pago de la beca. Era simplemente hermoso tener dinero por el simple hecho de estar estudiando… o al menos, por fingir que lo hacías. Únicamente teníamos que vender 10 castrosas e inútiles reglitas que hacía la Cruz Roja y listo. A disfrutar de algunos miles de pesos al año. Si en ese entonces nos daban cerca de 9 mil pesos al año y únicamente debíamos vender 10 reglas de la Cruz Roja a $10.00 cada una, era algo simple. Te autocomprabas las reglas y listo. Perdías cien pesos, pero ganabas nueve mil. Rendidor ¿no?
Tiempo después, alguien se dio cuenta de que esto no cumplía con la enseñanza social que nos querían impartir y se nos sermoneó que no debíamos hacer eso, sino venderlas entre la sociedad para concienciar a los compradores de la importancia de tan venerable institución. A todos nos valió madre y decidimos seguir con lo nuestro. Tal vez una o dos personas con mucho cabello en la frente hayan tratado de vender las 10 reglas, pero concluyentemente no fue la mayoría.

Después de esto, decidieron cambiar la forma de recolectar dinero para la cruz roja. Nos dieron un botecito, de dimensiones pequeñas, pero de volumen considerable (se nota que alguien puso atención a sus clases de cálculo diferencial) y nos dieron la instrucción de llenarlo hasta donde sea posible, pidiendo a las personas una amable y generosa cooperación. No obstante, de igual manera, el botecito fue llenado cambiando algunos billetes en monedas de baja denominación y con ayuda de uno o dos vecinos y el bote parecía estar suficientemente lleno. Algunas personas, sin embargo, concientes de la gran cantidad de cabello en sus frentes, fueron al centro a realizar lo que ellos llamaron “botear”. Simplemente iban a las plazas más importantes de la ciudad para pedir que los transeúntes que simpatizaran con la cruz roja depositaran algunas monedas. Batallaron horrores, pero al final terminaron satisfactoriamente la tarea encomendada.

En los siguientes semestres, prefirieron que el servicio que teníamos que realizar fuera un servicio social comunitario y no un servicio que remunerara dinero, así que pasamos de recolectar dinero para la cruz roja a dar asesorías los sábados a algunos retrasados alumnos de preparatorias.
Esto ciertamente era nuevo. Dar asesorías a un montón de adolescentes que tienen la peculiar habilidad de ser más tarados que el resto de su salón. Era descorazonador ver que ya estaban a un paso del nivel superior y no sabían ni siquiera las reglas básicas del álgebra. Maldita sea, no pido que sepan encontrar los eigenvalores de una matriz hermitiana compleja o que encuentren la transformada de Fourier de una función discreta. Demonios, ni siquiera pido que sepan integrar, pero estos sujetos no podían siquiera factorizar una función cuadrática. Otros compañeros que también impartían asesorías también sufrían con sus apáticos alumnos. No podían ni siquiera usar la calculadora adecuadamente. Me pregunto si alguna vez fui así. Obviamente fui un adolescente con las hormonas brotando por los poros y demás, pero ciertamente creo que un universitario no me hubiera pendejeado como yo lo estoy haciendo ahora con esos patéticos remedos de estudiantes de CBTIS.
El siguiente año también me tocó dar asesorías en el mismo lugar. Pasó exactamente lo mismo, pero en menor cantidad, ya que afortunadamente para mí, casi nunca tuve alumnos. Pero para los que los tuvieron fue una verdadera agonía.
Los alumnos estaban tan mal que ni siquiera sabían qué coño era una pulgada. La capacidad de retención de fórmulas de movimiento rectilíneo uniforme en una dimensión al parecer era demasiado y las olvidaban cada clase. Yo digo que lo único a lo que iban era a ver el llamativo escote de su asesora. Yo lo hubiera hecho.


Capítulo 6. Que trata de los compañeros.

Why even in my dreams, everybody comes to an idiot?


No conozco a la mitad de ellos, ni la mitad de lo que yo querría, y lo que yo querría es menos de la mitad, de lo que la mitad de ellos merece.

Será ciertamente complejo hablar de todos los compañeros que tuve. Son muchos, y la gran mayoría de ellos no hizo nada memorable por mí o contra mí. Por tal razón, únicamente pondré a los que, a mi gusto, merecen un lugar aquí. Todos los demás, son demasiado X. Pero no te sientas mal por ellos, querido y teórico lector. Estoy seguro de que ellos entenderán que no aparecer en mi blog no es el fin del mundo – aunque no lo crean de verdad – y visualizarán esta experiencia desagradable en un aprendizaje.

Antes de comenzar, quiero externar algo muy importante. Este es mi blog. Puedo externar lo que sea de quien yo quiera. Puedo simplemente decir que un goey es un pendejo o que tal tipa es una zorra, por el puro placer de hacerlo. Y eso lo puedo hacer simplemente por que tengo libertad de expresión, aunque no te guste.
Por último quiero decir que voy a hablar únicamente de las personas que estuvieron conmigo en el Tec. No voy a hablar de las personas que estuvieron conmigo en el Cobach, ni tampoco voy a hablar de tí si me conoces por que soy “el primo de un amigo”. No voy a humillarlos mundialmente poniendo su nombre completo o su celular o su dirección. Con su simple nombre o apodo bastará. Si escribo algo de ti que no te gusta, házmelo saber por mail. Tal vez mi nunca antes equivocado juicio lo esté en esta ocasión. No vengas a postear comentarios como “Y tú pinche Teh Dib eres bien gay e impotente”. Digo, tienes todo el derecho de hacerlo y aunque no lo creas, no borraré ningún comentario siempre y cuando cumpla con los reglamentos de blogger. Puedes llegar y decirme pendejo, culero mierda, sangrón, mamón, puto, ojete, gay, maricón, lamebotas, papanatas, hijo de perra, imbécil, zoquete, y sus derivaciones en cualquier idioma, etc. Indudablemente, si mis compañeros no saben quién es el que escribe el blog, pueden averiguarlo fácilmente.
Como sea, ten en cuenta que esta es mi opinión y yo puedo decir lo que sea. Si lastimo tus sentimientos, no me interesa en lo más mínimo. Si me dejas de hablar me va y me viene. Si ya no visitas mi blog o ya no dejas comentarios, no voy a morirme de coraje.
Puedes ahorrarte todo esto si te saltas el capítulo… pero ciertamente no lo recomiendo…

Arqui.- Únicamente puedo decir cosas malas de él. No es muy avispado. No es muy agradable, ni siquiera es muy amable. Por alguna razón, creo que él terminará siendo un necropedozoofílico fetichista. O, si no entiendes estos términos complicados del último semestre de la maestría en psiquiatría, que va a desear fornicar con un cachorro muerto que use tacones.
Chuy.- Pudo haber sido una gran persona. Pero su edad y tomar al Arqui como modelo a seguir no fue una decisión favorable. Es graciosamente iracundo.
Betillo.- Es uno de esos sabelotodos. Es uno de esas personas que siempre están tratando de hacer algo. Si el profesor dice que algo es muy complicado para hacerlo, ahí tienen al betillo llevándolo al día siguiente. Aunque es molesto, ciertamente es una cualidad. Fue interesante trabajar con él y no me molestaría trabajar con él alguna otra vez.
George.- Lo único que puedo decir de él es que tiene una habilidad medianamente aceptable para la programación en alto nivel. Alguna vez podría llegar a ser un lammer famoso. Y eso NO es un cumplido. Pero no me molestaría volver a trabajar con él.
Diana.- Lo único que puedo decir de ella, es que es la persona más impuntual que conozco. Y eso SI es un cumplido.
Josué. Siempre me lo imaginé como una irresponsable persona, pero me llevé una agradable sorpresa al ver que trabaja y que lo hace bien.
Los mamados. Ni siquiera se sus nombres. Son los clásicos goeyes caritas del salón. Si fuera una de esas películas americanas, ellos serían los goyes del equipo de fútbol americano. La mayoría de ellos me caen mal. Y casi estoy seguro de que el sentimiento es mutuo.

Capítulo 7.- Que trata de los concursos de ciencias básicas.

I already go to a school where the kids all think they're cooler than me. I want to go to a school where the kids all think they're smarter than me, too.

Este capítulo está diseñado para erigir un monumento de emblemático y retórico agradecimiento a aquellas personas que de alguna u otra manera me regalaron la oportunidad de participar en un concurso nacional.
Como siempre, por orden alfabético:

Cervantes, Daniel, Franco, Luis, Pako, Rosalba, Roy.

A todos ellos, les agradezco su esfuerzo y su dedicación. Sin embargo, me gustaría realzar a los participantes del primer equipo. El primer equipo de básicas del cual fui parte. El que considero el mejor y más calificado equipo, aunque los resultados no hayan sido tan favorables. Les dedico un reconocimiento:
A Daniel, simplemente la persona más inteligente que conozca.
Al Ing. Franco, cuya habilidad matemática es superior, y que en estos momentos se encuentra realizando una maestría. Y una maestría para hombres, no niñerías.
A Pako, que espero pronto se decida por una sola carrera y la aproveche, puesto que tiene lo necesario, aunque sea fresa.
A la Ingeniera Rosalba, que es la única persona de la que puedo hablar puras cosas buenas.

Y claro como no, a los participantes del concurso en lo correspondiente a las ciencias económico administrativas.

Carlos, Gaby, Matamoros, Prissila.

Recuerdo con gusto y aunque me duela admitirlo, con una sonrisa en el rostro, aquél regreso de la ciudad de Matamoros, en la que animadamente, con sus voces de tenor y de soprano, Daniel y el Lic. Carlos, respectivamente, cantaban afinadamente “La Santa Catarina”.

Y también un agradecimiento a todos los profesores que hicieron posible esto: Al profesor Noé, al Profesor Blanco, al profesor Blázquez, a la Maestra Griselda, Al Ing. José Luis, al ing. Ponce (A.K.A El Muerto) y al profesor David.

Y un agradecimiento muy especial, a la Maestra Rebeca. Ella fue la culpable de todo. Ella nos juntó, nos animó a participar y siempre que pudo nos proveyó de todo lo que necesitáramos. Ojalá que los próximos concursantes tengan la suerte de tenerla como Asesora.





Aquí termina este post. He escrito suficiente. He tratado de resumir en 16 hojas de Word toda una carrera de Ingeniería. No lo logré.
Pero he dejado al menos un testimonio de lo que fue. El resto lo dejo a su imaginación.
Espero que si fuiste uno de mis compañeros de generación, recuerdes alguna de esas actividades y tengas una sonrisa mientras lo haces.
Si eres un estudiante de mecatrónica, espero que te hayas identificado con alguna de las anécdotas que menciono y que te sirvan para saber que esperar.
Si me conoces, espero que este post te sirva para ver como he cambiado desde que me conociste.
Si no me conoces y si no eres mecatrónico, espero que este post al menos te haya servido para distraerte por algunos minutos, espero que te haya servido para imaginar las situaciones desde otra perspectiva y que te hayas reído con nuestras desventuras.

En un post pasado, escribí: Plus ça change, plus c’est la même chose : Mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

Y las cosas, ciertamente siguen igual.

Adieú

P.S. Me gustaría realizar otro homenaje Post Mortem a mi abuelita, puesto que el último regalo que me hizo, como previendo el fatal desenlace fue una figurita de porcelana, de un gracioso monito ataviado con una toga y un birrete, recibiendo un diploma de graduación.