domingo, marzo 11, 2012

Centésimo quincuagésimo cuarto - Aburrimiento -


Desde que regresé de la Ciudad de México, me he aburrido mucho. Y no digo esto como el clásico mamón que se va de su rancho y regresa años después hablando fresa y diciendo "es que en este rancho no hay nada que hacer" y que se cree cosmopolita. En realidad ni sé si hay o no cosas qué hacer en esta ciudad. Digo, San Luis Potosí no es un rancho, así que imagino que hay muchas cosas que hacer y lugares qué visitar. Sin embargo, no me refiero a eso. 

Aquí no tengo desafío intelectual. En la Ciudad de México estaba en la maestría. Cosa nada fácil. Todos los días tienes que ir temprano sin saber a qué hora saldrás. Todos los días tenía que hacer un programa o calcular una trayectoria o demostrar estabilidad o experimentar hasta el hastío con robots. Tenía que discutir con mis compañeros sobre sus trabajos y los míos. Tenía que leer artículos por montones. Tenía que pensar. 
Aquí, estoy trabajando como profesor en una universidad y en una prepa. En realidad no me molesta ser profesor. En el nivel superior es bien fácil, porque los alumnos me ponen atención y soy bastante bueno en las materias que imparto. En la prepa no es tan fácil: los alumnos no quieren aprender (no todos) sólo van a la prepa porque tienen que ir. Se la pasan platicando, escupiendo gritando improperios. No son muy diferentes a un montón de simios. 

Participo en uno o dos proyectos con algunos compañeros. Eso es interesante porque pone a prueba mi imaginación, más no mis habilidades. Es disfrutable el pensar cómo resolver un problema (relativamente sencillo) pero cuando ya tienes la respuesta ya se acaba la magia: el hacerlo ya no requiere inteligencia. Un técnico podría implementar las soluciones después de que se plantean. Lo que nos ha detenido por ahora es la falta de dinero y el hecho de que somos empleados sometidos a un riguroso horario. 

Regresando a mi punto original: no tengo desafío intelectual. Me aburro. Dar clases no es fácil, pero en definitiva no es tan complicado como los profesores quieren hacernos pensar. Se genera mucho trabajo al tener que revisar tareas y exámenes y en ocasiones pierdes todo un fin de semana, pero no es difícil. Entonces no tengo que pensar mucho. O más exactamente, casi nada. Había imaginado que para este momento ya habría escrito al menos tres artículos más para someterlos a un congreso y que uno de revista estaría en camino. Pero no he podido. Llego muy cansado de las clases, no mentalmente, pero físicamente exahusto. El callar a los alumnos a cada momento, el pasearme incesantemente escribiendo por el pizarrón, me cansa. Preparar clases para los chavos de prepa es considerablemente difícil, no tanto porque las materias lo sean, sino porque las cosas que ahora me parecen obvias para ellos son extremadamente complejas. A veces siento que son como retrasados. Sé que no es su culpa, pero no puedo dejar de pensarlo. 
Entonces llego a mi casa y leo medio artículo o algo así y ya no me quedan ganas ni para estudiar a fondo el artículo, ni para proseguir con la redacción de los míos ni mucho menos para programar una simulación. 

Finalmente, hasta hace un par de días, apoyado por mi ex-asesor y basándome en un paper que escribí hace unos meses, logré escribir un artículo para un congreso internacional. Quedó muy bien, debo admitir. No sé si lo acepten o no y siendo sinceros creo que no me importa. Si lo aceptan, yo no podría ir a Portugal a presentar el artículo, ya que no tengo dinero para hacer ese viaje y no creo que la escuela quiera pagarlo, ya que no soy empleado de planta. Si no lo aceptan, pues ya lo escribí. Y creo que eso es lo que me importa, porque fue lo más emocionante que he hecho en meses. Me mantuvo interesado, entretenido y desafiado. 

Mientras encuentro otra cosa igual de interesante, aquí seguiré, muriendo lentamente por dentro. Por que si soy sincero, la lana que estoy ganando (que no es mucha, ni de cerca) está haciendo mucho paro en la casa. Y por lo pronto, eso es lo que importa.

viernes, febrero 03, 2012

Centésimo quincuagésimo tercero - Se fue la luz -

Hace una semana más o menos estába en la flojera en mi casa cuando repentinamente menguó la energía eléctrica hasta que finalmente cesó. Eso generalmente pasa cuando hay mucho aire, ya que mi casa se encuentra en una colonia en la que la mayoría de las casas tienen árboles muy grandes y estos rompen cables con sus ramas. 
Después de esperar un par de horas sin energía eléctrica, completamente aburridos y hastiados, nos percatamos de que la energía eléctrica ya estaba normalizada, principalmente porque un vecino puso su música a un nivel suficiente para patearme las bolas. Sin embargo, aunque todos los vecinos parecían tener electricidad, mi casa seguía en la penumbra. Eso ya se me hizo raro. Primero pensé que eran los tapones (elementos muy viejitos antepasados de las ahora muy comunes pastillas termoeléctricas). Pero como ingeniero que soy, las revisé y resulta que estaban a toda madre. Para verificar que no fueran, tomé mi multímetro y medí el voltaje que en teoría nos estaba entregando CFE: 0 V. La falta de mis 127 V de Corriente Alterna me perturbó, sobre todo porque todos los demás vecinos sí los tenían.

Haciendo una inspección minuciosa, logramos descubrir que el culpable de que no tuviera energía eléctrica era una rama que rompió el cable que va desde el cableado de CFE a exactamente mi casa. Ningún otro cable fue afectado. ¡Eso es una puta suerte!

A partir de ese momento se sucitaron una serie de hechos que relataré aquí en forma de bitácora. Ya que no tenía energía eléctrica, no había forma posible de entretenerme: no tenía TV, no tenía computadora ni Internet y no tengo uno de esos SmartPhones que tienen 3G y que seguramente en su siguiente versión podrán compartir 127 V así como comparten el 3G, así que redacté una bitácora en papel y la transcribo aquí.

Sin más que agregar, querido y teórico lector te presento:

Reputísima CFE
No volvamos a pelear, chiquita.


Hora 0.- Se fue la energía eléctrica. Ok, está haciendo aire no es raro. En un par de horas se arreglará.
Hora 2.- Todavía no llega la energía eléctrica. No deben tardar.
Hora 3.- Mi madre no puede cocinar lo que planeó. No hay licuadora. Se tiene que improvisar algo sencillo. 
Hora 4.- Todavía no llega la luz. Seguramente los huevones de mis vecinos no han reportado la falta de luz, así que hablo por teléfono para reportarlo. Efectivamente me dicen que es el primer reporte. Tiempo de espera para que vayan los técnicos: de 1 a 10 horas.
Hora 5.- Gasto los últimos 10 minutos de batería de mi laptop haciéndole saber al mundo mi status. Me entero que efectivamente, mi casa es la única sin energía eléctrica.
Hora 6.- La lectura se vuelve tortuosa sin electricidad. Ya está oscureciendo.
Hora 6.5.- Realizo la segunda llamada a CFE. Me dicen lo mismo: tiempo de espera, de 1 a 10 horas.
Hora 7.- Ya está oscuro. Encendemos velas.
Hora 9.- Comienzo a sentir los estragos del síndrome de abstinencia: No Internet, no TV, no libros. Me veo en la necesidad de platicar con mis padres.
Hora 10.- El aburrimiento nos vence. Vamos a dormir.
Hora 16.- Despierto. Todavía sin energía eléctrica. Desorientado trato de mingir. 
Hora 19.- Tercera llamada. Se disculpan en CFE. No es normal, dicen. Tiempo de espera de 1 a 10 horas. Me siento mal. Tengo gripe. Bastante.
Hora 24.- La luz solar hace llevaderas las cosas: puedo leer y desayunar. Me pregunto cuántos mails sin leer tengo. Imagino que son alrededor de 10. No saberlo mi incomoda sobremanera. Mi madre improvisa comida con lo que hay en el refrigerador, de lo contrario, pronto comenzará la putrefacción.
Hora 25.- Mi padre piensa que son los tapones. Verifico con multímetro que no sea así. Él no me cree. El hastío y la desesperación hace que él dude de mis conocimientos.
Termino de armar un cubo de Rubik de 4x4x4. La paridad me tomó las últimas horas y creo que es lo que me mantuvo cuerdo. Comenzamos a mostrar síntomas de paranoia: cada pequeño ruido, cada sombra que vislumbramos a través de la puerta nos parece un escuadrón de la CFE. Repetidos fallos deberían enseñarnos, pero al contrario, magnifican la expectativa.
Hora 27.- Nueva llamada. Nos dicen que el reporte fue pasado a la supervisora y no deberían tardar mucho. Mucho es un término ambiguo. En esta misma hora llamamos desde la casa de un vecino. Nos estamos convirtiendo en un dolor en el trasero para la persona que nos responde.  Me preocupa mi novia. No he podido comunicarme más allá de un escueto mail hace más de un día
Hora 30.- Estoy en estado catatónico. Respondo como autómata a lo que dice mi padre: sí, no. La oscuridad ya es total. No puedo hacer otra cosa más que ver pasar el tiempo. ¿Es que realmente dependo tanto de la electricidad? Nuevamente me pregunto por mis correos. ¿Cuántos serán? ¿De quienes? ¿Habrá alguien que me escribió necesitando una respuesta inmediata? Prometí entregar unas gráficas hoy. ¿Entenderán mi situación? Eran realmente urgentes.
Hora 32.- Mi madre platica sobre la muerte de mi abuelita. He escuchado esa historia varias veces, sin embargo, parece de alguna manera a ayudar a mi madre a sobrellevar la imposibilidad de hacer algo por las noches.
Hora 45.- Despierto. Veo un resplandor entrando por mi puerta ¡Debe ser energía eléctrica! Me levanto como niño en Navidad y enciendo la luz. Sólo el sonido de mi mandíbula rumiando mi decepción se activa. El resplandor era simple luz solar.
Hora 48.- Nueva llamada. Nos aseguran que ya no tardan, en una o dos horas llegan. Nos indican que alguien debe estar en la casa en todo momento para recibir a los de CFE. La comida en el refrigerador comienza a mostrar signos de descomposición. Tenemos esperanza, pero nos mostramos escépticos.
Hora 49.- Mi celular se queda sin batería. Ahora sí estoy preocupado. No sólo no me he comunicado con nadie, ahora tampoco podrán comunicarse conmigo. 
Hora 50.- Nueva llamada. ¡50 horas! Me pasan con el supervisor. "Hoy mismo se arregla", me asegura. Ya llamaron al centro operativo y no deben tardar. Mi madre hierve lo que puede del refrigerador para evitar su putrefacción.
Hora 53.- Otra llamada. Si no llegan en las próximas horas oscurecerá y no vendrán hasta el siguiente día. El aburrimiento comienza a convertirse en ira.
Hora 69.- Una llamada más. El reporte ya lo tiene la cuadrilla, deberían llegar pronto. Lo mismo de siempre. Lo único que sobrevivió a la putrefacción son unos frijoles que mi madre hirvió. Se convirtieron en un buen desayuno. Consideramos ir a las oficinas de CFE, pero dudo que ayude. No creo que tengan un "Centro de atención a quejas de más de 60 horas". Mi madre ya muestra signos de desesperación. Ella no es buena escondiendo que está nerviosa. Mi novia ya debe estar enojada. No me he comunicado con ella en más de tres días. Seguramente me ha escrito mails, enviado SMS o inclusive tal vez me habló por teléfono. Debe pensar que estoy enojado con ella. He gastado todo mi dinero en antibióticos y no me sobró ni $6.00 para un cyber. Además, no tengo ganas de salir. Me lloran mis ojitos.
Hora 72.- Ya tres días. Uno supondría que te acostumbras con el tiempo, pero cada vez se hace más pesado.
Hora 76- ¡Llegaron! Finalmente llegó el técnico. Le toma 10 minutos evaluar la situación, traer una escalera, cortar unos cables por aquí, pegar unos cables por allá y finalmente tenemos energía nuevamente. Esperamos 76 horas para que un técnico arreglara el problema en 10 minutos. Y sólo tuvo que suspender la energía de la calle por más o menos 30 segundos. 


miércoles, diciembre 21, 2011

Centésimo quincuagésimo segundo - Tercera parte -

Hace un par de días, fui con un amigo a jugar maquinitas (sí, maquinitas ¿te vale madre, no?). Al salir del lugar nos quedamos platicando algún tiempo cerca de ahí. Unos minutos después de comenzar nuestra plática, una señora no muy vieja se nos acerca con cara de preocupación y al tiempo que nos muestra un celular nos dice que su hijo está enfermo y que no tiene dinero para la consulta médica ni para el tratamiento, que nos vende su celular por lo que trajéramos, que ella sólo necesitaba para la consulta y los medicamentos. 
Mi primera reacción, casi como un reflejo, fue acercar la mano a mi bolsillo para asegurarme que mi cartera estuviera ahí y que la señora no fuera una distracción para ser cartereado. Lo siguiente que pensé fue que el teléfono era robado y que la señora pertenecía a una pequeña banda de asaltantes que querían efectivo para comprar alcohol o drogas. Lo tercero que pensé fue que en cuanto sacara el dinero de mi cartera (que por cierto traía nada más como $50.00) un tipo llegaría por detrás para apuñalarme en el hígado con el fin de llevarse el poco dinero que llevaba. 
Finalmente reaccioné y le dije "no traigo dinero, perdón". Mi cuate, casi al mismo tiempo, le preguntó cuánto cuesta la consulta médica y la señora le respondió inmediatamente que $35.00 (hay un Dr. Simi cerca de donde estábamos). Él sacó $40.00 de su cartera y se los entregó a la señora, que respondió extendiéndole el teléfono a mi cuate y que él rechazó de manera cortés. Después de dos minutos en los que mi amigo me decía que "con la salud no se juega", pasó nuevamente la señora, a paso veloz, cargando a un niño de no más de un año envuelto en una cobija verde. Nuevamente le dio las gracias, esta vez sin detenerse y se perdió dentro del consultorio médico. 

Viví 2.5 años en la Ciudad de México. Creí que había regresado sin muchos cambios a San Luis Potosí, pero veo con desilusión que no ha sido así. El vivir tanto tiempo en una ciudad tan agresiva me cambió. Me hizo desconfiar de la gente, me hizo inmune a sus necesidades más básicas. Vi a una señora a la que le faltaba poco para deshacerse en lágrimas sabedora de que la salud de su pequeño hijo estaba menguando y no hice nada más que preocuparme por pinches cincuenta pesos que traía en la cartera. 
En el DF fui asaltado una vez caminando y una vez en un pesero chafa. Una vez se metieron a robar en el depa en el que vivía (afortunadamente no había nadie) y escuché incontables historias de cómo varios compañeros habían sido asaltados o robados o estafados. Todo eso me hizo ser una persona vigilante, desconfiada, que inventa toda clase de teorías paranóicas con tal de que la desconfianza sea justificable. 

Tampoco puedo decir que antes de irme al Distrito Federal era una mejor persona y que hubiera ayudado a la señora. Pero creo que no hubiera sido indiferente ante su solicitud. Creo sinceramente que si no me hubiera ido la hubiera auxiliado. En efecto, la Ciudad de México me cambió. Esa es una de las cosas que no me gustaron de la capital del país. Muchas personas cuentan orgullosas - entre ellos mis propios padres - lo increíblemente  atentos que son los chilangos cuando hay un terremoto y como se ayudaron unos a otros en el temblor del 85. Sin embargo, eso no me tocó verlo. Sólo mis compañeros en la maestría eran atentos y muy amables. El resto de la ciudad te ve con desconfianza. Si no te conocen, asumen que eres un peligro potencial. No eres un ciudadano, eres un posible delincuente. 

La Ciudad de México es muy bonita. Tiene calles muy grandes, edificios muy altos, monumentos muy chidos, museos a granel, etc. Plazas, jardines, parques, todo eso que las grandes ciudades necesitan para ser chingonas entre sus pares. Sin embargo, dicen - y dicen bien - que lo único malo del DF es que está lleno de chilangos. ¿Y cómo lo niegas? 
¿De qué sirve que tengas unas calles bien vergas si están llenas de vendedores ambulantes? ¿De qué sirve que tengas una plaza bien chida si está llena de basura? ¿De que sirve que tengas uno de los transportes más eficientes del mundo (el metro) si no le ceden el asiento a una viejita que no puede ni con su bastón? 

La Ciudad de México tiene muchas cosas buenas, pero por cada cosa buena que tiene, aparecen dos malas. No me gustó que cada persona en la Ciudad cree que es más importante que el resto. No me gustó que cada persona en la Ciudad se aprovecharía de ti si le das la oportunidad. Y lo peor es que la misma ciudad te va formando de esa manera. No me gustó que hay cabrones que se van drogando en el metro y no pasa nada, pero si intentas tomar una fotografía los policías te caen como si fueras terrorista. No me gustó que haces tres horas para ir de una parte de la ciudad a otra, porque hay más pinches carros que familias y ni un cabrón te cede el paso. 

Pero sobre todo, no me gustó el racismo. Si vienes de provincia, eres estiércol. Así de fácil. Para los capitalinos, los de provincia no sabemos nada, no aguantamos nada. Si nos quedamos viendo un edificio de un chilión de pisos nos acusan de nacos. Si nos asaltan, nos dicen que fue porque tenemos cara de pendejos y se nota a leguas que somos turistas. No importa lo que hagas, en la Ciudad de México siempre serán más cabrones que tú, porque estudiaron en una escuela del IPN o de la UNAM. Vimos las mismas materias, tuvimos los mismos planes de estudio pero por alguna razón, no valemos verga según el criterio de los chilangos. Tus pedos apestan más que los de ellos, tu acento es el gracioso y putísima y se casó de blanco ¡Todo lo malo pasa por culpa de los de provincia! Por supuesto, no todas las personas piensan de esa manera, pero la mayoría sí.

Y como dije, les ofrezco galletas:



sábado, diciembre 03, 2011

Centésimo quincuagésimo primero - M.C. parte 2 -

Aunque ya me gradué, fui las últimas dos semanas a la escuela. Tenía el pretexto perfecto: esperar el trámite burocrático para que me entregaran el acta de examen y todas esas mamadas. Sea como sea, aunque ya no tenía absolutamente nada que hacer en la escuela más allá de limpiar mi escritorio, estuve asistiendo casi con religiosidad. 
Y sin temor a equivocarme puedo asegurar que fueron las dos mejores semanas de la maestría. 

La primer semana me la pasé leyendo artículos de un tema que me interesa y del que quería saber más. También leí algunos capítulos de las tesis de algunos de mis compañeros (y amigos) de la maestría que me confiaron la responsabilidad de hacerla de "editor". En general era encontrar errores ortográficos o gramaticales puesto que no tengo ni el conocimiento ni la habilidad para juzgar sus ecuaciones o sus resultados (todavía). 

Durante la última semana pernocté varias veces en la escuela. Otros días más, aunque no me quedé en la escuela salí a horas muy avanzadas de la noche. Me desvelé bastante, sufrí frío y hambre, me atacó una frustración que llegó a parecer una patada en la entrepierna porque uno o varios robots no hacían lo que quería. Y sin embargo no dejaba de sonreír. Tal vez haya sido el hecho de que yo estaba ahí para tratar de ayudar y que me sentía útil o por el hecho de que me encontraba hacien do lo que me gusta sin presión alguna o que estaba con grandes amigos, pero el desvelarme, el analizar gráfica tras gráfica y verificando línea por línea de un interminable código me hizo feliz. Me sentía contento. Me gustó como nunca me había gustado algo. Para mí no era un proyecto escolar que había que entregar so pena de reprobar. No existía esa presión. No era una obligación. Estaba ahí porque me gustaba. Porque yo quería. Siempre he querido ser investigador. Principalmente para saciar una necesidad de aprendizaje y conocimiento que no parece tener fin. Y de alguna manera mientras leía los capítulos de las tesis o programaba y fallaba miserablemente la compilación de un programa o sugería aumentar o disminuir una ganancia me sentí como investigador. Y me sentí bien. Creo que no me equivoqué al escoger ser investigador. 

Como dije anteriormente, tal vez lo que haya hecho que lo disfrutara tanto fue que compartía con amigos. Y eso me lleva a hablar de las personas que tuve como compañeros y que gradualmente se convirtieron en mis amigos. Bueno, no todos, pero sí varios. Inclusive más que los de la carrera, con los que conviví cinco años.

Cuando salí del ITSLP como el segundo promedio más alto, pensé que eso significaría algo en la maestría. Tal vez que llegaría a ser el chingón entre los chingones de mi generación, que tendría el respeto y admiración de todos. Que obtendría, como dice Sarah Silverman "All the pussy". Y pues resulta que no. Que no era ni el más listo, ni el más chingón. Putísima y se casó de blanco, ni siquiera era el más alto. El más mamón tal vez, pero bueno, a menos que seas actor porno gay, el ser mamón no es un cumplido. 
No sé si fue porque éramos un grupo más o menos homogéneo, o porque la maestría crea una hermandad que sólo los que hemos pasado por eso conocemos, pero en general nos llevamos muy bien. Los queridos y teóricos lectores que me siguen desde el ITSLP sabrán que no siento ni respeto ni admiración por mis compañeros - con una o dos excepciones - y que si los comparé con simios no era por mala onda sino por ser descriptivo.
Todo lo contrario para la maestría. Esta vez por mis compañeros no tengo otra cosa que una interminable admiración y un respeto perenne. No sólo son listos (tal vez más listos que yo), sino también son responsables y disciplinados. De cada uno de ellos admiro una cualidad y los envidio porque no la tengo. 

La pregunta más recurrente de las últimas dos semanas ha sido el ¿Qué voy a hacer? ¿Qué sigue para Dib? Casi en todas las situaciones en las que me hacen esa pregunta respondo parodiando a How I Met Your Mother. "Dejaré que Dib del futuro se encargue de eso". Sin embargo realmente no sé qué sucederá. Tengo claro que deseo hacer un doctorado. Y que deseo que sea pronto. Pero ya no tengo dinero. Deberé entonces trabajar algún tiempo para conseguir el suficiente dinero para comenzar el doctorado. Tengo la esperanza (y nada más que la esperanza) de poder incorporarme a la docencia en mi alma mater, para además de por supuesto trabajar, tratar de subir el nivel porque según lo viví, es bajo. Además, espero seguir publicando. Porque aunque no lo he posteado, sabrás querido y teórico lector que he publicado dos artículos de congreso internacional y tengo dos más en revisión. 
Por ahora, tengo el material para publicar un artículo de congreso, aunque sea nacional. Trabajaré con mi ex-asesor y uno de mis sinodales para intentar publicar un artículo de revista. No será fácil. No será pronto. Pero estoy motivado. 

En la próxima entrega hablaré de mi vida en el DF, lo que extrañaré y lo que no. Hablaré de mi triste y patético regreso a SLP y ofreceré galletas. 

jueves, noviembre 17, 2011

Centésimo quincuagésimo - M.C. -



Saludos, querido y teórico lector. 
Como ya se hizo costumbre, hacía mucho tiempo que no posteo nada. Mayoritariamente porque no tengo nada que postear, lo poco que tengo es bastante aburrido y ni siquiera es lo suficientemente largo como para hacer un post que valga la pena. Sin embargo, hoy tengo algo que postear. 

Finalmente, el lunes 14 de noviembre, después de 805 días de comenzar mis estudios de posgrado, me he convertido en Maestro en Ciencias de la Ingeniería Eléctrica con especialidad en Mecatrónica. Han sido dos años y medio muy pesados, muy entretenidos y muy satisfactorios. Muchas cosas pasaron en ese tiempo, tanto dentro como fuera de la escuela que me hicieron crecer no sólo como ingeniero, sino también como ser humano. 

Finalmente puedo hacer un post con mis impresiones de la maestría. Así que sin más preámbulo que las siguientes palabras, te presento:

Maestría
We could have had it all

Al salir de la carrera de ingeniería - sobre todo con un promedio tan elevado como el mío - crees que lo sabes todo. Crees que puedes resolver cualquier problema que se te presente, crees que si no sabes algo, puedes ir a un libro y encontrar las fórmulas y las teorías necesarias para que el mundo te la pele. En general es así porque los que deciden que la industria es lo de ellos, no tienen mayores problemas que hacer algunos layouts, algo de geometría o un CAD por aquí y por allá. Sin embargo, cuando llegas a la maestría, te das cuenta de todo lo que no sabes. Y es un puterísimo, por cierto. Según tú sabes matemáticas y resulta que sabes pura verga. Todo lo que llevas en la carrera es como la parte para dummies. Todo lo que llevaste en la carrera está bien chingón porque son ecuaciones lineales, pero llegas a la maestría y resulta que el mundo funciona con ecuaciones no lineales. 
Para no hacerte el cuento largo, y para no meterme con definiciones matemáticas que la neta no vas a entender, te diré que llegas sin saber ni madres. Poco menos que ni madres, para no verme tan exagerado.
Por tal motivo, es bastante pesado. El primer año de maestría, que es en el que llevas materias te desvelas tanto que es ridículo. Una tarea que debe entregarse en una semana resulta más complicada de lo que creías y lo que tú pensabas era un día de trabajo y seis de flojera se transforma en seis días sin encontrar cómo hacerla y un día de desvelada. Y así para todas las materias. Ahora ya no es importante que resuelvas 100 problemas para un examen. En su lugar, los Doctores asumen que ya sabes cómo resolver esos problemas y mejor te encargan demostrar teoremas o lemas o proposiciones. Luego, para asegurarse de que en realidad entiendes el concepto, te piden simular el modelo. Horas de programación que finalmente verás recompensadas al ver que la gráfica se mantiene en cero son tan comunes que parece irrisorio. 

Al menos en donde yo estudié mi maestría (CINVESTAV Zacatenco), los doctores son unos cabrones. En esta maestría tuve la fortuna de poder recibir clases de un Doctor egresado del MIT. Y tal Doctor es un cabrón. Sabe tantas madres que te cagas. Es tan condenadamente bueno que haría que Santa Claus vomitara de envidia. Querido y teórico lector, cuando estudias un posgrado en Ciencias con la intención de dedicarte a la investigación, lo que sueñas es que escribirás papers que revolucionarán los paradigmas actuales, que te presentarás en un congreso y tus pares se aglomerarán en tu conferencia. Y bueno, él es una de esas personas que logró tal sueño. En los congresos, cuando él expone, no hay asientos libres, las salas se llenan de personas de pie, poniendo atención a las diapositivas llenas de ecuaciones.
Es bastante raro saber que tus profesores han escrito libros que ahora son referencia obligada en ciertos temas actuales. Y sin embargo, muchos de los Doctores que me dieron clase tienen uno o varios libros en sus currículums. Es aún más raro ver cómo los libros de otras eminencias están llenos de referencias a artículos escritos por las mismas personas que están frente a ti, escribiendo una ecuación o apuntando con un láser al pizarrón. 

Cuando finalmente tienes la oportunidad de escoger tema de tesis, es más relajado. Al menos por una parte. Ya tú eres una especie de tu propio jefe, te mueves a tu ritmo y ya no hay tareas. Sin embargo, en la tesis ya estás sólo. Antes, la tarea era para todos. Si no entendías algo, le preguntas a un compañero y listo. Ahora, tú tienes que especializarte en tu tema, y a menos que uno de tus compañeros haga algo muy similar, nadie sabrá más de tu tema que tú y tu asesor. Y tu asesor está ahí para asesorarte, no para resolverte los problemas. Además, ese problema al que te estás enfrentando es en teoría, relativamente nuevo y no hay forma de que lo encuentres en un libro. Ya pasó el tiempo en que los libros eran tu referencia. Eso sirve hasta cierto punto, pero después tienes que basarte en artículos. Los artículos representan lo más novedoso de lo novedoso. Tienes que buscar artículos que se relacionen con lo que tú quieres hacer. Tomar lo que te sirva,  aprovechar las referencias y repetir el procedimiento. El problema con los artículos es que son piezas muy concentradas de información. No encontrarás nada específico, no encontrarás instrucciones y en definitiva, no encontrarás nada más que una ecuación o una demostración. Lo peor es que en general, los mejores artículos están hechos por eruditos que describen el mundo en matemáticas que te tomará meses comprender, para luego darte cuenta de que otro autor usa otras cosas, igual de complicadas. 

Sin embargo, con todo eso, encuentras increíblemente motivante todo eso. 
Al menos yo, tuve que basarme en las ecuaciones de alguien más, adecuarlas para que sirvieran a mis propósitos, DEMOSTRAR que mi trabajo era correcto, no sólo con simulaciones y experimentos, sino con matemáticas que sirvan no sólo para - como en mi caso - tres robots, sino para un número indeterminado de ellos. Te peleas con las ecuaciones que no quedan como esperabas, encuentras resultados que no tienen sentido y luego buscas incansablemente un resultado que te sirva para demostrar que estás bien. Y al no encontrarlo, debes matarte para desarrollarlo. Pasas meses dormitando mientras en tu mente aparecen las ecuaciones y las gráficas, los programas que no hacen lo que quieres y el código que te causa problemas. Finalmente, en un chispazo de genialidad o en una lectura a un teorema de hace doscientos años olvidado en los libros recientes o en una plática con un compañero la respuesta aparece ante ti. Pasas los siguientes días probando la teoría hasta que encuentras que estás en lo correcto. Y ya que resolviste ese problema, ya puedes proseguir con tu investigación.

Curiosamente, cuando más orgulloso te sientes de tus resultados, cuando las gráficas son justo como las querías, cuando el mecanismo o el robot o el control hacen lo que tú quieres y te sabes sus pros, sus contras, sus problemas y la teoría de todo lo que hiciste te la pela, debes escribir tu tesis. Y el escribir la tesis es una actividad muy desagradecida. Todo lo que hiciste, todo lo que investigaste, todas las horas que te desvelaste, los días que no cogiste por estar programando o simulando, las noches que te quedaste en la escuela para terminar un circuito, deben pasarse a un documento. Un documento de alrededor de 100 páginas que muestra los resultados más sobresalientes. Un documento que tiene lo que hasta ese momento es el estado del arte de tu área, tus resultados y tus demostraciones... y nada más. En ese documento no aparece cómo te cortaste la mano ajustando unas hélices o cortando un material. No aparece el dolor de nalgas que tienes después de dos semanas de estar programando una interfaz que no es importante para el tema, pero que sin ella no podrías haber hecho nada. No aparecen las interminables horas que platicaste con tu asesor, mostrándole paso por paso tus ecuaciones, o las horas de discusión con los compañeros que amablemente te dan un consejo. No aparece más que las gráficas que dicen que todo lo que hiciste está bien. Cuando tienes tu tesis en la mano y sabes que ese pequeño montón de papeles representa los últimos 1.5 años de tu vida te sientes bien. No es la sensación orgásmica que todos creerían, pero es una sensación de bienestar cuando la lees. Hasta que comienzas a sentir que podías hacer algo más. Si hubieras tenido más tiempo hubieras podido agregar tal cosa o explicar mejor esto o aquello. O tal vez generalizar para otra cosa o poner una prueba más. Ese trabajo que te tomó tanto tiempo es bueno, es tal vez muy bueno. Pero no es perfecto. Y esa sensación no te abandona del todo.

Próximamente la segunda parte.

viernes, septiembre 30, 2011

Centésimo cuadragésimo noveno - Avergonzado de ser potosino -

Querido y teórico lector. Hoy vengo a postear triste. Con vergüenza. Durante los 2.5 años que llevo viviendo en la Ciudad de México, decía casi con orgullo que soy potosino. Aunque yo nací aquí, en el Distrito Federal, llevaba viviendo más de 20 años en San Luis Potosí. Y me sentía mucho más identificado con lo que era ser potosino que con lo que es ser capitalino. Hoy sin embargo, me encuentro sin patria. 

Los días anteriores han sucedido acontecimientos tanto en Baja California como en San Luis Potosí que me han hecho preguntarme si realmente deseo ser parte de una sociedad tan cerrada y tan mezquina. En días pasados, en esas dos ciudades se ha votado a favor de negar la inconstitucionalidad de la ley que prohibe aborto. O en palabras para los que no somos los protagonistas de legalmente rubia, básicamente, en San Luis Potosí está prohibido abortar.
No importa si eres una mujer de 40 años cuyo anticonceptivo falló o una niña de 12 años que acaba de ser violada. Abortar ya no es opción en San Luis Potosí.

Much@s de mis queridos y teóricos lectores dirán que eso es excelente, que la vida es primero y que la verga de ocho patas. Yo, sin embargo, creo que es una puñalada en la ingle para todas aquellas parejas (o mujeres) que verán transtornadas sus vidas por cosas que se salieron de su control. El derecho a decidir cuántos hijos quieren, cuándo y con quién, está en juego. Niñas que fueron violadas ahora serán obligadas a parir a un bebé que sólo será una remembranza perenne de aquel fatuo día en que fueron atacadas.

Iba a poner todo un post larguísimo acerca del derecho a decidir y cómo los grupos conservadores (entiéndase los putos grupos religiosos) fueron los que tuvieron que ver en este pedo, pero David Moreno hizo un excelente texto y me ahorró la chamba. Vayan a leer su post en chinga y regresan.

Como estoy seguro de que hay dos o tres huevones que no fueron a leer su post, me tomaré la libertad de citar algunos de los puntos que más interesantes me parecieron de su texto:

Cada quien tendrá la libertad de formarse una opinión sobre el tema. Lo hará con base en los principios, creencias - o la ausencia de ellas - y certezas que cada quien posea. La opinión se formará de manera individual y - en la mayoría de los casos - sin que nadie tenga injerencia en lo que cada uno de nosotros llevaremos en nuestras mentes sobre el tema. Tenemos el derecho a tener una opinión y nadie no los puede quitar...hasta ahora. La decisión de la corte tiene precisamente que ver con ese derecho: con el derecho de los individuos a actuar y a pensar conforme a su propia voluntad (...)
Las iglesias, o cualquier otro grupo conservador tienen en la negación de la capacidad de decisión a su mayor fortaleza. Por eso les asusta un tema como la libertad de la mujer de decidir por si misma sobre su propio cuerpo. Por ello las estigmatizan como pecadoras y culpables: porque son personas que se atreven a cuestionar a los fundamentos mismos de la autoridad dogmática (...)
La pretensión de imponernos un criterio en un tema en el que la ciencia misma no ha podido ponerse del todo de acuerdo, resulta ante una violación a ese derecho y una violación a los principios básicos de la democracia y del Estado laico (...)
Vendrá una lucha determinante, una lucha por nuestra libertad individual. No ha ganado el triunfo de una legislación por la vida, sino ha sido el triunfo de una restricción para vivir una vida en libertad.
Las negritas y el subrayado del último párrafo son míos.
Y los puse ahí para enfatizar ese último punto. Lo que ganó fue una idea a todas luces equivocada desde el punto de vista científico y ético, pero moralmente cuestionable. Moralmente porque al menos en San Luis Potosí si no eres católico eres estiércol. Y si eres católico no apoyas el aborto.

No he revisado estos días, pero la última vez que chequé, San Luis Potosí era el estado con más divorcios a nivel nacional. Un estado abrumado por la cantidad de infidelidades. Los niños no deseados se dan como verduras. Las madres solteras son bastante comunes y según rumores de una o dos vecinas que vienen de la Huasteca Potosina, los abortos hechos por curanderas y brujos no son raros. 
Con la prohibición del aborto, las estadísticas de divorcios, padres solteros y abortos clandestinos no disminuirá. Al contrario, habrá más niños sufriendo de tristeza y desatención. Las parejas ya no son como antes. Un hijo no las une más si ya están en el abismo de la separación. 

@wikiramos presentó en Animal Político una crónica de lo que fue el día en que la corte avaló los derechos desde la concepción. De nueva cuenta, te invito a que vayas y lo leas. Hay una parte que me parece particularmente importante. 

—Este asunto tiene una gran trascendencia para millones de mexicanos, pero más trascendencia aún para millones de mujeres. Sobre todo porque siempre son las que al final pierden en estos casos. Las más pobres, las más humildes, las que no tienen cultura. Lo que no es solamente profundamente injusto, sino abiertamente discriminatorio y, por tanto, inconstitucional.
 En este caso, las negritas no son mías. 

 Muchos de los grupos antiabortistas, dicen que el aborto debe ser ilegal porque atenta contra una vida humana. Ese es el argumento que lanzan una y otra y otra vez. Sin embargo, no sostienen nada con evidencia científica sustentable. Todo lo que tienen son creencias, dogmas y una mente cerrada. El doctor Antonio Lazcano hizo un texto bastante legible sobre cuándo comienza la vida
Rescato este pequeño pedacito de su texto, que de nueva cuenta, te invito a leer.

En un mundo laico y cada vez más secular, el problema del aborto es un problema de salud pública que debe ser visto como la solución última y menos deseable
De nueva cuenta, las negritas no son mías.

Los cientificos también sostienen que "en lo científico (las reformas significan) una incompatibilidad flagrante entre el concepto moderno, multifacético y complejo de lo que es un ser humano y la simplista, arbitraria y poco informada definición de la vida en que se basan las reformas".
El organismo también señala que las reformas son "en lo práctico una maniobra insidiosa con potencial para penalizar de modo tajante y obtuso a las mujeres de México y los médicos involucrados, con propósitos subyacentes: establecer un método de legislar que no considere los avances de la ciencia"

Las personas que más saben de este pedo de biología y genética y madres así todavía están indecisos sobre cuándo comienza la vida. No obstante, todos están de acuerdo en que los cigotos NO son seres humanos. Y sin embargo, el resto de las personas "provida" como se denominan, creen que tienen el conocimiento de cuándo comienza la vida. No sólo lo saben, sino que son tan cabrones que lo saben "por qué sí". No hay que probarlo, sólo hay que creerlo.

Y hablando de creencias resulta que es probable que el mismísimo Papa haya sido el que causó que todo este pedo de que la lay antiaborto fuera aprobada.

Antes de que termine este post, quiero aclarar mi punto de vista sobre el aborto.

El aborto es un último recurso. Es lo último a lo que recurres. Nunca debe ser usado como método anticonceptivo. Es simplemente un elemento final que debe ser usado únicamente en los casos en la que todos los anticonceptivos comunes han fallado. Al apoyar al aborto no digo que te la pases cogiendo sin protección al fin que "abortamos, mi reina". Digo que planees tu vida, cojas como si no existiera el infierno pero chinga' protégete. Ponte un forro, trágate una pastilla, inyéctate no sé qué madres o pégate un parche. Y si todo eso falla, y no estás lista para tener un hijo, entonces y sólo entonces aborta. 
Pero si vas a abortar debería ser en un lugar limpio, estéril, con personas preparadas y comprensivas, no en una bodega sucia o en una choza con velas aromáticas, siendo perseguida por la ley.

La ley ya no protege a las personas, protege a los intereses dogmáticos de alguien más. Por razones así, me siento avergonzado de decirme potosino. Los chilangos nos ven como simios retrógrados y desde ayer, ya no estamos tan lejos de serlo.

miércoles, septiembre 07, 2011

Centésimo cuadragésimo octavo - Se nos fue el agua -

Como ya muchos de mis queridos y teóricos lectores saben, las incesantes lluvias de esta horrible ciudad han hecho que algún lugar importante se inunde, lo que causó que alguna cosa importante se rompiera y para terminar rápido, media ciudad no tiene agua.
En general, la carencia de agua en la Ciudad de México no es nuevo y hasta cierto punto las personas han aprendido a vivir con eso. Sin embargo, cuando de la nada rompes la monotonía y así de huevos te quitan el agua sin avisarte, las cosas cambian radicalmente.

Cuando se va el agua por algunas horas, encuentras que es particularmente incómodo. No puedes lavarte las manos, no puedes lavar la ropa, los trastes, o algo tan simple como descargar el inodoro. Básicamente, durante algunas horas regresas a la edad media.
La diferencia de las personas que vivían en la edad media con las que viven en la edad actual, es que las personas de la edad media no eran huevonas. Ellas cargaban sus cubetas de agua por medio pueblo. Ahora, además de que no hay un puto río con agua potable en cientos de kilómetros a la redonda, las personas no cargan ni un sweater. Entonces, cuando no tienes agua por algunas horas, te encabronas, tal vez maldices un poco y dejas el inodoro con una generosa sorpresa para el siguiente en usarlo. Pero cuando la ausencia de agua dura más que unas pocas horas y sobre todo, cuando sabes que no habrá en algún tiempo, la ausencia de agua es poco más que una patada en las bolas y poco menos que una tragedia.

Afortunadamente, nuestro eficiente gobierno, conocedor de que sin agua a todos nos carga la verga de ocho patas, decidió que era buena idea el enviar pipas llenas con agua potable para repartir en todos aquellos lugares que no tienen agua, pero sí muchos huevos para exigirla. Y eso es lo que hoy vengo a comentarte, querido y teórico lector. Hoy fui testigo de cómo la histeria colectiva puede ser más peligrosa que un montón de narcos disparando al aire.

Por eso hoy te presento

¡Aguas!
Mi querido y teórico lector será capaz de perdonar mi poco imaginativo título

Acabo de ir a comer con Doña Gorda, y fue increíble ver como los vecinos se peleaban por el agua. Vecinos que antes solía ver tomando juntos o platicando cómodamente ahora casi se agarraban a golpes por decidir de quién era el primer turno en recibir agua de las pipas que envió el gobierno de la Ciudad de México. Como si los primeros chorros vinieran de la mismísima fuente de la juventud y los demás chorros fueran una mezcla de orines. Esos vecinos que antes compartían un churro de marihuana ahora se lanzaban improperios mientras sus esposas se ponían a la mitad del camino deteniéndolos y sintiéndose moralmente superior a su similares. Las mujeres que no tenían a un esposo o hermano para defenderlas se unían como una fuerza gritona que jalaba con intensidad la manguera de las pipas, mientras ignoraban el reclamo generalizado. 

Personajes que antes se saludaban con cordialidad se transformaron en gritones y exigentes monstruos que demandaban ser los primeros en recibir el agua. Mientras tanto, las ancianitas solas, apenas llevaban una o dos cubetas que cargaban con dificultad mientras los más jóvenes se empujaban en orden de sacar a los demás de la fila usando amenazas y amedrentando a las personas. La amabilidad y la caballerosidad pasaron a un chingar a su madre, nadie se ofrecía a llevar las cubetas de las señoras por miedo a perder su lugar en la fila. ¿Cómo iban las madres de familia a permitir que uno de sus hijos ayudara a la viejita con su cubeta cuando ellas mismas tenían 10 cubetas que cargar y por las cuales preocuparse? No vaya a ser que alguien le robe su cubeta y ¿Cómo identificarla entre ese mar de recipientes? Otra señora no muestra interés en que su hija embarazada está fumando marihuana, pero no pierde detalle de las personas que quieren meterse en la fila.


Incontables cubetas se formaban una tras otra mientras sus dueños las vigilaban celosamente. Cada uno veía con recelo al vecino que iba antes que él. Las pipas de agua soltaban con generosidad el líquido, pero por enorme que pudiera parecer la pipa, las cubetas nunca se acababan. Lo que antes hacía las veces de botes de basura, ahora eran utilizados para almacenar agua. Espero yo que con la idea de usarla en alguna actividad que no requiera pureza, como tal vez el usarla para la descarga del inodoro. La lluvia que causó todo esto, mientras antes era odiada por todos, ahora es implorada para poder recolectarla y utilizarla sin perder sus valiosas reservas de agua potable. Con el sol cayendo pesadamente sobre la Ciudad a la hora de la comida, el ver el cuantioso caudal de transparente agua hace que un trago se me antoje. No sé cuántos días lleven sin agua, pero dos o tres personas parecen más sedientas que yo. Debe ser porque según me dijeron, llevaban casi dos horas formados y no habían avanzado nada significativo.

Todos quejándose de que no podrán lavar, el tipo de la lavandería iracundo porque su negocio estará cerrado un tiempo indeterminado, varios niños felices porque no se han bañado en dos días, y los conductores de las pipas, armados con lo que yo imagino es experiencia, se muestran impasibles al estacionar el vehículo y abrir la llave del contenedor, mientras las personas son las que batallan por dividirla. 

Las personas que antes me saludaban alegremente ahora tienen una mirada llena de ira y desesperación. No crucé palabra con ellos, pero pude ver en sus ojos que estaban mordiéndose un huevo para no apuñalar a las personas que sin miramientos secuestraban las mangueras, o a los que traían más botes de no sé dónde.
Conatos de bronca se vislumbraban por todos lados. Casi esperaba que alguien sacara un arma de fuego y disparara a los que se le acercaran y luego saliera en las noticias que la guerra contra el narco había causado una balacera en una pacífica reunión de personas que iban civilizadamente a conseguir agua.

Muchas veces he leído que la tercera guerra mundial se dará no por conseguir petróleo ni oro, sino por agua. Y al ver a esas personas que antes eran apacibles y felices pelearse sin control ni tregua, no tengo razón para dudarlo.

Tal vez sonará a cliché, pero cabrones, cuiden el agua. Afortunadamente aquí mandaron pipas y no hay pedo, pero ¿Qué pasará cuando deje de haber agua? Ahí sí, nos cargó la verga.