viernes, marzo 28, 2014

Centésimo sexagésimo cuarto - Baño de hombres -

Saludos, querido y teórico lector. Por razones que a nadie interesan y a menos importan, he decidido asistir a un gimnasio. Llevo un par de semanas asistiendo religiosamente todos los días de 06:00 a 07:00 hrs. Dejaré para otra ocasión mis comentarios en cómo me he estado matando y no he visto el mínimo resultado siquiera, para hablar de un tema mucho más peculiar... las regaderas.

Sin más, te presento:

Regaderas para hombres

Is anyone here who can swear before God he has nothing to fear, nothing to hide?

 Como llegamos bastante temprano al gimnasio, todos llegamos con una pinche cara de desvelados que parece más de muerto. Muchos ni se toman la molestia de enjuagarse la cara antes de salir de sus casas. Después de más o menos una hora de sudar como mineros nos encontramos todavía en un estado más deplorable que cuando llegamos, pero eso sí, pujando como si estuviéramos pariendo mientras levantamos pesas para apantallar a las pocas mujeres que asisten al gimnasio.
Cuando de plano tenemos que dejar el homoerotismo de ver a un sudoroso sujeto jalando poleas tenemos que irnos directito a las regaderas.
Las regaderas son - afortunadamente - privadas y cada una tiene su respectiva puerta, así que tampoco estamos como en la cárcel. Es precisamente esa idea de pudor la que genera toda clase de reacciones en el lugar. El lugar donde se encuentran las regaderas no es particularmente grande, aunque sí tiene unas 10 regaderas. Sin embargo, el área "comunitaria" donde dejas tu maleta consta únicamente de un par de bancas (bastante pegadas entre ellas).

Cuando tienes la fortuna de llegar temprano a las regaderas, puedes elegir el lugar donde vas a sentarte para sacar tu ropa, tu toalla y tus sandalias de baño. Los menos afortunados tiene que sentarse entre dos vatos al lado y uno en frente. Mientras estás quitándote los tenis y las calcetas y esculcas en tu maleta buscando tu ropa interior no puedes evitar mirar al resto de los presentes haciendo lo mismo, preguntádote cómo es que alguien puede usar ropa interior tan pinche.
Los menos pudorosos comienzan a desvestirse en el área común, hasta quedar únicamente con los bóxers (o calzoncillos). Luego se van a las regaderas con nada más que una toalla y su jabón.

Después de un prolijo aseo, en el que cuidas el mínimo movimiento so pena de mojar accidentalmente la ropa que dejaste colgando en el perchero instalado en la puerta, procedes a malabarear para vestirte sin que tus pantalones toquen el suelo mojado. Sales con tu camisa planchada, tus pantalones mojados inevitablemente porque te falta habilidad para evitarlo y más despeinado que como llegaste.
Al llegar al área común, te sientas mientras buscas tus calcetines, te secas concienzudamente los pies y mientras te dispones a ponerte desodorante llega uno de esos sujetos a los que no les da pena nada, paseándose únicamente con una toalla en la cintura.

No entraré en detalles de la fisonomía del sujeto, pero cada que alguien sale de esa manera de la regadera, inmediatamente todos dirigimos nuestras miradas al piso. Tú sabes. Nadie quiere ser "cachado" observando el abultado vientre de otro güey.
Al tiempo que el sujeto en toalla llega al área común y saca sus calzoncillos para ponérselos (eso sí, muy hábilmente) por debajo de la toalla, tú vas terminando de vestirte por completo. Un nuevo sujeto entra al baño y como el de la toalla está algo inclinado para poder buscar sus cosas, nadie se mueve. No vaya a ser que camines y pases demasiado cerca del güey desnudo empinado.

Ya que puedes pasar y vas saliendo te despides de todos con un leve movimiento de cabeza como diciendo "Sale", pero en realidad vas pensando: "seguramente la tengo más grande". Ellos responden con un leve movimiento de cabeza como diciendo "órale", pero pensando: "seguramente la tengo más grande".


domingo, enero 19, 2014

Centésimo sexagésimo tercero - solo -

A veces, sólo a veces, cuando termino de ver un episodio particularmente bueno de una serie de TV (por lo regular sitcoms), después de apagar la computadora y la luz, recuerdo una escena graciosa y me río los tres pasos entre el interruptor de la luz y mi cama. Y mientras me río y caigo pesadamente sobre la cama pienso: voy a morir solo.

domingo, agosto 18, 2013

Centésimo sexagésimo segundo - ¿Dónde estoy? -

Favor de poner esta canción mientras lees el post:

The Place I'll Return to Someday by Final Fantasy 9  on Grooveshark

Hacía mucho tiempo que no posteaba.
Hacía mucho tiempo que no sentía esa necesidad imperiosa de escribir. Me da gusto tener algo para escribir aquí finalmente, aunque sea un post pequeño y lleno de frases vagas.

Desde hace casi dos meses tengo un empleo nuevo. Un empleo interesante en el que estoy aprendiendo muchas cosas y en el que si todo sale bien, podré avanzar bastante. Un empleo en el que me siento a gusto. Un empleo que tiene muchas cosas que no cualquier ingeniero podría desarrollar y otras muchas que en ocasiones me hace sentir más como una secretaria que como un ingeniero.

Pero no me encuentro en donde yo quería. A esta edad yo debería estar terminando mi doctorado. Mi empleo actual tiene muchas cosas buenas, y no gano mal. Y sin duda podría verme trabajando ahí por mucho mucho tiempo. Pero no es un doctorado. No es esa oportunidad de llevar el conocimiento un pasito más allá. No es ese reto incansable y maravilloso de ser el mejor del mundo en tu tema. Y sobre todo, nada de lo que pueda llegar a hacer en la compañía podrá ser compartido con el mundo, permitiendo que nueva tecnología se base en el trabajo que hice.

Estoy en una posición bastante incómoda. Yo quiero mi doctorado. Pero las tantas situaciones por las que ha pasado mi familia me han impedido siquiera comenzar con ese proyecto. Llegará un momento en el que tendré que elegir entre perder lo que pueda conseguir en la compañía para dirigirme al siempre inseguro destino de un doctorado o dejar a un lado el sueño de mi vida para mantenerme con cierta seguridad laboral, financiera. Cuando llegue el momento de elegir, espero que las situaciones en mi casa hayan mejorado de alguna manera. Porque de lo contrario, la posibilidad de un doctorado es más remota.

De la misma forma, me encuentro en un punto nuevo para mí en lo que se refiere a la parte personal. Siempre pensé que a esta edad estaría en una relación estable y saludable que algún día no particularmente lejano desembocara en matrimonio. Pero no estoy ni cerca de eso.

No estoy sufriendo una crisis de la mediana edad o de los treinta años. La edad no me resulta tan importante como el hecho de saber que pronto tendré que enfrentarme a situaciones que definirán el resto de mi vida. La mayoría de las personas se enfrentan a situaciones en las que no saben el resultado. Y al ser mayores se ven al pasado sin más remordimientos que las cosas que no hicieron, conocedores del camino que tomaron. Yo sé perfectamente qué dejo, que dejé o qué dejaré. Si algún día veo al pasado tendré el remordimiento no solo de no haber tomado la otra decisión, sino de saber que mi mejor cálculo y mi racionamiento fallaron cuando más lo necesitaba.

No tengo miedo a lo que vendrá. Pero no quiero terminar mi vida sabiendo que me decidí por la mediocridad.

miércoles, febrero 20, 2013

Centésimo sexagésimo primero - Entrevista -

Ayer tuve una entrevista para un posible trabajo. Un trabajo excelente, demandante, interesante, en el que aprendería muchísimo y sobre todo, me desempeñaría en una de las áreas de mi carrera que más me gustan. Un área que ciertamente no muchos ingenieros podrían desarrollar bien.

Y me fue pésimo.
Pero en serio pésimo.

La entrevista ni siquiera fue técnica, pero yo estaba distraído, nervioso, divagando. Respondía con rapidez, pero con indecisión. Respondí con sinceridad si no sabía pero mostré sin quererlo una seriedad que más parecía indiferencia.

Conceptos sencillos chocaban en mi mente preocupándome por decidir si querían la respuesta sencilla, la respuesta difícil, la respuesta de un ingeniero o de un M. C. No sabía si querían que lo explicara como a un niño o como a un experto.

Yo estaba preparado para preguntas técnicas, para preguntas que hicieran sobresalir al mejor ingeniero. Y si las hubieran hecho, seguramente yo habría destacado. Sin embargo, perdí en las preguntas que destacan a la mejor persona.

viernes, noviembre 16, 2012

Centésimo cexagésimo - Buen Fin -

Hoy comenzó el buen fin.
Y a diferencia de lo que yo esperaba - descuentos importantes en electrónica, sobre todo TV - lo que las tiendas te ofrecen son "pagos a meses".
En realidad suena bastante atractivo. Si pagas con tarjeta de crédito, te dan hasta 24 meses para pagar y en lugar de pagar $10000.00 de un chingazo, pagas como $500.00 al mes. ¿O no es así?

Estrictamente hablando, sí es así. En 24 meses terminas de pagar la TV, pero también pagas un puterísimo de intereses. Mucho más, querido y teórico lector de lo que piensas.

Vamos a hacer algunas matemáticas para ejemplificar.

Cada mes, se tiene la opción de pagar el monto mínimo de la tarjeta de crédito (usualmente, el 2% del balance que se debe). Sin embargo, los bancos cargan intereses sobre ese balance que no has pagado. Entonces, aunque pagues la tarjeta de crédito a tiempo, sigues pagando intereses. Cuando lees "TV a 24 meses sin intereses con tarjeta de crédito" es porque el banco le paga a la tienda (lo que a ti no te genera intereses) pero el banco te cobra a ti y le gana bastante, porque los intereses que te cobra NO son por la TV, sino por el préstamo del banco.

Digamos que has hecho una compra de $5000.00 con tu tarjeta de crédito con un interés anual de 18% y un pago mínimo mensual de 2%. Si únicamente pagas el mínimo cada mes durante un año ¿Cuánto le debes al banco todavía?

Pudes pensar en esto de la siguiente manera:

Al comienzo del mes 0 (cuando te llega el estado de cuenta del mes) supón que debes una cantidad que llamaremos b0.

Cualquier pago que hagas durante ese mes, se deduce del balance. Llamemos al pago que haces en el mes 0, p0. Al comienzo del mes 1, el banco te cobra un interés sobre el nuevo balance. Entonces, si tu interés anual es r, entonces, al comienzo del mes 1, tu nuevo balance es tu anterior balance b0 menos el pago p0 más el interés de este nuevo balance para el mes que está corriendo. El álgebra, esto sería:

$$b_1 = (b_0 - p_0) (1 + \frac{r}{12})$$

En el mes 1, harás otro pago, p1. Este pago tiene que cubrir algo de los intereses, así que no todo se va a pagar tu deuda original. Y entonces, al comienzo del mes 2, tu balance sería:

$$b_2 = (b_1 - p_1) (1 + \frac{r}{12})$$


Si escoges pagar el mínimo cada mes, verás que el interés compuesto reduce tu capacidad de reducir tu deuda.

Para este ejemplo, tendríamos:
MesBalancePagoInterés
05000.00100 (= 5000 * 0.02)73.50 (= (5000 - 100) * 0.18/12)
14973.50 (= 5000 - 100 + 73.50)99.47 (= 4973.50 * 0.02)73.11 (= (4973.50 - 99.47) * 0.18/12)

Puedes ver que mucho de tu pago se va a cubrir intereses, y si realizas todos los cálculos, verás que después de un año, habrás pagado $1165.63 y sin embargo, todavía le deberás al banco $4691.11 en lo que originalmente era una deuda de $5000.00. ¡Dime si no son chingaderas!

Querido y teórico lector, como ves aunque las tarjetas hacen el paro, son peligrosas. Sobre todo si no las sabemos usar. Yo por eso no tengo tarjeta de crédito y pago en efectivo.

sábado, octubre 20, 2012

Centésimo quincuagésimo noveno - Gay -

Siempre me he sentido orgulloso de ser una persona liberal, que sabe comprender, valorar y respetar el derecho de las personas de hacer de su vida un papalote y metérselo por el culo. Es decir, tú puedes ser religioso, homosexual, sin instrucción básica, reggetonero,  necropedozoofílico fetichista o villamelón-emo-hipster-dark y la neta me vale madre. Si eres chido conmigo, no tienes pedos con el que yo no crea en tus mamadas y no tratas de cambiarme, nos llevaremos bien y hasta podríamos ser amigos. 

Para prueba, mi novia y mi mejor amigo son religiosos (de diferentes religiones, por cierto), mi ex-novia es bisexual creyente (más no religiosa), uno de mis mejores amigos no terminó la prepa, etc. 

No posteo todo eso para que crean que soy bien a toda madre y que el mundo debería ser como yo. En realidad, me vale media madre si crees en Kamisama o en Jesús o en el monstruo de Espagueti Volador, o si te gusta meter y que te la metan o si pasas tu tiempo libre viendo videos del tipo "Two girls one cup". Si no me estás chingando, no hay pedo. 

Y desde que tengo memoria he sido así. Digo, yo no soy gay ni bisexual, pero si tú eres, está a toda madre, mientras no intentes metérmela. Yo soy ateo y no tengo pedos contigo si tú te la pasas en misa todos los días, mientras no vengas a hablarme de que me voy a ir al infierno. 

Todo esto lo menciono porque hace ya algún tiempo me enteré que un amigo de la universidad es gay. Ya abiertamente gay. Eso me sorprendió mucho porque en realidad nunca pensé que tal persona pudiera serlo. No es que quiera poner un "estereotipo" de las personas gay, pero así como hay personas que dices "no tienes cara de llamarte David, tienes más cara como de Ernesto", o "nunca pensé que estudiaras física nuclear" o "pero si parecía tan seria", etc. El punto es que realmente nunca imaginé que tal persona pudiera ser gay. 
No me molestó en lo mínimo que el chavo fuera gay. Lo que me molestó fue darme cuenta de que todo nuestro "círculo" sabía que él era gay, menos yo. Él mismo les había comentado a todos que era gay, excepto a mí. 

Pasé días preguntándome porqué nunca me comentó que era gay. Si siempre he sido buen pedo y nunca discriminé a nadie. Un día una hablando con una de las personas de nuestro círculo, la que yo imaginaba era con quien no se llevaba tan bien, me entero de que también ella sabía. Literalmente, todo el círculo sabía, excepto yo. Sin poder ocultar mi sorpresa le pregunté que cómo era posible que todos supieran menos yo, que me llevaba bastante bien con él. Y fue entonces cuando me llegó intempestivamente, como agua helada:

- Pues... es que eres como homofóbico. Entonces no te tenía confianza para decirte eso. 
Me sorprendió mucho esa respuesta. Como comenté en la introducción de este post, yo no soy homofóbico. Ni de cerca. ¿Qué les dio esa impresión?

- Yo no soy homofóbico. ¿Qué les dio esa impresión?
Luego comenzó su respuesta. Cada palabra que decía tenía completa razón. Básicamente, me tacharon de homofóbico por que mi léxico de ese entonces estaba lleno de frases como:
- ¿Vamos a ir o eres gay?
- No seas joto
- ¡Puto marica!
- ¡Pero qué puñal!
Debo aclarar, que todas esas frases las utilizaba en la forma menos discriminatoria posible, si es que existe tal cosa. No pensaba que "gay" fuera interpretado como homosexual, sino más bien como cobarde. Al igual que joto o marica o puñal. Sé que todos mis queridos y teóricos lectores alguna vez han usado esas frases con la misma intención: decirle a alguien que está presentando cobardía. Por alguna razón, decirle "cobarde" a alguien es mucho más fuerte que decirle "joto". Son realmente pocas las veces que alguien usa la palabra joto para referirse a la preferencia sexual. 

El punto es que mientras que en ese tiempo yo pensaba que lo que hacía era "picarle el orgullo", incentivarlo o simplemente hablarle como se hablan los amigos, en realidad lo estaba bulleando. Estaba implicando que su preferencia sexual era mala y despreciable. Sin querer lo hacía sentir mal. Y sin embargo, él nunca me dijo nada. Nunca se mostró enojado, nunca me reclamó, nunca me dijo que yo era un pendejo ni me partió mi madre (que ciertamente pudo haberlo hecho sin mucha dificultad). El tipo se portó como un caballero y yo como un cobarde diciendo pendejadas sin pensar.

En twitter se ven frases como: "tiene arena en la vagina" (sacada de South Park, creo yo). En el soccer se escucha el "puto" cada que el portero del equipo rival despeja. Inclusive en el EVO 2012 se vio algo similar cuando los mexicanos estaban jugando contra los koreanos. He aprendido de eso. He tratado de evitar el uso de frases que pudieran significar discriminación. He cambiado. O al menos eso trato. 


Desde aquí quiero disculparme con esa persona a la que tanto lastimé. La que era mi amigo y no supe apreciar. El que me enseñó lo que es la verdadera tolerancia y el ser liberal de neta, no de palabra. No creo que nunca llegues a leer esto, pero si lo haces, quiero que sepas que has cambiado la mentalidad de una persona de formas que no te imaginas. Me has hecho una mejor persona.


Actualización:

Rox hizo el favor de poner un video en los comments que me pareció simplemente fantástico.

Se los dejo.

http://www.youtube.com/watch?v=v-55wC5dEnc


lunes, octubre 01, 2012

Centésimo quincuagésimo octavo - Ciudad de México -

Te saludo, querido y teórico lector. Hoy regresé de un viaje de poco menos de una semana por la Ciudad de México, que tantos se esfuerzan en adorar y tantos otros en atacar. Fue un viaje normal. Más bien genérico. Lo clásico que va uno a hacer a la Ciudad de México cuando no va de vacaciones: a hacer tu chamba, platicar con amigos y criticar hasta los más pequeños aspectos detestables de la ciudad.

Fui a un congreso de Ingeniería Eléctrica, Ciencias de la Computación y Control Automático. Hace algunos meses envié un artículo, lo aceptaron y fui a presentarlo. No voy a aburrirte con los detalles del artículo o del congreso y solamente diré que me fue bien. Presenté mi artículo, respondí preguntas durante y después de la sesión y asistí a un par de conferencias que estuvieron interesantes. Ciertamente será útil revisar sus papers en las memorias del congreso. 

Aquí trataré de comentarte mis pensamientos sobre la ciudad. Sobre el viaje. No puedo subir el artículo directamente al blog por problemas de Copyright con IEEE, pero si realmente te interesa, puedo envíartelo por correo. 

La Ciudad de México tiene muchas cosas que me gustan: comida barata, Doña Gorda, chingos de museos, teatros, plazas, bueno y barato transporte, etc. Pero también tiene cosas que me patean la entrepierna con furia renovada cada vez: muchísima gente, un clima de las mil vergas, poca conciencia social y sobre todo, que es encabronadamente grande. Ridículamente grande, para ser preciso. 

Debido a que soy pobre y tuve que pagar el congreso y el pasaje y la verga de ocho patas (muy importante) tuve que quedarme en casa de una tía para no gastar dinero en hotel. Además, hay que visitar a mi tía de vez en cuando. Eso no sonaba tan mal, hasta que te das cuenta de que su casa queda hasta el otro extremo de la ciudad y literalmente un día hice tres horas para llegar al congreso. ¡3 putas horas! Me pude haber hospedado en Querétaro y habría hecho el mismo tiempo. Y no solamente tuve que aguantar tres horas de pie en el tren ligero y luego el metro y luego un camión. También tuve que soportar que los chilangos no tengan respeto alguno por el espacio personal y se empujaran inmisericordemente dentro del transporte para llegar cinco minutos más temprano (o menos tarde) a su destino. El puto vagón iba lleno como la chingada, pero a huevo que se podían meter más. Nada más era cosa que nos apretáramos unos contra otros. Dos o tres horas más y yo creo que nos hubiéramos convertido en diamantes.

Tal vez podría soportar el hecho de que se llenara tanto el tren ligero. Lo que me patea las bolas es que una vez que ya estás "formado" en primera fila para abordar el transporte, en cuanto se abren las puertas es tierra de nadie. Todos quieren entrar a huevo primero. Y putísima y se casó de blanco si tratas de entrar como una persona civilizada: todos te empujan, te dan codazos, te mientan la madre. Digo, yo ni me quería sentar, porque seguramente en una estación posterior tendría que levantarme a dejarle mi lugar a una viejita. ¿Cuál es la pinche prisa por entrar? Realmente me cagó eso. ¡Hay bestias más civilizadas, chingada madre!

El metro es mucho más relajado. A menos que te toque en hora pico, porque ya te cargó la verga. Pasa exactamente lo mismo, pero aumentando. Hay tanta pinche gente que sale del culo de no sé quién, que quiere meterse a huevo, aunque el vagón está al tope. ¿Y sabes que es lo peor? ¡Que lo logran! Ya sea por puros tanates o porque queda por ahí un hueco diminuto, pero se meten. 

Me cae que me gusta la ciudad, pero me cagan los chilangos.

En otros puntos, la Ciudad es grande. Mucho. El sábado por la noche fui invitado a una reunión. O bueno, la verdad ya ni supe si sí fui invitado o no, pero el chiste es que hice unos cálculos rápidos con Google maps y suponiendo condiciones ideales, me hubiera gastado más en taxi que lo que me hubiera gastado en bebidas. Fácil me hubiera salido en unos $300.00 no'más el taxi de ida. Tal vez un poquito más barato el de regreso porque supongo no habría tanto tráfico. Pero pues no chingues. $500.00 en puros taxis... en eso me salió el pasaje de SLP a la Ciudad de México o una noche de hotel en uno no tan pinche.

Lo chido fue que vi a mis amigos del CINVESTAV. Comí chingón, platiqué aún más chingón y recordé buenos tiempos. Me da nostalgia la escuela, y me dieron un montón de ganas de entrar al doctorado, coraje por no poder hacerlo y curiosidad por imaginar todo lo que podría saber y hacer en ese lugar. 

Fue un viaje chido. Aprendí algo, visité amigos y recordé lo que era ser un estudiante de maestría.