sábado, mayo 19, 2007

Quincuagésimo segundo - Me la pelaron -

Así es querido y teórico lector de dudosa higiene. Efectivamente querida y teórica lectora de grandes y hermosos ojos cafés. Tal como dice el título del post, me la pelaron; y aunque me hubiera gustado que fuera un poco más abajo, tal efecto de cortar y quitar cabello fue en la cabeza.

Yup, me pelaron la cabeza. Tengo el cabello corto. Y antes de que me de otro ataque de estupidez extrema que me obligue a jugar ambiguamente con el doble sentido, mejor pasaré a relatar tal y como sucedió el infame hecho.

Sin más ni más, te presento:

Bien peluqueada
Te quedó… bien, hijo



Era una tarde calurosa. Me encontraba tranquilamente en mi casa, posteando en los foros de lucypinder.info cuando recuerdo que tengo que ir a cortarme el cabello. Aunque es una actividad que no me gusta, y que en verdad me patea la ingle y un poco más, lo había prometido y no quería ser castigado por Mayuya al faltar a mi promesa sagrada.

Hago todos los arreglos para salir. Con toda la fiaca de la que soy posible salgo de mi casa y observo el cielo... aunque hacía mucho calor parecía que iba a llover; tal vez el cielo está triste y el sol no muestra su cara por tristeza. Después de todo, ¿Quién tiene un cabello tan bien cuidado? y ¿Quién le da un mejor uso que yo al mismo ítem?

Comienzo la travesía, caminando hasta la avenida principal que me lleva al matadero de cabello. Avanzo las cuadras con aspecto sombrío, buscando en cada rincón algún elemento sospechoso que parezca con intenciones de asaltarme. Intranquilamente llego al lugar. Solamente había ido allí una vez, pero el ambiente era cool. La chava que atendía era amable, incluso me atrevo a decir que era buena onda. Era eficaz y lo más importante de todo. Era un lugar barato.
Tan barato que cuando asistí ese día me di cuenta de que el lugar había quebrado.

Ahora tenía que buscar nuevas opciones. Entrar a un lugar con personas que no conozco a que me manoseen el cráneo y jueguen con tijeras cerca de mis orejas. Y lo peor de todo es que tenía que pagarles para que lo hicieran.

Avancé algunas cuadras más y encontré otra estética. Un lugar pequeño, tenía un precio más o menos aceptable y decidí entrar. Estaba nublándose vertiginosamente y no quería arriesgarme a mojarme.
Amablemente, una de las "estetístas", me pidió que me sentara mientras terminaban de hacer algún tratamiento capilar a unas señoritas.

Tomé asiento y me dispuse a leer alguna de las clásicas revistas que tienen en las estéticas: Cosmopólitan, de 15 a 20, Eres, etc. Al observar tal nivel de literatura, añoré con imperiosa necesidad los siempre útiles comics del “Mil Chistes” o el “Sensacional de Traileros”. Mientras pensaba en estos elementos gloriosos de la historieta mexicana, una señorita me llamó para que pasara a sentarme.


Había dos chicas atendiendo: una muy bonita y otra muy eficaz… me tocó la eficaz.


Me senté en la clásica silla, mientras la señorita me ponía el “babero” para evitar que mi ropa se mojara con el agua que utilizan y para que no me entrara tanto cabello al cuello.

- Estetista: ¿Cómo se lo corto?
- Solo me lo rebaja por favor, poquito, no quiero que me quede muy corto.


Me pidió que me quitara los lentes y justamente cuando los puse sobre una pequeña mesita, siento un impávido chorro de agua en la cabeza. La reacción más o menos fue así:


- Teh Dib: (Asopootamadre). Asopootamadre
- Estetista: ¿Está fría?
- Teh Dib: (No, cómo crees, solamente me gusta gritar improperios cuando la gente me moja la cabeza sin avisarme). Poquito.
- Estetista: Jijijiji, Perdón.
-Teh Dib: (Perra)

No se porque, pero todas las personas a las que contratas para realizar algún servicio a tu persona, se sienten con privilegios para considerarte su amigo de mucho tiempo, por lo que no dudan un instante en comenzar a hacerte plática, como si hubieran dormido juntos. En mi caso, la conversación fue más o menos así:

- Estetista: Parece que va a llover, ¿verdad joven?
-Teh Dib: (No, para nada, el cielo nublado solo indica que el sol ya se murió y que el mundo se va a acabar). Sí, algo por el estilo.
- Estetista: Pu’s ya ve que en otros estados si ha estado lloviendo muy fuerte.
- Teh Dib: (¡Ah! Que chido. Si llueve en Chiapas tal vez llueva también aquí). No se.
- Estetista: Salió en las noticias. ¿No ve las noticias?
- Teh Dib: (Solo para burlarme de las tonterías que dice la conductora del noticiero local). No.

Al fin pareció entender que yo asistía a aquel lugar a recibir un servicio por el que estaba dispuesto a pagar, no a hacer amigos para formar un club que se dedique a hablar del clima.

Pasaron algunos angustiantes minutos, cuando observo que toma las tijeras. Con inquieta curiosidad busco en el espejo sus manos, asegurándome de que pase lo suficientemente lejos de mis oídos, mientras me pregunto si habrá lavado y esterilizado las tijeras que están mutilándome el cabello. Sin embargo, en una actitud inteligente me guardo mis comentarios, toda mi vida social yacía en sus manos.


Luego, inician las interminables preguntas:


- ¿Corte cuadrado o redondo?
- ¿Las patillas cuadradas o en V?
- ¿Te lo degrafilo?
- ¿Con volumen o sin volumen?

Put’s, 4 años de ingeniería y no tengo idea de a que se refieran esas preguntas. De haber sabido mejor hubiera estudiado peluquería. Por cierto, a todas las preguntas las respuestas fueron: “Como me quede mejor”.

Pasa angustiante media hora. Veo como mi cabello cae minuto con minuto. El peine pasa por mi cráneo con ambigua necesidad. La lluvia comienza a caer, insolente, fría.


Minutos después, la amable señorita me dice que ha terminado.


Deja las tijeras y toma un espejo que pone detrás de mi cabeza. En el otro espejo observo con cuidado cada detalle. El largo se ve bien, el volumen es adecuado, buena movilidad… parece estar M’kay.


Cuando observa mi señal de aprobación, me quita la “bata”; pago y me voy.


Al llegar a mi casa me encuentro con mi padre, que, desconcertado, busca las palabras adecuadas:


- Padre de Teh Dib: Te quedó… bien, hijo.
- Teh Dib: …


Me meto a bañar.
Mojo mi cabello y comienzo el masaje de mi cuero cabelludo. En eso, el cabello comienza a caer. Millones y millones de cabellos caen intempestivos en la regadera. Hasta parece una escena de “The Grudge”. Pasan los minutos y sigo masajeando mi cráneo… más cabello cae. Tomo el shampoo y comienzo a aplicarlo por mi cabeza, esperando que los químicos del shampoo hagan más rápido el proceso.

Varios minutos más y el cabello sigue cayendo.

Al fin, parece que no hay más cabello suelto. Me remojo una vez más la cabeza y veo en mis manos que ya no hay cabello. Feliz, decido observar en el espejo como quedé:

- Teh Dib: (Agh!!! El horror… )

Al ver aquel espectáculo, preguntas asaltan mi mente:

¿Dónde quedó todo aquel volumen? ¿Por qué está tan corto mi cabello? ¿Siempre he tenido cuatro dedos de frente? ¿Qué habrá de cenar?

Todo lo que había visto en la estética, era el acomodo adecuado del cabello cortado. Ahora, simplemente tengo el cabello corto. Nada especial.

Bytes!

P.S.: Manejar motores desde un PSP ha valido toda la carrera.

2 Personas con IQ alto han comentado:

Nuntius dijo...

Al parecer la mademoiselle efficace , no fue lo que esperabas depues de todo. Eso te pasa por ir a estéticas donde las mujeres son clientes asiduas. Pero lo que si, es que la palabra de macho vale. Eso es lo unico rescatable.

marcelto dijo...

Puts!!...no mamss!!!... Te cortó el cabello la gorda y no la 2B (Buena y Bonita)...qué perdedor!!!
Ya sabes pa la otra llevate tus libros de Ecuaciones diferenciales, pa que te resuelvas unas dos que tres mientras te toca tu turno...o sino, las chambeadoras que me prestaste ayer... muy buenos dibujos!!
Y pues no te quedó tan peor tu cabello...ah y no te apures, yo tengo dos dedos de frente...
Y si la gorda te hizo platica, tal vez le gustaste.... Rorro!!
Sale, sobras!!

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