lunes, marzo 03, 2008

Septuagésimo quinto - Historias -

Saludos querido y teórico lector.

Ya es hora de actualizar este blog que ha andado muy solito últimamente. Como se está haciendo costumbre, se debía a que básicamente, no tenía ningún tema para escribir. Digo, una o dos cosas sucedieron en el trabajo, mi casa o algún lugar similar, pero nada seductor que pudiera relatar que te mantuviera más o menos interesado.
Afortunadamente, ya tengo tema. Digo, no es un tema muy explotable, pero pues al menos es algo diferente, aunque ciertamente similar a otro que ya expuse con anterioridad.

Pasemos pues al punto central de este post.

Con pedestre alegría y altanera necesidad te presento:

Teatro

Rómpete una pierna… como el goey del Arsenal.

Un día como hoy, pero ciertamente más parecido al día 19 de Febrero de 2008, vino a San Luis Potosí la obra te teatro Closer. Y siendo tan fan como soy de la película, no me quedó más remedio que asistir a verla. La presentación se llevaría a cabo en el - tal y como lo presume el gobierno del estado - “Majestuoso Teatro de la Paz”. A las 19:00 hrs.

Dejando esto en claro, llegué al teatro con más o menos 30 minutos de prelación. Mientras esperaba a la amable señorita que tuve el honor de acompañar, decidí sentarme en los escalones del teatro (una práctica muy común en San Luis Potosí, querido y teórico lector foráneo) y me puse a observar con curiosidad el comportamiento de los asistentes al teatro. Llegaban de todas partes, con celeridad pero con decisión a comprar sus respectivos boletos. Señoras más o menos maduras, señores más o menos viejos, todos ellos con el estereotipo de ser personas acomodadas afectas al teatro, más por considerarlo para gente “nice” que por su valor artístico. Algunos jóvenes con el típico aspecto desgarbado de estudiante de letras o filosofía, que de nueva cuenta, en lugar de ir al teatro por esparcimiento, van a buscar la relación existente entre la obra y la yuxtaposición de la filosofía kantiana emulada en la película.

Y ciertamente, algunas personas se veían muy normales. Señores, señoras, chavos, chavas que no caen en ningún estereotipo y que hasta parecía que solo iban - como yo - porque les gustó la película.

Y es que siendo sinceros, - al menos en San Luis - no puedes ir al teatro tan seguido como te gustaría. A diferencia de las luchas en el que siempre hay “precios populares” o en el cine, en el que el boleto te sale en $50.00 y tu lugar depende de la hora que llegues, el teatro es mucho más selectivo con quién va. Para comenzar, al ser un teatro tan grande e imponente, requiere mucho mantenimiento, por lo que el precio del boleto comienza a subir. Normalmente, las obras que se presentan, son obras con actores renombrados, haciendo que el precio del boleto suba exponencialmente. Y nunca hay dos por uno. Además, el boleto más económico te condena a permanecer kilométricamente lejos del escenario, por lo que si tu visión es mala, ya pasaste al departamento. Ergo, no puedes ir al teatro con $50.00. Mejor te vas al cine y te compras tu entrada y tu refresco.

Digo, claro que hay otros teatros un poco más “independientes” en los que se presentan obras también muy buenas pero con un precio mucho más asequible. Desafortunadamente querido y teórico lector, no son mayoría…

Pero regresemos al punto central de este post.

Ya que terminé mi inspección sociológica, estuve apreciando la plaza del Carmen. Es ciertamente una plaza muy bonita, llena de jardines pequeños, una fuente, una iglesia, un museo, y muchas, pero en serio, muchas palomas. Mientras que me preguntaba que se estarían preguntando las palomas, recibí un mensaje de celular completamente vacío y finalmente llegó la mencionada señorita.

Al acercarnos a la taquilla, vimos nuevamente de todo. Más señoras y señores con incontrolables deseos de presumir que adquirieron un boleto tan cerca del escenario que podían oler el sudor de los actores, taquilleras tan indiferentes que harían vomitar de envidia al más flojo de los burócratas, y claro como no, el clásico señor que compró dos boletos de los más costosos para ver la función con su esposa y dos minutos después de adquirirlos, le llama por teléfono la mencionada para decirle que no podrá asistir.

Llegamos a la taquilla y pedimos - por motivos que aun no comprendo del todo – boletos de los más económicos.

Al ver que solo faltaban 10 minutos para que comenzara la función, apuradamente corrimos a la entrada del teatro y con una zanganería épica de mi parte subimos todos y cada uno de los escalones que nos separaban de nuestros asientos. Con premura y por lo tanto con prisa, llegamos hasta nuestros respectivos lugares. Agobiado por la incalculable cantidad de escalones, me dejé caer pesadamente sobre la butaca y veo con sorpresa que el teatro es un poco demasiado más grande de lo que esperaba… de hecho, es bastante grande, puesto que estábamos considerablemente lejos del escenario. Digo, no se veían como hormigas ni nada parecido, pero sí estábamos un poquito lejos.

Al sentarnos, noté con cierta desconfianza, que no tenía espacio suficiente para maniobrar con mis piernas. Mis 1.85m me molestaron al no poder estirar las piernas adecuadamente, ya que el espacio existente entre la butaca y la bardita de protección era muy pequeño… al menos, para mi altura.

Antes de comenzar la función, una pareja llegó intempestivamente a sentarse en la misma butaca. Amablemente nos pidieron permiso y al no quedarme de otra, me levanté y los dejé pasar. Se sentaron, se acomodaron y entonces uno de los jóvenes (para mi desgracia, el chavo), tuvo la imperiosa necesidad de “ir al tocador”; como sutilmente se lo dijo a su fémina acompañante. Regresando sobre sus pasos, nos obligó de nueva cuenta a ponernos de pie.

Con puntualidad casi suiza, a las 19:00 hrs. Se nos anuncia la tercera llamada y se nos recuerda muy imperiosamente apagar el celular y que está explícitamente prohibido tomar fotografías o video de cualquier tipo. Así comenzó la función.

Primeramente, todas las luces se apagan, excepto claro, una juguetona luz azul que iluminaba el escenario. Tranquila, pero eficientemente, se va abriendo el telón y se deja ver una banca que simulaba una banca de hospital. Los actores comenzaron a hablar. En ese momento, llegó castrosamente el sujeto que había ido al tocador, con el clásico “Con permiso, perdón, gracias” repetidas más por instinto que por educación.

Pasaron muchos minutos y la obra proseguía. Tenía muchos momentos divertidos y cerca del final, la panacea de lo incorrecto, de lo patético y lo “naco” (perdón querido y teórico lector, pero no encuentro otra palabra que se adecue tan bien como naco) se mostró en toda su voluptuosidad cuando en la fila detrás de nosotros, sucedió algo así:

- ¡!!Riiiiiiiiinnnnnngggggg!!! ¡!!Riiiiiiinnnnnngggg!!!

PUTÍSIMA Y SE CASÓ DE BLANCO

No mamar… aquí también es como en el cine… me cae que no mamar. Todos hacen caso omiso de la instrucción primigenia “APAGUE SU CELULAR”. O sea, no jodas. Fue algo tan obsceno… Me cae que estoy rodeado de chimpancés.

Pero bueno igual y simplemente se le olvidó apagarlo. A cualquiera le puede suceder. O al menos eso me hubiera gustado creer, hasta que entonces…

- Es Toña. Márcale.

ASOPOOTAMADRE!

No hay mejor palabra para definir lo valemadrista del comentario. Dejando a un lado todas las reglas de cortesía, atención, empatía y hasta un poco de sentido común, la castrosísima señora, considera que es más educado NO contestarle a Toña, sino marcarle para que Toña no gaste saldo y lo peor, valiéndole un cuarto de madre todas las demás personas, decide comenzar con una conversación más o menos así:

Castrosísima señora - ¿Qué pasó?

Castrosísima señora - No, ¿Qué pasó?

Castrosísima señora… Sí, siempre sí venimos al teatro.

Castrosisima señora… Hey… hey.

Es como si todo lo que la voz en off dijo al principio de la función fuera inexorablemente cambiado por “Por favor, encienda su celular y no se olvide de hablar a media función con Toña”.

En ese momento, hasta sentí envidia de la cantidad tan abrumadora de indiferencia que mostró la señora. Hablando y hablando de trivialidades a media función, sin bajar ni medio decibel el tono de su castrosa voz. Riendo soezmente de lo que sea que Toña le haya dicho. Y aunque la obra seguía con apremio y sin inmutarse por el molesto vómito de lenguaje que salía por el tubo de ruido de la señora, esta proseguía.

Después de varios segundos de patearnos las bolas, y de que incontables personas comenzaran con el proverbial “Sh” “shhh” la señora como que agarró la onda y decidió colgar. Claro, no sin antes hacernos notar que se molestó mucho por nuestra “falta de educación” al estar callándola. Eso no se le hace a una dama.

Para esa clase de personas, en lugar de tener una atenta voz que resuene por todo el lugar, deberían de proyectar en una pantalla gigante algo como “APAGUE SU PUTO CELULAR O LO CASTRAREMOS CON UNA CUCHARA”. Y aunque algo así hacen en el cine, tampoco parece funcionar bien.

Sin nada tan interesante como para resumir aquí, sucedieron varios minutos. En ese momento, agradecí a las deidades el estar tan lejos del escenario. Una escena de desnudo… y no era precisamente una mujer la que se desnudaba… ¡Oh no! Era un hombre. Y eso, en efecto, no fue agradable. Así es querido y teórico lector. No se como le hizo Mariana Gajá para poder hablarle al chile al Bichir, porque en efecto querido y teórico lector, le dijo la neta.

La función terminó y el público ovacionó atentamente a los actores que tan buen trabajo hicieron. Salimos, bajamos todos los escalones que subimos y salimos del teatro, para ver con incredulidad que había mucha gente formada para ver la siguiente función… ciertamente esta vez, si se iba a llenar.

Aprovechando este post, voy a retomar uno de los temas que solía hacer: las críticas. Pero esta vez, no voy a criticar películas. Querido y teórico lector, esta vez, voy a criticar la obra de teatro “Closer”.

Para comenzar, debo decir que soy fan de la película. Me encantó, simplemente, me encantó. Hasta la compré en original (ciertamente algo muy extraño, querido y teórico lector). Por tal motivo, fui con imperiosa necesidad a ver la obra.

La obra está protagonizada por: Odiseo Bichir, Alejandra Barrios, Mariana Gajá y Bruno Bichir.

La obra, sencillamente, es buena. El guión es simplemente genial, el humor es un humor ácido, en ocasiones sarcástico. Los actores son muy buenos y hacen que la historia sea fluida. No obstante, la traducción me pareció pobre. En especial porque la obra tiene muchas (pero en serio, muchas) connotaciones sexuales, principalmente a “fornicar” y a los orgasmos femeninos. Y en lugar de hacer lo que el Marqués de Sade solía hacer en sus novelas y buscar eufemismos y sinónimos para sus obras (en la que es difícil encontrar palabras repetidas, aunque se refiera al mismo órgano una y otra vez) el traductor simplemente lo dejó como “coger”.

Frases como ¿Te la cogiste? ¿Te cogió? ¡Me la cogí! ¡Estuve cogiendo! Y ¿Te veniste? ¡Me vine! ¿Cuántas veces te veniste? Y similares, se repiten abrumadoramente toda la obra. Y siempre la misma palabra: Coger.

Habiendo tantas y tantas palabras que podían elegir: “joder”, “fornicar”, “follar”, “ponerle”, “cochar” (esa es de Cd. Mante), “hacer el amor” (LOL!), “culiar”, “fuckear” (esa me la acabo de inventar yo, pero… ¿a poco no está chida?).

Y para el orgasmo femenino… pues pudieron utilizar frases como: “¿Llegaste?” “¿Orgasmeaste”?, “¿Te corriste”? Y otras similares.

Dejando a un lado eso, pasemos a las actuaciones.

Ciertamente, son buenas. Excepto la de Mariana Gajá (que actúa como Alice). A mi parecer estuvo un poquito fingido. Es una buena actriz, pero no siento que haya estado al nivel de los demás actores. A diferencia de Alejandra Barros, que simplemente estuvo magnífica.

Desafortunadamente, al haber visto la película anteriormente, no podía dejar de compararlos con sus contrapartes americanas. Digo, Natalie Portman claramente nació para ese papel y no pude dejar de comparar a Mariana con ella. Y concluyentemente, Natalie la pateó brutalmente. De los hombres, pues… Clive Owen y Jude Law también estuvieron siendo comparados con los Bichir, pero afortunadamente, la actuación sobresaliente de ambos los niveló. Y Alejandra Barros… por alguna razón, siento que quedó mejor en el papel de Ana que la misma Julia Roberts.

La historia es en realidad muy simple. Un hombre común y corriente conoce a Alice, una chava muy liberal que solía trabajar como “teibolera” cuando la atropellan. De aquí nace una relación muy intensa, hasta que el chavo conoce a Ana, en una sesión fotográfica. Él se enamora de ella, y al no ser correspondido, decide jugarle una broma, en la que todo le sale mal y Ana conoce a alguien más con el que comienza una relación. Después de varios acontecimientos, las parejas cambian y hasta se puede decir que en un sentido abstracto, la hacen hasta de “swingers”.

Para finalizar… ciertamente valió el boleto. La obra es entretenida, los actores son buenos, hay un desnudo (igual y a alguna querida y teórica lectora puede interesarle) y si no han visto la película, se la pasarán extremadamente bien. Si ya la vieron, se la pasarán “bien”.

Y ya que estoy en eso de contar mis anécdotas, voy a relatar una que ciertamente me sorprendió. Y no precisamente porque no la esperaba, sino porque fue una experiencia que nunca antes había tenido. Casi me perturba lo que hubiera sucedido.

Pues pasó algo más o menos así:

El sábado pasado, fui a ver la película de Sweney Todd (A.K.A. “El barbero demoniaco de la calle Fleet”, película que recomiendo ampliamente por cierto, aunque sea un musical). Eran cerca de las 21:30 hrs. Cuando iba caminando singularmente, con ningún pensamiento en particular en mi mente, tarareando algunas de las tantas canciones de la película, cuando a lo lejos, veo un tipo tirado en la calle.

Delante de mí, caminaba un señor en chanclas y short que yo reconocí como un oficial de seguridad privada –vecino mío - que con parsimonioso paso que se acercaba también, al mencionado individuo.

Con indiferencia, el señor le dio la vuelta y siguió su camino, sin siquiera molestarse a ver al infeliz que estaba tirado.

Al acercarme al sujeto, veo con repulsión que se encontraba inconciente, encima de un líquido cuyo color no distinguí por la poca luz que en la calle había. Al notar tan patética escena, vinieron a mi mente escenarios tan variados como el tipo desmayándose por la cantidad tan brutal de alcohol en su sangre; o el tipo perdiendo el equilibrio por la misma razón y eligiendo dormir en ese lugar. Digo, no sería la primera vez que sucediera algo así en la colonia.

Seguí avanzando a mi casa cuando intempestivamente noté algo que me perturbó… no olía a alcohol. No es que esperaba que me llegara el aroma de cien botellas de tequila fermentadas, pero al menos esperaba notar el aroma característico del mezcal o algo así a lo lejos. Sin darle más importancia, rodeé al infortunado sujeto y llegué a mi casa algunos minutos después.

Sin saber porque, imagino que quería hacer una broma ácida o algo así, le comunico a mi familia que hay un hombre tirado en el estacionamiento y que parece estar completamente ebrio, ya que hasta su botella de licor terminó tirando en el suelo. No obstante, también hice el comentario de “Pero lo extraño es que no huele a nada”.

Mi padre, impulsado por una curiosidad casi morbosa, me pidió que le indicara el lugar de los hechos; con una flojera tan grande como la que más, salimos de la casa y lo llevé al lugar. El individuo seguía tirado. Mi padre, como notando algo extraño (que yo atribuyo a que no olía a alcohol), decidió darle la vuelta al tipo. Al voltearlo, veo con sorpresa, que el tipo tenía -por lo menos – tres heridas graves en el cráneo. El líquido que yo asumí que era licor, en realidad era sangre que emanó a cantidades considerables de la cabeza del subyugado miserable. El mencionado, aunque sangrando profusamente, estaba medianamente conciente y tuvo la fortuna de que mi padre lo reconociera y de que sabía donde vivía.

Mi progenitor me pidió que lo ayudara a levantarlo y entre los dos fuimos a llevarlo a su casa. El padre del en ese momento desangrado tipo se deshacía en gracias y bendiciones para mi persona. Según él, si no hubiera pasado por ahí, su hijo se hubiera desangrado hasta la muerte.

Es esto lo que me perturba en demasía.

Digo, no soy un héroe. Yo accidentalmente mencioné (debo aceptarlo, más con ímpetu de ofender y molestar que con el de ayudar o siquiera comentar) que el sujeto estaba en la acera. Nunca tuve el pensamiento de ayudarlo. Si hubo un héroe aquí fue mi padre. El tuvo las ganas, la curiosidad y la bondad de llevar al sujeto a su casa.

En cambio, si yo no lo hubiera mencionado, tal vez el tipo estuviera muerto ahora. Y ahí, por alguna razón, sí hubiera sentido que fue mi culpa. Me hubiera culpado a mi mismo por dejar que el tipo muriera desangrado lentamente. Digo, creo que por mi omisión me hubiera ganado el infierno. Lo bueno es que no creo en ese interesante lugar. Con todo, me hubiera quedado con esa sensación de que pude hacer algo.

Afortunadamente, todo salió bien.

Aun nadie sabe la razón de quién golpeó al tipo y por qué. Lo único que se es que todas estas cosas, son señales. Señales de que Maussan tiene razón y el mundo se va a acabar en el 2012. Hay que estar preparados.

P.S. Para el querido y teórico lector despistado… ese último párrafo, fue sarcasmo. Excepto la parte de que no se quién golpeó al tipo y por qué. O_o


Y para variar, voy a escribir un tercer post. Así es querido y teórico lector. En esta ocasión, voy como no, a postear tres por uno. Hasta parezco Costco o alguna tienda departamental similar.

Para completar esta entrada, voy a presentarte, querido y teórico lector:

Titulación
Firma aquí… ingeniero

PSA’huevo.

Después de considerables aventuras, mucho tiempo, y aun más papeleo finalmente soy todo un Ingeniero en Mecatrónica titulado.

Y ahora que soy todo un ingeniero, tengo otra visión de las cosas. El aire tiene un aroma diferente, me siento más alto y siento que tengo una enorme responsabilidad con la sociedad. Eso es lo que diría si el aire tuviera un aroma diferente, si me sitiera más alto o si sintiera que tengo una enorme responsabilidad con la sociedad.

Pero no. No me siento diferente a antes de ser ingeniero. No me siento diferente a ser solo un pasante o un estudiante. Me siento de la misma manera. Tal vez con un poco más de sueño, pero eso fue porque me desvelé viendo una de esas películas que salen en The Film Zone alrededor de la media noche. Pero nada más. No soy la egocéntrica criatura que muchos apostaron que me convertiría en cuanto me titulara. Tampoco soy esa persona que finge con hipocresía que el título no importa. Claro que me importa. Ya soy un ingeniero. Y en efecto lo digo con gusto: soy el primer ingeniero en mecatrónica titulado del Instituto Tecnológico de San Luis Potosí.

Y aunque a muchos no les guste y a otros no les importe, siempre lo seré.

Tal vez en alguna acta aparezca ese dato, tal vez no. Pero al menos se que es cierto.

Mi ceremonia de titulación fue ciertamente emotiva, pero no por eso menos entretenida al querido y teórico lector. Y eso es lo que voy a relatar.

Primeramente, voy a numerar a los sinodales que me hicieron el favor de estar presentes en la ceremonia protocolaria:

Como presidenta, la Maestra Rebeca. Ella sin duda fue la maestra que más me ayudó durante toda la carrera. Y eso que únicamente me impartió una materia.

Como secretaria: La Maestra Villalpando. Una de las muy pocas personas en el ITSLP que sabe y disfruta hacer su trabajo.

Como Vocal Titular: El ing. Ponce. AKA: el muerto. Pero por alguna razón que desconozco, pusieron a la Maestra Elizabeth como vocal y al muerto como vocal suplente.

Vocal Suplente: Ing. Elizabeth. Por alguna razón cambiaron de posiciones… hasta eso no fue algo tan malo.

Comenzaré diciendo que llegamos al lugar adecuado (mis familiares y yo) como unos 20 minutos antes del evento. Asistiendo estaban: Mis padres, mi hermano, dos de mis innumerables tías, Marcel y Rosalba. (A quienes agradezco el haber estado presentes en mi titulación).

Los minutos pasaban angustiantemente y ninguno de mis sinodales llegaba. Si no estaban al menos tres de ellos, pasaría automáticamente al departamento de pelaciones a realizarme a mi mismo la más sonora y remembrada pelada de todos los tiempos.

Afortunadamente, faltando 10 minutos para la ceremonia, la Mtra. Villalpando llegó, nos saludó y comenzó eficientemente con los preparativos que su puesto demandaba. Posteriormente, llegó la maestra Rebeca. A continuación la ing. Elizabeth.

Todos ellos con algunos minutos de ventaja antes de las 09:00 hrs. La hora elegida para titularme. Afortunadamente, ya tenía a los tres sinodales necesarios para la titulación. Algunos minutos pasaron y los preparativos todavía no estaban listos. En eso, veo llegar a lo lejos, el mítico VolksWagen verde que el Muerto utiliza como transporte. El último acababa de llegar.

Algo curioso es que la elección del muerto como mi sinodal fue sin meditarlo. Necesitaba poner a alguien más y salió su nombre de mi esófago tan inconscientemente como un ronquido mientras duermes. No tengo idea de por qué lo elegí. Únicamente nos dio una materia: Electricidad y Magnetismo. Y eso fue en tercer semestre. Ya no lo volví a ver después. Simplemente se me ordenó elegir rápidamente a un profesor que me gustaría que estuviera como sinodal. A uno que representara a los mejores de todos mis profesores. Y pues… ciertamente no fue un mal profesor. Aprendí bastante de él.

Pero pasemos a lo que nos importa. La ceremonia de titulación.

Comenzaré diciendo que los profesores que elegí son de áreas tan dispares que ni siquiera se conocían.

La maestra Rebeca era de Ciencias Básicas, pero posteriormente se convirtió exitosamente en la coordinadora de Ing. mecánica. La maestra Elizabeth es la jefa del laboratorio de Ing. Electrónica y la única maestra que imparte la materia de robótica. La mtra. Villalpando es la más temida profesora de todas las licenciaturas. Y el muerto es un profesor que únicamente se dedica a impartir Electricidad y Magnetismo a electrónica y mecatrónica.

Entonces, al no conocerse, sucedieron cosas como estas:

Mtra. Rebeca: - Bueno, estamos aquí para celebrar el protocolo de titulación de Teh Dib. Como vocal suplente tenemos al ingeniero…

Todos - …

Mtra. Rebeca: - …

El muerto reaccionando - … Jorge XXXX

Mtra. Rebeca- … como vocal titular a la ingeniera…

Mtra. Rebeca - … …

Mtra. Elizabeth, reaccionando: - Elizabeth XXXX.

Mtra. Rebeca - … Y como secretaria, a la licenciada… …

Mtra. Villalpando- … XXXX Villalpando

A continuación, se me explicó claramente lo que debía hacer en el protocolo. Leer claramente el código de ética que me proporcionarían y luego firmarlo. Comencé a leer y al terminar, se me proporcionó una pluma fuente (muy bonita por cierto) para que firmara.

Ulteriormente, la protesta. La secretaria del presídium leería en voz alta una protesta en la que debía contestar afirmativamente. Fue algo más o menos así:

Mtra. Villalpando: - ¿Protestas…

de ahora en adelante?

Teh Dib (levantando la mano) (Sabes que sí. PSA’huevo) ¡Sí, protesto!

Luego sucedieron una serie de cosas en las que todos firmaron algunas hojas y se me entregó una carpeta conteniendo algunas actas, ninguna particularmente importante.

La presidenta me dio la mano y me confirmó que a partir de ese momento, ya era un ingeniero en mecatrónica.

Después, siguió la parte de los mensajes que los sinodales me dirigieron. Luego, la parte en la que yo decía algo y luego la parte en la que algún familiar decía algo. Por respeto a todo lo que se dijo y lo que no, eso no lo pondré aquí.

Posteriormente siguió la parte en la que todos me abrazaban y yo los abrazaba.

Al finalizar, pasé con la licenciada encargada de las titulaciones y me confirmó que debía esperar entre seis y doce meses para recibir mi título. Eso en efecto, es una mamada.

Pero claro, como no, no podía faltar la fiesta posterior a la titulación. Contrario a todo lo que les pedí expresamente a mis padres, actuaron como si fueran sordos a mis peticiones y lloriqueos y organizaron una pequeña “parrillada” fuera de mi casa. La primera parrillada que hayan organizado mis padres desde que tengo memoria.

Por motivos laborales (o sea, que si no iba, me quedaba sin chamba), tuve que ausentarme algunas horas de la fiesta, por lo que cuando llegué, ya todos habían comido y estaban animadamente platicando entre ellos.

Invitados estaban, mis vecinos de enfrente (con su potable hija, por supuesto), y el resto de mis vecinos, algunas tías, algun@s prim@s y algunos amigos (con todo y su padres, PSA’huevo). Al llegar, y sentarme a comer, me doy cuenta de lo peligroso que es dejar a mi padre hablando con varias personas habiendo bebidas alcohólicas de por medio. Él no se pone violento, pero comienza a ser un poquito más “amigable” de lo que es. Hace bromas - más soeces que de costumbre, por cierto - habla con menos propiedad de la que es habitual y tiene la horrible tendencia a presumir de sus hijos mientras realiza todo lo anterior.

- Al fin se tituló. Me salió muy bueno, muy centrado. Muy listo

Decía orgullosamente al calor de las cervezas refiriéndose a mí.

- Es muy noble, muy trabajador. Siempre anda chambeando.

Balbuceaba cada vez menos perceptiblemente para mencionar a mi hermano y presumirlo a los vecinos.

Ofreciendo inmisericordemente alcohol a menores de edad para que “entren en ambiente”, utilizando a los invitados como meseros u ofendiendo sutil y graciosamente a los demás, era en efecto nada agradable, al menos para mí, ya que el que cargará el estigma de todo eso seré yo.

Ya saben como son esas reuniones. Primero, todos hablando de temas completamente ajenos a cualquier cosa civilizada. Hablando de plantas desérticas, de conocidos que tuvieron problemas con algunos pandilleros. Después de algunas cervezas más, comienzan a preguntar con curiosidad morbosa el trabajo tan poco ortodoxo que tiene mi hermano. Él trabaja en una funeraria. Así que los invitados le preguntan fingiendo inocencia, los pormenores de sus aventuras y siempre preguntando lo mismo:

Vecino genérico número 2 - ¿Y no te da miedo?

Mi hermano, ya aburrido de la misma pregunta, no le queda más que contestar con un amable y seco… No.

Después se pasan a las pláticas de fenómenos sobrenaturales.

Mi padre toma la dirección de la conversación platicando de todas esas leyendas que se cuentan entre los taxistas… ya saben, la mítica “Dama enlutada” y sus imaginativas versiones. Así se la pasan varios minutos hasta que algún otro vecino decide que él también leyó alguna vez el libro de leyendas potosinas o siguió con atención la conferencia que Carlos Trejo vino a ofrecer a SLP y también pone su granito de arena contando su versión de otra historia también conocida por todos, pero, según él, si la vivió personalmente.

Al avanzar el paso del tiempo, y quedando menos vecinos, pero cada vez más ebrios, el animado sujeto se la pasa hablando de lo loable que es que lográramos titularnos, ya que es una carrera difícil, y él sabe lo difícil que es titularse, ya que el es Lic. En comunicaciones y su hermano es Ing. en sistemas y también a ellos les costó sangre, sudor, lágrimas y claro como no, muchos huevos el titularse. Así que el desorientado individuo se desvive en halagos, no solo para los titulados, sino también para los padres de los titulados.

La reunión sigue. Los invitados cada vez son menos, al igual que el tequila y las cervezas. El ambiente disminuyó y se redujo a una plática simple, sin más pretensiones que el pasar el tiempo.

Para terminar definitivamente este post, quiero agradecer a Marcel y a Rosalba por estar presentes en mi titulación. Quiero felicitar a Marcel y a Carlito por haberse titulado posteriormente ese día como Ing. Mecatrónicos. También quiero felicitar a las otras 10 personas que se graduaron de Ing. Mecatrónica el mismo día. Échenle ganas para que pronto sean ingenieros.

También quiero pedir una disculpa a Liliana y a Carlos por no asistir a su graduación, pero mis motivos tenía (o tal vez solo no quise ir), como sea, les pido una disculpa.

Por cierto, muchas personas me estuvieron castrando para que fuera a la graduación. Les agradezco su preocupación y se que lo hicieron tratando de que fuera una buena acción. Pero tuve mis razones para no asistir. Unas muy personales, ególatras y si quieren hasta ignominiosas y fatuas. Pero eran mis razones.

Querido y teórico lector, tu puedes pensar que no asistí porque no tenía un traje que ponerme, o porque tenía uno de esos ataques de diarrea explosiva o porque a la hora de la graduación se estaba llevando a cabo mi operación para cambiar de sexo. Me da lo mismo. Aunque después de mucho pensarlo, decidí que ciertamente es muy egoísta de mi parte conservar en secreto mis motivos; por tal razón, me siento obligado a postearlos aquí, utilizando el anonimato como escudo.

Pero pensándolo bien, no tengo porque explicarle nada a nadie. No quise ir porque una abeja pasó, la molesté, me picó y se me hincharon los huevos. ¿Cómo ves?

Ya para terminar, me despido con una frase sacada de una canción de molotov:

Si alguna vez te herí… fue sin quererte.

10 Personas con IQ alto han comentado:

Himura dijo...

Felicitaciones en menos de 5 años ya eres ING la neta que fregon.
Y si lo que mencionaste del teatro si te hace falta salir mas seguido pero eso pasa siempre en el teatro es muy castrante pero siempre no falta aquella señora valemadrista que esta platicando por cel a media funcion muy castrante pero siempre pasa al igual que en el cine bueno te mando un saludo
y de nuevo Felicidades

dio dijo...

ingeniero muchas felicidades en horabuena, sinmas que comentar por aqui andamos todavia dando vuelatas al camino saludos

Elia Martínez-Rodarte dijo...

saludos...¡que largote post!

AnaVitch dijo...

Orale! No habías escrito, pero te desquitaste! jajaja

La de sweeney todd también la recomiendo, vi que en tu profile tienes las mismas peliculas que a mi me gustan =)

Y a mi también como me caga esa gente.

:::

Un día iré a tu casa, (si, así sin invitación)y te obligaré a escuchar canciones de luis miguel. Parte de tu formación como ingeniero. Jaja, eso que...

Anónimo dijo...

Colega:

Me faltó leer la titulación... pero ya está guardada en la memoria... luego subo el comentario...agradezco que hayas incluido frases como: cochar, PSA´huevo, vecina potable, cervezas, titulación, cassstrosso(a), inche señora que no dejaba oir la función(bueno, al menos sino lo dijiste o lo mencionaste, lo pensaste)... en fin, de lo que alcancé a leer... ruleó!!!

Felicidades y éxito... ah y cuando estés estudiando tu maestría en el espacio exterior y volar como lo hace spider-man... recuerda una cosa: un cadillo en las bolas no tiene madre!!!

Saludos y en hora feliz!!!

José Luis dijo...

Eso que dices del teatro pasa en San Luis, y en todo México.

Apuesto por lo que dices: mucha nacada, o gente "nice" (se autoetiqutan) acuden al teatro para agregar esa faceta en su currículo, sin ninguna otra prtención que esa, y... ¡Zaz! van y hacen sus "castradas" con inumerables "Toñas".

Me divertiste amigo, buen post.

Buena salud a todos.

Saludos desde Monterrey.

CHOCOLATITO dijo...

Primero, muchas felicidades por obtener tu grado de ingeniero, se dice fácil pero la neta no lo es.

Gracias por pasar a mi pagina, eres bienvenido cuantas veces quieras. me da gusto que mas gente de san luis este bloggeando.

Saludos.

Rosalba dijo...

Muchas felicidades INGENIERO!!! Acuérdate siempre de todo lo que te dijeron tus sinodales.

La verdad la titulación estuvo genial ¡_¡

Saludos...

Anónimo dijo...

genio???????????????????????????????


y quien te dijo q eras genio¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Dib dijo...

Tu mamá.

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